domingo, abril 30, 2006

Simplemente, Simple.. (Escrito Cotidiano)

Este es el “aniversario” del primer mes de “Escritos Cotidianos” y que mejor manera de celebrarlo que confesando que, en este momento, no se me ocurre la más mínima idea para escribir. Sin embargo, las cotidianidades se componen de eso. Cosas simples como el trozo de carne que acabo de comer con tantas ganas. La plata de la señora que plancha. La fiesta de quince a la que fueron mis hijos. La ropa sucia que no saco al patio por que está lloviendo. La ruana mexicana que me pongo sobre la pijama y me da un aire ridículo pero satisfecho. La roncha que me pica en la espalda. La charla literaria que se quedó a la mitad esta tarde. La pereza matutina que presiento para la mañana del domingo. El bendito reloj azul que no he podido insertar en este blog. La música popular que gracias a Dios, dejó de sonar hace un momento en el patio del vecino. La rabia que me dio el gordo ese que se recostaba en cada curva del colectivo. Los quince días que llevo sin ver las noticias. La risa que me da estar escribiendo sobre estas simplezas...

Ah, y el suspiro cuando pienso que “ya está”, otro escrito cotidiano que sale del horno sin prestarle demasiada atención.

- Carlos Vásquez -

domingo, abril 23, 2006

Momentos que No Deberían Terminar

Siempre he sido un hombre triste. Quizás, por eso, las grandes aguas me producen nostalgia.

Son las ocho de la mañana, acabo de llegar y estoy al borde de la represa. La recorro de sur a norte por el malecón. Atrás van quedando las barcas en espera de turistas, un par de borrachos trasnochados y el puesto de policía.

Busco un sitio solitario junto a un pino candelabro. Me propongo disfrutar del día que recién comienza.

La tormenta de anoche dejó rizos sobre la piel del agua. Un sol tímido besa el prado y yo pienso en Dios. La brisa es suave y fría. La vista de las montañas que se esfuman dejando un color de humo en el horizonte me transforma en un animal dulce. Huelo la vida y respiro con mi mente desde la profundidad del agua.

Sin proponérmelo, desde la entraña de mi alma se abre paso una plegaria. ¿Cómo ordenar frases que hablen del regalo de mi Padre esta mañana? Mis ojos se humedecen y se acaban las palabras... No hay nadie alrededor y empiezo a cantar... Al principio con la timidez del colegial frente a la inminencia de su primer beso, pero después, con la fuerza del soldado que vuelve de la batalla.

La realidad me llega de pronto, tengo cosas por hacer y me levanto en victoria...

Al menos por esta vez, le he quebrado el cuello a la tristeza.


- Carlos Eduardo Vásquez -

lunes, abril 17, 2006

Venganza Caniche


Mi hermana y su novio están hechos uno para el otro. Lo entendí después de una escena enternecedora que me tocó observar. Las cosas sucedieron así:

Fui con ellos al parque. Llevábamos de paseo a su French Poodle. El perro jugó y corrió como un prisionero recién liberado. Otros perros se acercaron a correr junto al caniche y juntos eran la “instantánea” perfecta de la armonía.

De repente, un enemigo apareció por un costado del parque: un hombre con una “pastor alemán”. Mi hermana y su novio, le dedicaron una mirada de odio. Me explicaron que el tipo era arrogante e insufrible. Luego me contaron que la perra tenía prohibido juntarse con el perro de ellos por orden de su dueño. Cada vez que la perrita se acercaba al poodle de mi hermana, su amo le gritaba: “¡Con ese perro, no!”.

Pensé que las cosas se quedarían así. Pero la venganza de ellos llegó después: mi hermana le pidió a su novio jugar con el perro. El juego los llevó al lado de la “Pastor Alemán” el perro olfateó a la perra del vecino y quiso acercarse. En ese momento, el novio de mi hermana, frunció el ceño, se cuadró marcialmente, y le gritó al animalito “¡Venga Rudolf, con ese perro no!”.

Momentos de tensión... no hubo respuesta del vecino, no hubo reacción de la perra y mi hermana no se movió de su sitio.

