sábado, octubre 27, 2007

Efímera... La Historia Que Quería Ser Famosa

por Carlos Eduardo

Hola, quiero ser una historia en tu computador.

Soy una idea pequeña y no tengo mucha fuerza, pero encuentro fascinante ser parte de la creatividad de un autor. Si me utilizas, podría incluso dar lo mejor de mi para que algún día hagas dinero conmigo como tu historia favorita. No sé… ¿ganar un concurso, tal vez?

Tengo mis pretensiones, por supuesto. No quiero que me envíes a un concurso barato, de esos que pagan una basura por un buen texto o de los concursos que despachan las historias creativas con una estatuilla de plástico o una imperceptible mención de honor.

Si puedes, me gustaría que me enviaras a un concurso europeo. Ofrecen mejores premios allá y el Euro es más fuerte que el Dólar. No, no me importa lo que hagas con el dinero, eso es cosa tuya. A mí déjame el honor de ser una historia que trascienda. Me conformo con estar viva dentro de 100 años y ser todavía parte de antologías y reseñas bibliográficas.

Ah, y perdóname la franqueza, incluso sería libre de ti: autor-tirano, por que mucho tiempo después de que estés bajo tierra, yo seguiré existiendo…

Si, una historia que marque la humanidad. Eso es lo que merezco.

Espera… qué vas a hacer… ¡No! No me borres ¡te lo suplico! Suelta la tecla “DEL”. ¡No! ¡Por Dios! ¡Auxilio!

Así es… está mejor ahora… levanta ese dedo… Despacio…

Te propongo un trato: me conformo con ser un texto de blog que el tiempo deteriorará sin remedio… Viviré un par de semanas y luego ni tu mismo te acordarás de mí ¿está bien?

Adelante, dame una vida, aunque sea corta e improductiva…

¡Idiota!

viernes, octubre 26, 2007

"Todo tiene su final..." (H. Lavoe)

1.
He leído tres veces “Todos los nombres”. El ritmo de la narración allí logrado por Saramago es tal vez uno de los que más me ha emocionado en la literatura conocida por mí hasta hoy. Por estos días, un compañero de la oficina llevaba un ejemplar; curioso, le pregunté por qué tenía a Saramago consigo, y me habló de un trabajo para el posgrado. Yo, motivado con el asunto, quise saber un poco más de su percepción de la novela, con lo cual, poco a poco se desató una conversación interesante. Luego de unos minutos, y cambiando un poco el entusiasmo, el compañero me preguntó cómo me parecía el final. Arrojado a una laguna mental, tan sólo alcancé a decirle que en general los finales de este escritor son “abiertos”. Pero -la verdad-no recordaba mucho cómo era el desenlace de la historia.

2.
“The Zodiac” es un “thriller” de algo más de dos horas, en donde a pesar de las múltiples investigaciones nunca se logra dar con “el verdadero asesino”. Al final, y veinte años después en el relato, unos textos en pantalla nos permiten culpar a uno de los principales sospechosos, pero ni en la historia real en la cual se basa la película, ni en su versión cinematográfica, hay un final cerrado. Pude sentir la desazón del público al salir de la sala. Yo, sin embargo, iba feliz: cuando Hollywood, de vez en cuando, se deja tentar por los finales abiertos, no predecibles, es innegable una cierta felicidad en mí.


3.
“Noche sin fortuna” es un proyecto de novela de Andrés Caicedo, el siempre adolescente escritor colombiano, quien la terminaba de escribir en los días anteriores a su suicidio; el proyecto quedó inconcluso. La última versión del texto, junto con un par de comentarios de algún crítico, y otro par de cuentos del mismo Caicedo que continúan o comentan personajes-situaciones de dicha novela, fueron publicados este año. Yo feliz iba con mi librito nuevo, y ante la pregunta de una estudiante, conté un poco la historia de Caicedo con esa novela. Con un tono de voz no imposible de interpretar como desilusión, ella preguntó “entonces, no tiene final”. Fui enfático: “no, por eso la compré”.


4.
Después de ver “Esto huele mal”, un amigo que pensaba verla me pidió que le contara un poco el argumento. Yo iba muy bien describiendo los personajes y las tramas, hasta que llegué al final. Allí, ya sin más datos en la memoria, simplemente le dije… “vaya véasela, y aproveche para contarme el final porque se me olvidó”.


Voy a terminar ya este texto para ser consistente con su idea principal: No sé si por falta de interés o de memoria, TENGO UN PROBLEMA INMENSO CON LOS FINALES.

sábado, octubre 20, 2007

MI UNICORNIO AZUL...

Por Carlos Eduardo

Cada uno tiene su canción. La mía es “Unicornio” y la canta Silvio Rodríguez. La primera vez que la escuché estaba en una taberna y disfrutaba de mi recién adquirido derecho de tomar cerveza y recibir algo de dinero para el fin de semana. En aquella época me emborrachaba con facilidad y hacía estupideces… años después, me emborrachaba con dificultad, pero seguía haciendo estupideces y ahora, no me emborracho nunca, pero sigo en mi lucha contra la estupidez...

