jueves, julio 13, 2006

REFLEXIÓN

Relato breve por Carlos Eduardo Vásquez.


Frente a ella estaba una niña-mujer, aterida de frío, descalza y cubierta con un vestido desgastado cuyo largo rozaba la frontera de la desnudez. El hambre bailaba en sus costillas.

Sintió una profunda pena y quiso hacer algo por la niña-mujer.

¡Gran sorpresa...! cuando estiró la mano para buscar la de la niña-mujer, el reflejo de la vidriera también estiró la suya.

2 comentarios:

Carlos Andrés dijo...

espejito, espejito!

Anónimo dijo...

los espejos son mas crueles que los niños.