Conclusión, el novio de mi hermana sonreía satisfecho por el honor recién recuperado del cachorro, mi hermana miraba con evidente admiración el heroísmo justiciero de su novio, y yo... bueno, yo me reía de la situación y pensaba que ese par se debían querer mucho para encontrar así de fácil un enemigo común que los alejara de sus propias discrepancias.

Hay cosas que nunca cambian. Hoy igual que ayer, los enamorados siguen utilizando esta vieja táctica de distracción.


- Carlos Vásquez -

Una cancion, para ti, para...

Intro
Noche de bar: cervezas y canciones. Al entrar, la mesera me ofrece una sonrisa, acompañada de la carta de Licores, y la de Videos (Imagen a la carta, recuerdos bajo pedido). Un rincon me llama. Pronto pertenezco a este bar y él pertenece a mí. Me fusiono con sus esquinas, con sus canciones. Soy el bar, una canción, tal vez varias. Soy -mejor- un álbum: fragmentos de canciones con sus respectivos video-clips; historias super-puestas, de-puestas y contra-puestas. O quizá sólo una: la de un aficionado a la música deseando que la música se aficione a mí.

Media hora luego, acude la esperada canción, ésa que ordené junto a mi cerveza ante la presencia sonriente de la mesera. Mi canción también es la favorita de varios asistentes al lugar. Empieza, con ella, a re-crearse el mundo desde la memoria en clave de los Guns. Existo diferente en la vida, de la cual esta canción es ya mi banda sonora. Decidí, en medio de la noche y las risas, pensar las canciones.

Theme
Supe que una de las razones por las cuales la poesía ya no es el más popular canal de sentimientos entre la gente, es, de seguro, el auge de la canción comercial. Sin ella, cuántas relaciones no habrían existido, y cuántos de nosotros tampoco. Basta escuchar las melodramáticas palabras dedicadas entre los amantes y los ex-amantes en los programas radiales. Porque, está claro, la música suena a radio. En muchas ocasiones fue la empleada de nuestra casa de infancia, y su particular "chicarra" (de marca Sanyo, Panasonic o Toshiba), quien nos enseñó la apreciación musical básica. Las primeras notas de nuestro recuerdo suenan al radio de la cocina. Si nos gusta o no el vallenato, la balada, la ranchera o la guasca, tiene bastante que ver con ella.

Pre-Chorus
En mi ejercicio de pensar en esas canciones de infancia, vinieron a mí muchos versos resonantes:

"Tarde o temprano / Algún sueño se cumple / Y pasan los días / Sin que el cielo se nuble..."

"Morir de amor / Y no morirme solo en desamor..."

"Ahora que te busco y tú no estás, recuerdo / Y sólo la tristeza quiere hablar, conmigo..."

"Dueño de ti, dueño de qué, dueño de nada..."

"Adiós chico de mi barrio / Adónde de prisa vas así / Pasas en bicicleta / Y no te puedo alcanzar"

"No por favor / No dudes más de mí / No por favor / No tientes al amor "

"Sin embargo esperaba que te quedaras, pero el agua hay que dejarla correr / Mientras yo me tragaba palabras que no pude decir / Y si el viento hoy sopla a tu favor / Yo no te guardaré recor, oh... / Claro que sé perder / No será la primera vez / Hoy te vas tú mañana me iré yo..."

Chorus
Sí. Vinieron muchos versos, preludios, "crescendos", coros, inflexiones... pero pocos títulos. Me enteré de cuán difícil es recordar el títullo de una canción. Lo impactante es, por lo general, un pedacito, que repetimos con insistencia, y ante el cual pedimos a nuestros amigos del bar lo más selecto de su atención. Pareciera que ese fragmento fue escrito especialmente para nosotros (Puede que hayas nacido en la cara buena del mundo / Yo nací en la cara mala / Llevo la marca, del lado oscuro...)

Sin embargo, cuando vamos a referirle la canción a un amigo, ese verso en especial, se nos olvida, se vuelve ajeno a nosotros, y debemos tomar impulso desde una estrofa cercana o desde un coro para llegar a ese que tanto queremos recordar.

