viernes, enero 25, 2008

En algún lugar de la memoria (o del olvido)

Ensayo dictado por la memoria olvidada de Carlos Andrés Arango



El olvido es amor que se convierte en
nada interminable de obsesiones (…)
El olvido no es que algo se borre en la memoria,
el olvido te ocupa todo el tiempo…
Darío Jaramillo


Probablemente ya de mí te has olvidado
Y sin embargo yo te seguiré esperando
Juan Gabriel

Seguramente fue Borges -infinito creador de laberintos- quien dijo que el olvido era otra forma de la memoria. No sé ahora dónde lo dijo para mí; no recuerdo si ocurrió en un libro suyo, en el epígrafe del ensayo de otro autor, en una cartelera universitaria, o en algún separador de esos que reservan cómodas dosis de sabiduría al portador. Tengo sí la sensación de que mi olvido es menos infame esta vez que las sucedidas con tantas otras célebres frases. Ello a pesar del peligro de recordar a Borges: si bien olvidar y recordar son dos formas de vivir, al inventor de ese Jardín de los senderos que se bifurcan, lo hemos leído tanto que sus frases se han disgregado de su obra. Numerosas personas pueden saber cosas del viejo escritor con sólo juntar las frases o poemas en cuyo pie aparecen las iniciales J.L.B.

Sirva esta digresión para actualizar esa idea según la cual citar a otro no es tanto un proceso de convocatoria como de re-creación. Citar, traer palabras memorables (u olvidables) para uno, es regresar a un recuerdo personal en el cual las ideas del otro no son más (ni menos) que la chispa inicial del incendio; chispa a la que no puede ni culparse de su causa ni exigírsele lo apague. Esto implica que cuando uno dice las palabras de otro está hablando más de uno que del ausente. Verdad redundante para sospechar la autoría de las palabras propias y ajenas, dichas o leídas, escuchadas y cantadas.

Ese laberinto de frases, conceptos, definiciones y versos, producen intrincadas redes entre letras, canciones, películas, obras de teatro, y van mutando un cuerpo consolidado; una obra nueva cuyo único autor y único posible espectador es uno mismo. Ese ir y venir entre lecturas y escrituras, nos produce a veces unos nubarrones tan densos, que ahora no sé si son mías o de quién estas palabras con las cuales pretendo conjurar mi salida de este escrito (único texto que he venido leyendo y escribiendo desde que soy yo): “A menudo soy un ser indeciso: cuando leo deseo escribir; cuando escribo deseo leer”.

jueves, enero 24, 2008

Frase cortada

Mientras más leo la literatura de estos días más siento la misma persistente idea: me estoy cansando de las frases cortas. Mucho.

martes, enero 15, 2008

Un lugar compartido es (nesecariamente) un lugar común

Escrito entre el pre-texto y el pos-texto.


Aquella mujer es hermosa porque no se parece a ninguna. Ni en el cabello, ni en la cara, ni en los gestos. Desde que llegué a este bar, la observo. Ella no sabe de mí. Por eso tengo la libertad de ir y volver para poder mirarla desde muchos ángulos. He buscado durante algunos minutos un pretexto para hablarle. Es inútil. Reconozco como insalvable la diferencia entre nuestros mundos. La noche avanza, y yo estoy con algunos amigos en este parque denso, al que la gente elige venir, bien para probar el aroma de la decadencia, o bien para dejarse llevar hasta esa curva que, una vez cruzada, inaugura el abismo.

Llega la hora de abandonar el lugar. Vuelvo cerca de la mesa de la mujer; ella toma sus cosas para irse. Se despide de los presentes, incluso de mí. Sale con su compañero. Cruza el parque en búsqueda del sur. Nostálgico, llevo la mirada a la mesa donde ella había estado, y aparece súbitamente un objeto. La oscuridad del lugar me obliga cercanía para saber de qué se trata. Es una libreta; una de ésas que tienen los universitarios para apuntar su agenda de trabajos, los artistas para bocetear dibujos, o los aspirantes a escritores para dejar allí ideas repentinas. Seguro de que nadie más pudo haberme visto con la libreta entre manos y ojos, mi felicidad me desborda: tengo una excusa para buscarla (no será complicado volverla a ver en este parque o en el otro).

