sábado, junio 30, 2007

RECUERD - O - LVIDO

Recuerdo situaciones que no puedo decir, recuerdo personas que no quiero nombrar, recuerdo tristezas que no debo revivir, recuerdo algunos seres queridos que no tenían que morir, recuerdo varios errores en mi vida que no dejo de lamentar, recuerdo muchas palabras sin sentido que jamás debí pronunciar, recuerdo momentos importantes que ignoré por egoísmo, recuerdo mi empeño en tantas luchas inútiles en las que no debí participar, recuerdo amigos especiales que nunca más volví a frecuentar…

Recuerdo tantas cosas con tanto sufrimiento que quizás hoy no debería hablar de recuerdos, mejor sería hablar de olvidos y de esa cortina oscura que corre la memoria cuando nos quiere defender del dolor, el remordimiento o la mortificación.


Carlos Eduardo (comunicarlos)
Ciclo de Recuerdos

jueves, junio 28, 2007

ESTE AÑO COMPRENDÍ

POR XIOMY

Por estos días no solo cumplo un año más de vejez, sino también un año de compartir con ustedes; a Carlos Andrés le agradezco el haberme permitido conocer un espacio del cual no sabía, a Carlos Eduardo a parte del afecto y respeto que le tengo, debo reconocerle el apoyo y la inmensa paciencia que me ha brindado, y a Diana no esta de más decirle que es una excelente compañera literaria. Reconozco la gran admiración que he sentido por ustedes y confieso que por mi mente no pasaba la idea de pertenecer a un grupo de persona con percepciones distintas, intensas y valorativas hacia lo que los rodea.

En un momento decidí que iba cerrar un capitulo mas en mi vida pero de momento supe que no lo iba cerrar del todo; porque en este espacio apenas estaba comenzando, de igual forma muchas gracias por las anécdotas y las palabras compartidas; pues con ustedes siempre se aprende.

Ahora desempolvando sentimientos, situaciones y momentos quiero decir que me he esforzado por comprender el porque y como influyeron algunos sucesos en mi… no he comprendido todo, pero lo que he logrado entender me ha ayudado bastante y me llena de satisfacción en mi diario vivir.

He comprendido que mi papá nunca fue manipulado por mi madrastra, por el contrario él la maneja a ella con algo que para casi todos es valioso, el dinero, pues sí mi papá sabe que le puede hacer cualquier cosa y que con dinero ella se contenta.

He comprendido que mi mamá a parte de ser mi amiga me ha ayudado en mi equilibrio, y que estaba muy equivocada cuando hace dos años decidí alejarme de ella con el pensamiento que sólo la iba extrañar por un tiempo.


Comprendí que soy buenísima para confundir el amor con otro tipo de sensaciones, como capricho, gusto o ego; en realidad disfruto más estando sola que preocupándome y justificando hechos de mi pasado como causa de mi soledad.


Me siento alegre por haber acertado con mi carrera, cada día me doy cuenta que abarca mas campos de los que esperaba, eso me encanta y saboreo lo que aprendo.


Perder una materia no es nada del otro mundo, confieso que fue más gratificante sacar un cuatro con ocho en una habilitación con un excelente profesora.


Siempre he sido malgeniada e impaciente, pero mi grave error es que no digo nada, me quedo callada y espero que el tiempo se encargue de desvanecer mi desconcierto con algo o alguien.

Y lo más importante; en este año me han sucedido cosas que en realidad nunca me habían dolido, el problema ha estado en que les he dado mas importancia y trascendencia de la que en realidad se merecen…pues sí hoy cumplo 20 años (soy la niña de este blog)

XILOFONÍA

Hoy al mediodía se metió Karen a la conversación. Almorzábamos y de pronto llegó a la mesa junto a la lluvia detrás de la ventana. La pequeña pelirroja se sentó en mi memoria a conversar.

La última vez que vi a Karen teníamos seis o siete años. Ella era mi compañera de kinder y nos sentábamos cada uno en un extremo del salón. Desde nuestras sillas nos mirábamos y nos subían los colores.

Nunca cruzamos más de un par de palabras. Jamás nos besamos, Nunca entrelazamos nuestras manos… bueno, solo en la “rueda, rueda de pan y canela”.