Ending
A veces, la repercusión de esas pocas palabras son convertidas en verdaderos rituales masoquistas: Cuando estamos despechados todas las canciones nos salen. Y nos gusta repetirla muchas veces. Respiramos por la herida, cantamos Por Ella, Con Ella y En Ella.

Coda
Suena otra de mis favoritas. En realidad es la última, pues la cuenta que no pedí ya descansa en la mesa. Sin sentirlo, he recorrido toda una geografía, cuyos relieves son acústicos, eléctricos y electrónicos. He ido y vuelto a mi adolescencia. Recordé algunos besos de tarde lluviosa, ejercicios de matemáticas sin terminar, últimas hojas de cuaderno colegial plagadas de mensajes cursis... Es hora de volver a casa. Seguiré pensando en las canciones.




*Carlos Andrés*

miércoles, abril 12, 2006

Ni Pollo ni Enojo. Tips para que no se deje pillar

El señor Antipático ha elegido el rincón izquierdo del vagón para transportar su humanidad hacia el sur de la ciudad. Él y yo compartimos, sin que fuera nuestra intención manifiesta, el mismo espacio. Para evitar su cara adusta, elegí el extremo contrario. Voy a la derecha.

El Metro luce distinto los martes por la noche. Se ve menos gente. Llegamos a la siguiente estación. Algo ilumina el rostro del Antipático, parece ser un amigo. Una presencia robusta se sienta a su lado. No quisiera oírles, pero mi iPod se ha descargado, así que -en ausencia de música- tendré que acompañarme un poco de sus palabras.

Creo comprender pronto la amargura de Antipático. Le explica a Robusto que está peliado con la mujer. Ella se enteró de una relación oculta que sostiene con una jovencita. Terminado el relato de los hechos, le suelta a su amigo los siguientes tips.

“Para que no lo pillen –dijo- no llegue bravo todos los días. De una sospechan. En el celular, ponga el nombre de ella con nombre y apellido, nada de diminutivos ni alias. Tampoco se le ocurra hablar entrecortado cuando ella llama. El teléfono de la casa no es recomendable, alguien puede escuchar. Para rumbiar, es bueno Sabaneta; si se encuentra a alguien conocido, ni se preocupe, que de seguro va en el mismo plan. Pero lo más importante: no lleve pollo; por un pollo asado fue que me cogieron a mí”.

Ya sabe pues.

*Carlos Andrés*

El Baño (primera parte)

“No queda un espacio para la duda: usted no se ha bañado. Quién sabe desde cuándo”, enfaticé mentalmente mientras observaba a la señora de la otra fila en el banco. El día acaba de iniciar, pero ya hay demasiada gente aquí. Es definitivo: en los bancos, tanto como en los aviones, los teatros y los estadios, se mantiene la misma división de clases sociales. Filas diferentes para los de libreta, los de tarjeta, los de retirar, y los de consultar. Para los clientes preferenciales no se tienen ventanillas, ellos son atendidos directamente por el administrador de la sede. Otros, que acumulan más dinero que muchos de nosotros juntos, ni siquiera pasan por aquí personalmente.

En fin. No sé por qué pienso tantas cosas mientras participo de una fila. Una voz chillona interrumpe mis reflexiones, es la señora que no se baña. Su procesión es retirar dinero con libreta. La niña de la ventanilla parece indicarle un error en el formato de consignación. Insisto mentalmente: si no se baña no va a poder hacer nada bien.

Pronto será mi turno en la ventanilla. Mientras, recuerdo mi baño de todos los días, antes de las seis de la mañana con agua fría. Bañarse es rejuvenecer. Salir a la calle sin haber rejuvenecido no es un atentado contra la salud tanto como contra la psicología; nuestra personalidad se ve diezmada, decimos las cosas con menos convicción. Le debemos un homenaje al ritual del baño.

Muchos remedios caseros pasan por el alivio de un baño, usualmente tibio, acompañado de algunas sales, hiervas o paños. Pero no sólo la salud acude a él; la diversión también lo presencia. Pensemos en la piscina, la pileta, el tobogán, el charco, el mar… Estar allí es sumergirse, untarse, flotar, dejarse absorber, abandonarse. Y reír. Por esto también nos damos baños de sol (o de popularidad).