En fin, estaba en la taberna y le ponía cara de niño rebelde a la soledad. En mi niñez, escuchaba las canciones románticas de mi madre, después, la música americana de mi hermano mayor. Es decir, en términos musicales, yo estaba en un limbo sin identidad. De pronto, esa tarde me cautivó una canción sobre una animal desconocido y una voz que jamás había escuchado. Mentalmente, conté el resto de plata que me quedaba y decidí pedir otra cerveza con la voz arrogante del muchachito que estrena la libertad.

- ¡Oiga! ¿Tiene más de esa música? ¿Quién canta?

Me propuse ahorrar dinero para comprar la cinta y… no lo logré. Sin embargo, con el tiempo y mi asiduidad a la taberna, me prestaron la música para grabar. Me sentía feliz y cuando podía la escuchaba. A los amigos y a las esporádicas jovencitas que aparecían por mi vida los hacía parte de mi encuentro musical. Estoy seguro de que algunos de aquellos y algunas de aquellas todavía se acuerdan con nostalgia.

Esta tarde, frente a la pantalla en blanco del computador, me acordé. Este no es un texto muy especial ni busca trascender, pero quería dejar en claro que cada uno tiene su canción, la mía es “Unicornio” y la canta Silvio Rodríguez.

miércoles, octubre 10, 2007

La Buena Educación


Supe de él cuando su recorrido diagonal fue a dar justo a mi costado. Cerca de mi oreja derecha tuve pronto su voz; decía ser "amigo" del conductor, y pertenecer a los del combo de arriba. Luego, manifestó literalmente: "Calidoso... ayúdeme por ahí con un billetico para ajustar una vuelta". Tan asustado como estaba, intenté sacar de mi bolsillo una moneda de la más baja denominación; salió una de quinientos. Qué le vamos a hacer, es mejor no arriesgarse y entregársela. Cuando la moneda estuvo en sus manos, el personaje la miró como diciendo que esperaba más, y repuso: "Bueno... está bien... aguanta", y luego de una pausa añadió "Gracias parcero; si necesita algún cruce, de una; pregunta por mí allá en el combo, que todo bien".
Cerca del aeropuerto el tipo se bajó, luego de haberme comentado que siquiera no había tenido que atracarme. Entre la risa y el escándalo, yo sólo tuve tiempo de agradecer que el sujeto no se hubiera interesado por mi morral, dode mi portátil esperaba un nuevo día de trabajo.
Justo cuando llegué a la oficina, comencé a escribir este "post" donde solicito ayuda para saber si me atracaron o no.

martes, octubre 02, 2007

SEIS LUNAS QUE SE VAN...

Por Comunicarlos


Las decisiones grandes traen angustias grandes. Aquí estoy, seis meses después de subir a un avión rumbo a Estados Unidos, evaluando futuros posibles con un microscopio.

Un “neoterm” ocupa ahora mi vocabulario…. No se si la palabra “neoterm” sea original, tengo serias dudas porque creo haberlo leído en el libro “1984”. De todas maneras, el término que vino a ampliar mi vocabulario es “Exilio Económico”.

Esta frase se aplica a aquellos de nosotros que dejamos nuestros países por una persecución económica. Es decir, Teníamos talento, capacidades y ganas, pero un salario nos secuestraba la voluntad de seguir adelante profesionalmente.

Por eso escapé de lo que más amaba…

Vine por dinero y no lo he conseguido. Me gustaría regresar, pero soy terco. Me quedo un poco más hasta ver que pasa. La soledad es inmensa. Llegué en primavera, sufrí el verano calcinante y aunque los vientos fríos de estos últimos días presagian un otoño favorable, yo sigo aquí con cara de invierno.

¿Me encontrará el otoño del año entrante todavía en el exilio económico?

Pinté una casa y me pagaron mal. Actué como extra en una telenovela mexicana y conocí la gloria fugaz. Empaqué flores durante un mes en una nevera más grande que un club deportivo y entendí lo que siente un tallo de apio en la gaveta de las verduras. Recibí huéspedes en un restaurante de Disney World y supe de Mickey Mouses sin cabeza que fumaban a escondidas de los niños. Entré de vendedor a un canal de televisión regional y los bolsillos se me llenaron de polillas. Ahora, estoy en un periódico hispano y… (Este espacio queda para ser llenado en el futuro en consideración a mis actuales empleadores).

Me faltan por lo menos cinco kilos de peso. La sonrisa que nunca fue mi arma más usada, ahora ya ni aparece por las esquinas de mi boca. La familia me duele profundamente aquí en el pecho.

Busco hace tiempo una respuesta…

Existirá algo llamado sueño americano o será solo el movimiento involuntario de los párpados que se cierran sobre el cansancio.