Amor, si hubo. Hasta los albores de mi adolescencia, siempre que llovía con fuerza, las gotas sobre los charcos susurraban la palabra “Karen”.

Efectivamente, era un sonido real y audible. Tenía cierto acento metálico como el de la tecla “número 4” de un xilófono de juguete.


Carlos Eduardo (comunicarlos)
Ciclo de Recuerdos

miércoles, junio 27, 2007

Mi Ciudad desde el Aire. Cartografía

Un ejercicio de visualizar mi ciudad y marcar sobre su mapa los puntos de mi encuentro con ella. Versión completa en este enlace.

lunes, junio 25, 2007

Pasos de Solitario


Como vivía en Girardota, la visita de cualquier familiar era todo un acontecimiento, pues el resto de mi familia estaba en Medellín. Por eso, el anuncio de la visita de mi abuela Bertha y mi prima Claudia, eran motivo extraordinario en esas vacaciones de mitad de año. Yo tendría unos cinco años; mi hermana era un bebé, y mi prima y mi abuela recién llegaban de Venezuela.

Antes de su aparición, programada para las cuatro de la tarde, quise salir a jugar. Con una pistolita de plástico, imitación Calibre 38, me lancé al ataque de los vaqueros imaginarios que habían ingresado en mi mundo infantil gracias al Llanero Solitario. Un par de transacciones simbólicas me permitía dichos juegos: si bien yo mismo era El Llanero, mi caballo no era blanco como el suyo, sino café como el del indio que siempre lo acompañaba.

Sin embargo, mi falta de destreza en el manejo del semoviente provocó un accidente: al ver a mi abuela y a mi prima descender por las escaleras hacia el barrio, mi caballo salió corriendo sobre el final de la calle, por la esquina contraria a la que ellas venían, y, por un salto mal dado, caí a la calle, luego de descender casi dos metros por una pequeña barranca.

Mi mamá fue directa en su comentario: “Eso le pasa por hacerse el lucido”; yo, por mi parte, nunca pude explicar que no había sido yo sino mi caballo. Espero que ustedes sí me entiendan.

viernes, junio 22, 2007

¿GOLIAT O NUPÁN?


Nupán, el gigante de séptimo, me pegó en la cara. Me llevé la mano a la mejilla e hice un ademán de dolor. El susto me anestesiaba pero no quería que Nupán se enojara más. Traté de retroceder, pero un corrillo de muchachos me cerraba el paso. Un violento empujón me regresó al centro del círculo donde me esperaba Nupán.

El empellón me levantó literalmente del piso. Mientras estaba en el aire, un rapto de inspiración me obligó a cerrar la mano y a levantar el brazo. En el instante de aterrizar sobre Nupán mi puño, por voluntad propia, asestó el golpe. Un golpe devastador por el impulso de mis compañeros… Eso decidió mi primera y última pelea de colegio.

Nupán cayo al suelo cuán largo era. Yo… asustado como nunca, pero dispuesto a aprovechar el momento de gloria, empecé una especie de danza de la victoria alrededor de Nupán que no parecía dar muestras de vida. La multitud vitoreaba, yo di un par de saltitos estilo boxeador y la muchachada me sacó en hombros como a los toreros.

Afortunadamente, todo fue rápido por que si Nupán hubiera reaccionado de inmediato me hubiese dado una tremenda paliza.

El día siguiente, Nupán se me acercó con sigilo, estaba estrenando un semicírculo oscuro bajo el párpado izquierdo y me dijo “Hermano, usted me cascó”.

No se porque fue la pelea y ya ni acuerdo. Solo sé que le respondí “Hermano, eso le pasa por tener un nombre tan feo”. Le di la espalda y me aleje con mi dignidad henchida. Jamás, hasta hoy, había pensado en lo ridículo de mi respuesta, pero bueno, me mantengo en lo mío…

Pa’que se tenía que llamar Nupán.


Carlos Eduardo (comunicarlos)
Ciclo de Recuerdos

Recuerdo Cinematográfico (Secuencia)

No sé si como recuerdo clasifique algo que sucedió tan sólo la noche anterior. Pero sí sé que es una de esas situaciones de las que uno se acordará bastante.