Si por algo “uno no se baña dos meses en el mismo río”, es porque el baño es movimiento. Uno se mueve en él, y él se mueve en uno. Las olas elevan nuestro cuerpo, las corrientes del río nos arrastran, la espuma de la bañera nos supera. La farándula funciona parecido: un cuerpo es bañado en las miradas, los comentarios. Quien gusta de “faranduliar”, siente el mismo alivio y la misma diversión de quien toma un baño.

Corregido el error, la señora sale. A los pocos minutos soy yo quien abandona el banco. De camino a mi oficina, intento el ejercicio de pensar que sólo hay dos grupos sociales, los que nos bañamos y los que no. En el Parque, una paloma sale de la fuente, sacude su húmeda cabeza, y vuela hacia un techo: le espera un día soleado.




*Carlos Andrés*

martes, abril 11, 2006

American Dream

Fila interminable para entrar. El sol de clima frío comienza a freír las mejillas lentamente. Estamos anclados junto a la reja negra. La voz de la guardiana dispara comandos a nuestros oídos expectantes cada cinco minutos.

Fila infame para entregar los documentos, y la mejor de las sonrisas a la funcionaria de la ventanilla número cuatro. Espera humillante para la toma de huellas…una por cada índice. Finalmente, la espera… tres horas sentados en sillas de hierro con fondo de parrilla de asadero barato. Último llamado, los sueños se despiertan y el pulso se eleva.

Un hombre pregunta desde la opacidad verde de un cristal de seguridad.

-¿Qué hace usted, señor?- la voz del hombre es confusa.
- Soy profesor universitario
-¿Profesor de qué? – pregunta de nuevo el funcionario.
- Negociación, Mercadeo, Comunicación… Inglés... (Esa fue fácil… ¿qué sigue?)

Un simple “Su visa ha sido aprobada” seguida de una seña al de atrás para que se acerque y todo ha terminado.

Última fila. Informar la dirección para el envío del pasaporte. Esta fila me deshermana de los otros. Hace un rato nos mirábamos angustiados, cubiertos por la misma incertidumbre de no conseguir la visa, ahora los ojos de los otros se nublan de envidia mientras su duda interior permanece: ¿será que me la dan a mí también?

Mientras tomo el taxi, me doy cuenta que solo soy otro más… y también, otro menos.

- Carlos Eduardo -

Itinerarios de Cocina: la Jarra al Vacío

La cocina imparte la dinámica de una casa, y de un planeta Tierra. La lógica de las zonas horarias de un día (mañana, mediodía y noche) surgen en la cocina a manera de desayuno, almuerzo y cena.

Tal orden, ese a-diario, se ve obstaculizado por algunos insucesos cuyo encuentro siempre nos parecerá desagradable: Piénsese en el cuchillo sin filo, el frasco que acaba de perder la tapa, la ausencia inesperada de un trapo -mojado o seco- desobediente a la urgencia, la llave de agua en su concierto de goteras, el pote de sal extraviado... O en el paño del jabón lavaplatos, escaso a nuestra desesperada percepción, y que se esconde justo en el fondo del pozo bajo todos los platos sucios; acaecimiento especialmente árido cuando ningún plato o taza está disponible.

Adicional a todos estos insucesos, uno especialmente terribles es, sin duda, la Jarra Vacía en la nevera. En medio de la mañana, o en la tarde, será frecuente escuchar una voz desesperada clamando: "¿Quién fue el último que tomó jugo y volvió a guardar la jarra vacía?".

Tragedia en dos actos.

Primero: Alguno de casa satisfizo su sed gracias al líquido encerrado en la jarra, se percata de la ausencia de contenido en el recipiente, lo guarda nuevamente en el refrigerador a fin de liberarse de la prescrita lavada.

Segundo: Alguien, también sediento, abre la nevera con la esperanza de encontrar algo frío; la luz del frigorífico esculpe la silueta de la jarra, promesa de frescura; la alcanza, y siente cómo se desvanece la ilusión: cero líquido en la jarra. Horror y desespero. Grito al vacío.

Se dice que los seres humanos tememos al limbo, a lo inhabitado, al vacío. La Jarra lo confirma.