Luego de despedirme, tomo un taxi. En mi casa, paso la curiosidad por cada una de las páginas de la libreta. La caligrafía obstaculiza buena parte de mis deseos indiscretos. Quince minutos alcanzan para reconocer que sólo aparecen un par de confesiones, unas pocas ideas sugestivas, y muchos apuntes de clases y conferencias académicas. Vuelvo a la primera página y encuentro un correo electrónico. Escribo. Recibo su llamada. Hablamos. Convenimos lugar y hora de encuentro. Voy. Ella no aparece. Ahí termina la historia.

Con eso del comienzo del nuevo año, uno busca papeles viejos para botar. Aparece la libreta. Recuerdo el momento: la noche, los amigos, la cerveza, el olor a marihuana en el ambiente, la pesadez del abismo compartido por tantos, la belleza de ella, su partida, el hallazgo de la libreta, la llamada, la cita… Con esas imágenes en mente se diseñaría el comienzo de un argumento para película o cuento: dos desconocidos hallan, a partir de un objeto, sus nuevos destinos; fruto de la casualidad, dos vidas se encuentran ¿De dónde vienen esas imaginaciones? Del cine, la televisión, la literatura y las novelas. En otras palabras: del lugar común. Compruebo entonces que la vida no es como en las películas; aquí no todo es tan predecible. (De lo cual sólo una conclusión puede deducirse: la vida es más divertida que las películas porque es menos predecible que ellas).

Hoy la libreta conoció la basura y esta historia la luz.

jueves, enero 10, 2008

Algunas razones para no escribir blogs y menos que una para intentarlo

En la página 159 de su “Literatura y fantasma”, Javier Marías apunta Siete razones para no escribir novelas y una sola para escribirlas. Texto que me sugirió, luego de ser “blogger” durante poco más de un año, Algunas razones para no escribir blogs y menos que una para intentarlo.


Razones para no escribir un blog…
1. Empecemos por decir que a nadie le importa que tú tengas un blog. Hoy es tan fácil abrir uno o varios, que a muy poca gente le parece interesante, curioso, o novedoso que lo tengas. Una explicación importante para ello es la segunda razón:

2. Demasiada gente tiene su sitio. Comunidades como MySpace, Facebook, UNYK, Flickr, y otras mil, ofrecen al usuario, de manera gratuita, publicar contenidos.

3. Ahora bien, en el caso específico de los contenidos derivados de intereses “literarios”, lo menos efectivo para el “candidato a escritor” es un blog, porque para el cibernauta hay ofertas tanto mejores que probar la deliciosa (seamos optimistas) prosa de los que escriben; el contrapeso de sitios ligeros que publican “videos charros”, datos curiosos, fotos que prometen la intimidad de famosos, últimas noticias de la tecnología y el entretenimiento es tan fuerte que -frente a ellos- el blog literario suena aburrido.

4. Un blog, salvo contadas excepciones, no da dinero. Uno ve cuánto esfuerzo realizan los bloggers para acumular visitas en sus contadores, a fin de obtener un mejor ranking en las listas de los anunciantes. No obstante, se necesitan demasiados hits para percibir un dólar; el esfuerzo es poco premiado.

5. Un blog no te hace famoso. Contados son los casos de personas que se hacen famosas por un blog. Es sí muy frecuente el caso de famosos con blogs famosos, pero en estas ocasiones el asunto ha sido al revés: la fama del personaje se convierte en visitas. Los pocos que han surgido al reconocimiento público por su sitio, han sido excombatientes contando intimidades del ejército norteamericano, atrevidas mujeres relatando su vida sexual, exhibicionistas que publican las fotografías de sus cuerpos desnudos, y otros excesos similares.

6. Nadie lo recuerda a uno por un blog, porque, precisamente, si dan con él es porque están buscando saber algo de uno. No al contrario. La condición de virtualidad en la autoría del blog hace desistir a cualquiera del intento de localizar personalmente al responsable.