Caminábamos mientras la lluvia se adueñaba de la ciudad, y de nosotros. Íbamos despacio, cogidos de la mano. Ella se quedaba en el metro y yo tomaba mi taxi. Llegamos. Se volvió hacia mí, y me dio un beso. Sentí su cabello mojado en mi frente. Me gustó. Demasiado.

jueves, junio 21, 2007

miércoles, junio 20, 2007

HASTA LUEGO, ABUELITA

Escrito Cotidiano por Diana Montoya


Bajita, muy bajita; con el cabello blanco-blanco; su rostro arrugadito como una pasa, y lleno de lunares y muy encorvadita, la mayor parte del tiempo vestía con una falda larga blanca llena de flores pequeñas, menudas y negras, una blusa…no recuerdo el color. Siempre asistía a misa de 12 am los domingos, al entrar a la iglesia se cubría la cabeza con el pañolón, como ella lo llamaba. Cuando por alguna razón no podía ir a esa misa, iba a la de las 7 pm, yo siempre la acompañaba, a demás tenia una colección de bolas de cristal y a todos sus bisnietos nos regalaba de vez en cuando una o dos bolitas (llegue a tener mi propia colección), a mí me regalaba monedas, siempre sospeche que las tomaba de la venta de helados que tenía una de sus hijas, pero nunca lo confirme. Su edad ya superaba los 90 años.

Cuando murió, lleva ya varios días en cama, se expresaba con mucha dificultad y no se le entendía lo que decía. Un día de febrero se murió, no recuerdo muchos detalles de ese día, pero hay uno que me ha acompañado siempre.

No vivía conmigo, 3 o 4 cuadras nos separaban, el día en que murió, fui hasta su casa, estuve unos minutos parada en la puerta principal y no quise entrar a verla…no quise…lo pensé pero preferí regresarme. Horas después, en la tarde, creo, un tío llega hasta mi casa y nos cuenta que mamita chiquita había muerto, que ya no estaba, que nunca más estaría...

Siempre que la recuerdo me pregunto por que carajos no entre esa mañana a despedirme, a decirle lo mucho que la quería, lo mucho que la iba extrañar, a decirle que me perdonara por toda mis travesuras, por las groserías, a decirle que no se preocupara por mi, que yo iba a estar bien cuando ella se fuera. Pero no…¡NO QUISE.

Creo que si fuera actriz, y tuviese que recurrir a la memoria emotiva para llorar en alguna escena, sin dudarlo, tomaría este recuerdo, es el único que después de 13 años todavía produce lágrimas.



martes, junio 19, 2007

RECUERDOS Y BESOS

Bésame, bésame mucho… como si fuera esta noche la última vez.
Bésame, bésame mucho… que tengo miedo perderte, perderte después.

- Bolero de Consuelo Velásquez -


Besé el espejo del baño, muchas veces y de muchas formas… Quería aprender. Confieso que nadie jamás besó un reflejo con tanta ternura, con tanto romanticismo y con tanto erotismo como lo besé yo. Lo besé tanto que me convertí en un experto besador de superficies frías… Tal vez, por eso, la primera vez que experimenté la turgencia y la voluptuosidad de unos labios de mujer, me quedé petrificado.

La chica que me besó por primera vez, debió notar algo raro cuando el objeto de su beso no daba señales de vida. Abrió sus ojos y se encontró con una cara en primerísimo primer plano con los ojos desmesuradamente abiertos y un rictus de asombro imposible de ocultar. Efectivamente, debía de estar muerto de miedo por que alargó su mano y me cerró los ojos de la misma manera como se hace con los cadáveres en las películas.

Los siguientes años de mi adolescencia, me la pasé perfeccionando la técnica y me aficioné a los besos en todas sus formas y sabores. No voy a dar detalles, pero todavía recuerdo el mejor consejo que he recibido en materia de besos. Yo le pregunté si me daba un beso y ella me contestó:

- ¿Sabes? Hay cosas que no se deben pedir… una de ellas es un beso. Un beso jamás se pide, un beso se toma…

¡Revelación de revelaciones! De manera que también existía un trasfondo filosófico en el arte del beso y nadie me lo había contado. Continué mis investigaciones empleando el método científico y buscaba besos desesperadamente para probar mis teorías. Aquello se transformó en una operación aritmética compuesta por “besador”, “besando” y resultado.