*Carlos Andrés*

domingo, abril 09, 2006

Lugar-es

Empecemos por el principio: Un lugar no es un espacio. Es más que él. El lugar pasa por el espacio físico, expresado en metros cuadrados, condiciones de luz y aire, ubicación geográfca, pero lo supera; el lugar es espacialidad. E historia.

Un espacio deja de serlo cuando es simbolizado, representado, habitado por lo humano. Muchos lugares, de hecho, no precisan del espacio. Existen, por ejemplo, en la literatura. Pienso por un momento en el cuento de Borges, El Jardín de los Senderos que se Bifurcan, donde existe un laberito-libro.

Comienzo pues mi inventario de lugares, que no de espacios, en la ciudad de Medellín:

Parque Suramericana

Tranquilidad, frescura. No se necesita una gran escultura para construir un parque, con una buena vegetación es suficiente. Y en este caso sí que lo es.


Mirador de El Tesoro

Me recuerda a Rodrigo y Susana, los personajes de la novela de Abad Faciolince, Framentos de Amor Furtivo, quienes en las lomas de El Poblado, se refugian de la peste, pero no la miran. Desde allá se ve toda Medellín, allá abajo.


Paraninfo Universidad de Antioquia

La historia se mimetiza a manera de oásis. Nadie pensaría, estando adentro, que por un costado se encuentra el tráfico de la calle Ayacucho. Libros, música, martes, café, cine. No se necesita más.


Facultad de Minas, Universidad Nacional

Robledo. Lo moderno y lo clásico dejan su huella. El conocimiento técnico es matizado por los colores de Pedro Nel. Murales fantásticos. Técnica y arte: de nuevo la techné griega.

viernes, abril 07, 2006

La misteriosa Lana

Misteriosa. De ninguna otra manera puedo denominar su presencia. Tiene la capacidad de reproducirse continuamente. No vale que se la expulse, ella vuelve una y otra vez.

Es la lanita que, en el ombligo, nos aparece a los hombres cuando termina el día. Nos quitamos la camisa, y ahí está. Como para siempre. La botamos a la basura, o la tiramos al suelo, y de nada vale. Ella siempre aparecerá.

Surgida de la camiseta de algodón, o de algún insumo textil presente en nuestras prendas, la lana siempre está allí.


*Carlos Andrés*

jueves, abril 06, 2006

Una reflexión no-cotidiana sobre lo cotidiano

Avanzaba en mis labores diarias, y quise pensar. Fíjense que en esas pocas palabras mencionadas, ya hay supuestos: que en las labores de a-diario no está incluida la de pensar; también, que pensar es una labor.

Pensamientos de ese tipo suceden todos los días. Una digresión como ésta sólo es posible por el lenguaje. Así que si algo hay de cotidiano, es, justamente, el lenguaje. Entonces visité www.rae.es para averiguar qué es lo cotidiano: me informa que "cotidiano, na" procede "Del lat. quotidia¯nus, de quotidi˘e, diariamente". Lo cotidiano es lo diario. Lo de todos los días. Y qué más "de todos los días" que el lenguaje, ése con el que saludamos, compramos, vendemos, aprendemos, enseñamos, soñamos...

Todos hemos experimentado, sin embargo, el no poder expresar algo que sentimos. El lenguaje no es sólo la exteriorización del pensamiento; es la condición de posibilidad de éste. (Es milagro). Así que hablar sobre lo diario es, de cierta manera, sacarlo de su cotidianidad. "Postear" en un blog "lo de diario", es casi devolverle a "lo de siempre" lo que tiene de milagroso. Por que lo es, evidentemente.

Pensar en cuántos edificios hemos visto es una cosa; otra, detenerse en la cantidad de elementos imprescindibles para su sostenimiento. Aceleramos nuestro vehículo, realizamos operaciones en calculadoras, miramos el reloj, escuchamos música, saludamos a la gente. Actividades diarias, es decir cotidianas, de relativa facilidad. Esta misma facilidad desaparece cuando intentamos reconstruirlas, es decir, textualizarlas, describirlas, postearlas.