7. El trabajo para abrir un sitio es mínimo. Tener un blog es tan simple como configurar un determinado número de opciones preestablecidas …un color, una plantilla, una fuente, una diagramación… y oprimir “publicar”.

8. La inmensa mayoría de lectores no-bloggers no publica comentarios. Por un lado, porque para publicarlos generalmente hay que ser miembro de la comunidad; por otro, porque está comprobado que las opiniones no cambian al mundo, y menos las publicadas en un efímero blog.

9. El cansancio del autor aparece pronto, al comprobar que trabaja, escribe, enlaza, publica, pero nadie lee; o lee y no le importa, o le importa pero no dice palabra, o la dice pero no vale la pena para uno.

10. Los navegantes se encuentran (nos encontramos) tantas ofertas de información en correos, y tantos propuestas de pinchar un link (sin mencionar las sobreoferta de la televisión, la radio y la publicidad exterior), que de a poco se han vuelto excesivamente selectivos y no cualquier cosas les convence o atrae.


Razones para escribir un blog…
Para quienes nos interesa cultivar la sana escritura, un blog es una buena excusa para asir una comunidad de lectores que estén en contacto con la labor creativa de uno. Es un canal para ex - ponerse. Eso mismo, sin embargo, puede lograrse por vías bastante menos simples y, por tanto, más meritorias. En síntesis ésta es, por lo que a mí respecta, una razón incompleta.

martes, enero 08, 2008

Algunas ideas para no escribir blogs y menos que una para intentarlo.

En la página 159 de su “Literatura y fantasma”, Javier Marías apunta Siete razones para no escribir novelas y una sola para escribirlas. Texto que me sugirió, luego de ser “blogger” durante poco más de un año, Algunas ideas para no escribir blogs y menos que una para intentarlo.


Razones para no escribir un blog…

1. Empecemos por decir que a nadie le importa que tú tengas un blog. Hoy es tan fácil abrir uno o varios, que a muy poca gente le parece interesante, curioso, o novedoso que lo tengas. Una explicación importante para ello es la segunda razón:

2. Demasiada gente tiene su sitio. Comunidades como MySpace, Facebook, UNYK, Flickr, y otras mil, ofrecen al usuario, de manera gratuita, publicar contenidos.

3. Ahora bien, en el caso específico de los contenidos derivados de intereses “literarios”, lo menos efectivo para el “candidato a escritor” es un blog, porque para el cibernauta hay ofertas tanto mejores que probar la deliciosa (seamos optimistas) prosa de los que escriben; el contrapeso de sitios ligeros que publican “videos charros”, datos curiosos, fotos que prometen la intimidad de famosos, últimas noticias de la tecnología y el entretenimiento es tan fuerte que -frente a ellos- el blog literario suena aburrido.

4. Un blog, salvo contadas excepciones, no da dinero. Uno ve cuánto esfuerzo realizan los bloggers para acumular visitas en sus contadores, a fin de obtener un mejor ranking en las listas de los anunciantes. No obstante, se necesitan demasiados hits para percibir un dólar; el esfuerzo es poco premiado.

5. Un blog no te hace famoso. Contados son los casos de personas que se hacen famosas por un blog. Es sí muy frecuente el caso de famosos con blogs famosos, pero en estas ocasiones el asunto ha sido al revés: la fama del personaje se convierte en visitas. Los pocos que han surgido al reconocimiento público por su sitio, han sido excombatientes contando intimidades del ejército norteamericano, atrevidas mujeres relatando su vida sexual, exhibicionistas que publican las fotografías de sus cuerpos desnudos, y otros excesos similares.

6. Nadie lo recuerda a uno por un blog, porque, precisamente, si dan con él es porque están buscando saber algo de uno. No al contrario. La condición de virtualidad en la autoría del blog hace desistir a cualquiera del intento de localizar personalmente al responsable.