Con los años, la cantidad de bocas besadas fue disminuyendo en número hasta estabilizarse. Finalmente, un día comprendí que el verdadero disfrute no está en dar un único beso a muchas bocas sino en dar muchísimos besos a una sola boca.



Carlos Eduardo (comunicarlos)
Ciclo de Recuerdos.

lunes, junio 18, 2007

Malrecuerdo


Una interpretación esquemática del psicoanálisis diría que el nombre escogido para la hija de un hombre (sobre todo la primera) tiene alguna relación con algún deseo reprimido o una antigua (o quizá reciente) frustración. De eso puedo hablar poco porque ni sé de psicoanálisis, ni tengo hijas; pero sí variado malrecuerdo.

Luego de besarnos intensamente, entre nosotros surgió una conversación. Fue hace dos años, pues en las cabezas de la gente que pasó cerca de nosotros esa tarde en la Estación del metro se sentían unos tibios envíos de calor; del calor de junio. Las cosas iban bien.

Pero nos dio por hablar. Y el hablar requiere del ejercicio de nombrar. De nombrarnos. Y con esto la necesidad de aclarar quién soy yo para el otro. Entonces llega el silencio. Las palabras se piensan como si se tratara de una declaración bajo juramento. Es que, de hecho, lo es. Por eso la ausencia de sustantivos, y la presencia fastidiosa de adjetivos lleva a la mutua incomodidad, y casi la inevitable conclusión de que estábamos equivocados.

Ella se sintió mal. Me reclamó. Yo también, extrañado, repliqué sus preguntas. Confusión terrible.

Se hizo tarde y era hora de irse. Entonces Ella va a la estación y se despide con un abrazo tan confuso como las ideas de los que se encuentran confundidos.

Caminé hasta mi casa. La noche, calurosa, me permitió ideas terribles. Indeseables. Desencadenadas como una improvisación de jazz. Sí: fue una noche disonante como el jazz; trepidante. Y en mi cabeza una retahíla que más parecía un rap. Odio estos momentos. Uno piensa, repiensa, elude, acude; fabrica discursos, excursos, recursos, decursos… y nada sirve.

Mas si la idea del primer párrafo es cierta, mi hija no se debería llamar Sandra.

Por cierto, en la pasada noche de viernes sucedió algo similar. Y por poco surge ese día otro nombre prohibido de mujer.

domingo, junio 03, 2007

Sin Título

Esta es la noche de los lobos,
Sus aullidos arden en los oídos.

Bajo la piel viva,
Los terrores se sacuden del espanto de vivir.

Luego el silencio…

Y ese acto de quietud,
Roto por el violín de un grillo
Sube el volumen de mi soledad.

A ritmo paquidérmico,
Las promesas rotas y las parábolas inconclusas
Se dan codazos y puntapiés,
Luchan por salir…

Peligroso arte, para la cristalería de mi mente.

sábado, junio 02, 2007

"Muy bien, gracias"

Decisiones. Nos pasamos la vida tomándolas. O mejor, la vida se nos pasa mientras muchas decisiones nos toman.

Cualquier viernes uno va en el transporte público de su ciudad, camino a alguna clase excesivamente diurna (a eso de las seis de la mañana). Con sólo decir eso, ya vienen involucradas un sinnúmero de decisiones: el trabajo de uno, el lugar donde vive, el pregrado que estudió, los amigos que conoció en esa (y no en otra) universidad, el posgrado que hizo, el lugar donde trabaja, etcétera.

Entonces uno se monta al vehículo y decide, vaya a saber por qué, sentarse al lado derecho; costado al que tres minutos después fue a dar la parte delantera de otro vehículo que, luego de una serie determinada (aunque difícil de sistematizar) de decisiones, ganó más velocidad de la debida, y menos distancia de la necesaria.

A mí no me pasó nada. Pero el recuerdo acústico del impacto duró un par de horas más.

A pesar de ello, cuando hablaba telefónicamente con mi amiga, respondí con un “Muy bien gracias”, a su pregunta “Cómo has estado”. Decisiones.