Eso es lo maravilloso del lenguaje, que nos permite devolverle a lo cotidiano lo que tiene de milagro: recordar por un instante los necesarios engranajes que hay detrás del reloj para que funcione.


*Carlos Andrés*

martes, abril 04, 2006

El Hombre de los Números

Hoy conocí al hombre de los números. Ex-piloto de helicópteros y sobreviviente de dos accidentes en los que estuvo clínicamente muerto. Su rostro lo atestiguaba.

Me llamó la atención por dos cosas...

Primero. Me dijo que tenía respuestas a las siguientes preguntas:

- ¿Por que morimos?
- ¿Quienes somos?
- ¿Para qué estamos aquí?

Segundo. Me contestó, a su criterio, tres preguntas que me surgieron mientras lo escuchaba y tomabamos café:

- Si todo lenguaje es una cárcel para el mensaje ¿cómo el lenguaje de los números que es creado por el hombre y es artificial, puede tener la respuestas para todas las inquietudes humanas y nos da acceso a la eternidad?

- ¿Cómo puede el universo ser infinito? y más aún, ¿cómo puede no existir un espacio que lo contenga?

- ¿Qué papel juega Dios en la teoría de las matemáticas cuánticas?

No entendí mucho, las dos primeras respuestas, pero la tercera fue clara: Me probó matemáticamente que Dios es "Uno".

¡Uff... qué descanso!

- Carlos Vásquez -

P.D. visité su página Web hace un momento: www.hombreycosmos.org

Mis Lugares Favoritos

La plaza de San Telmo en Buenos Aires... estupendo el aire de remembranza y de cosa añeja que se respira.

La Ciudad Inca de Machu Picchu en Cuzco... vi guerreros descansando y sacrificios en las rocas verdinegras de ese grito histórico maravilloso.

El mar imposible de Cancún en México... nunca creí ver el paraíso en la tierra ni tener la oportunidad de embelesar mis ojos con el río exótico de Xcaret.

La simple y deliciosa ciudad de Colonia, en Uruguay... el río de la Plata se llevó mi cansancio de meses de trabajo en un acto de gozo terreno y delectación.

La playa de ese hotel en Maiquetia, Venezuela... me dejo la tristeza de no poder diluirme entre su sal y arena. Cosas del trabajo. Espero regresar.

El Chinatown de Nueva York... recuerdos, recuerdos y recuerdos y una comida espectacular.

St. Augustine, Estados Unidos, el lugar más romántico del planeta... allí es imposible no pensar en dos.


- Carlos Eduardo -

domingo, abril 02, 2006

Balada de Otoño

Por Carlos Vásquez

Qué triste es el sexo sin amor y la vejez sin dignidad. Esta tarde, en el parque de Guatapé, un hombre mayor abrazaba a una hermosa jovencita. La cara de la muchacha mostraba el fastidio que le producía el contacto con el anciano, pero no trataba de evitarlo. Era una de esas relaciones simbióticas que los hombres mayores confunden con el “encanto de la madurez”. Ella buscaba su dinero y él buscaba su juventud.

Sin embargo, la hermosura de la joven era cuestionable. Su indignidad la convertía en otra cosa. Así que corrijo mi primera impresión. No, no era una hermosa jovencita, era una mujer fea de buena figura.

La sonrisa avergonzada y altanera del señor revelaba que para él,  el verdadero valor de la muchacha estaba fuera de la cama. El valor de la muchacha estaba en la calle y su misión era despertar la envidia de hombres más jóvenes -me confieso culpable- y la desaprobación de las mujeres adultas.

El tipo parecía decir: "Toda esta envidia y atención vale el ataque descarado de esta niña a mi billetera y  los amaneceres que he pasado atormentado tratando de representar la lozanía de la juventud.

Guatapé, por varias razones, es un buen lugar para escapar en compañía. Especialmente, si esa compañía es 30 o 40 años menor que la esposa y lo único inteligente que ella puede decir es: “¿Me das plata para comprarme una moto nueva?” o “Mi amor, debes darme para comprar ropa más sexy la próxima vez”.

Sentado en el bus, miraba la pareja que se alejaba hacia el hotel y recordaba un poema de Jaime Sabines...

A cierta edad "la juventud solo se adquiere por contagio.”