7. El trabajo para abrir un sitio es mínimo. Tener un blog es tan simple como configurar un determinado número de opciones preestablecidas …un color, una plantilla, una fuente, una diagramación… y oprimir “publicar”.

8. La inmensa mayoría de lectores no-bloggers no publica comentarios. Por un lado, porque para publicarlos generalmente hay que ser miembro de la comunidad; por otro, porque está comprobado que las opiniones no cambian al mundo, y menos las publicadas en un efímero blog.

9. El cansancio del autor aparece pronto, al comprobar que trabaja, escribe, enlaza, publica, pero nadie lee; o lee y no le importa, o le importa pero no dice palabra, o la dice pero no vale la pena para uno.

10. Los navegantes se encuentran (nos encontramos) tantas ofertas de información en correos, y tantos propuestas de pinchar un link (sin mencionar las sobreoferta de la televisión, la radio y la publicidad exterior), que de a poco se han vuelto excesivamente selectivos y no cualquier cosas les convence o atrae.


Razones para no escribir un blog…

Para quienes nos interesa cultivar la sana escritura, un blog es una buena excusa para asir una comunidad de lectores que estén en contacto con la labor creativa de uno. Es un canal para ex - ponerse. Eso mismo, sin embargo, puede lograrse por vías bastante menos simples y, por tanto, más meritorias. En síntesis ésta es, por lo que a mí respecta, una razón incompleta.

Una imagen del amor

La llamada registrada en la pantalla de mi celular es un ex-estudiante de la colegiatura, percusionista y cantante talentoso. Me propone tocar con su grupo todas las noches del fin de semana en un restaurante ubicado en Las Palmas; me comenta las condiciones. Yo digo "Sí".

Pasadas las noches, cada presentación se va volviendo inevitablemente igual a las anteriores, salvo si, por cualquier razón inexplicable, interpretamos demasiado bien o demasiado mal alguna de las canciones de cada vez. Esto segundo ocurrió cuando, por ausencia del pianista, debimos buscar su reemplazo en un amigo conocido de la cantante. Como el tiempo es poco, la preparación se limita a una señal del director: sigue tal canción, a tal velocidad, en tal tono. Si uno se la sabía o no, poco importa; si uno la tenía en esa tonalidad o en otra, no importa; si usted la necesita lenta para poderla digitar, no es asunto de nadie: se toca ésa, de la manera indicada, y no hay más qué discutir.

Esta vez la señal fue: "Sigue El aguacero, en La Bemol; un, dos, tres, cuá...". Pues bien, he aquí que, violando todos los principios de digitación, armonía y contrapunto, el pianista -que sólo una hora atrás nos habían presentado- ha iniciado, sorpresivamente (sorprendente incluso para él), la canción en otro tono. El resultado: la percusión no descifró qué acentos marcar, los instrumentos armónicos (piano y guitarra) no sabían si salirse del tono para seguir al pianista o esperar a que éste se acomodase, y el cantante (el más damnificado de todos), no adivinaba a quién seguir; de los coros ni hablemos.

Yo clavé la mirada en el suelo e hice toda la fuerza que pude. No era capaz de alzar la vista por temor de enterarme de la cara de extrañeza de toda la gente. Sin embargo, en un reflejo visual, pude ver, allá en un rinconcito del lugar, a una pareja de viejitos en una situación conmovedora: sin importar las síncopas del ritmo, las bitonalidades de las escalas, la ruta sin destino de los fraseos vocales, es decir, sin importar el desastre que allí sonaba, estos dos ancianos bailaban, comentaban sus cuitas, y disfrutaban del ambiente.

No tengo ni idea qué es el amor; por más que haya sentido emociones fuertes, por más que sea blanco de la ternura de mis papás, no lo puedo definir. Pero, a partir de esa noche, tengo para mí una imagen sugerente: una pareja con más de cincuenta años de vivir juntos, seguramente sordos, bailando abrazados, sin importar que nadie más en el lugar (ni siquiera los músicos) disfruten de lo que suena.

Se dice que el amor es ciego, sí; pero hay que agregar: ¡También es sordo!