lunes, agosto 31, 2015



Resignificar el desarrollo en la era del postdesarrollo: propuesta hacia un ‘trans-desarrollo’

María Cecilia Múnera López *

Resumen:
El texto plantea una comprensión del desarrollo como ‘Construcción socio cultural múltiple histórica y territorialmente contextualizada’; para ello se re-significa el concepto de ‘desarrollo’ devolviéndole su carácter social y cultural, cuando se aplica a procesos de la sociedad. Se plantea la posibilidad de realizar múltiples procesos de desarrollo concebidos desde las bases sociales, en contra de la versión tradicional, hegemónica y homogenizante del desarrollo. La propuesta es contextualizada en las discusiones del post-desarrollo, mostrando un horizonte de realización que podría concebirse como ‘transmoderno’. 

Palabras Clave
Desarrollo, construcción social, territorio, cultura, trans-desarrollo.

Abstract
Introducción:

El texto que se presenta a continuación, ubica la propuesta ‘Resignificar el Desarrollo’ en el contexto contemporáneo de las discusiones acerca del ‘desarrollo’. Para ello, se hace un breve recorrido por las posiciones críticas frente al desarrollo y se argumenta la nueva propuesta,  recurriendo a la semántica misma del concepto y a la validez de su utilización en un nuevo marco comprensivo de éste.

En un segundo aparte se hace una síntesis de los componentes del desarrollo re-significado como ‘Construcción socio cultural múltiple, histórica y territorialmente contextualizada’, planteado como un nuevo ‘enfoque’ de desarrollo y como una forma de comprender las dinámicas de transformación en la sociedad, hacia horizontes de sentido colectivos, de manera múltiple e incluyente, además de contextualizada.

La re-significación ‘del’ desarrollo se ubica en un incómodo lugar en el cual las concepciones convencionales del desarrollo no lo mirar con agrado y las posiciones críticas radicales, que rechazan de plano la utilización del concepto ‘desarrollo’, lo observan bajo sospecha. 

Se espera con este texto contribuir a la reflexión y al aporte de elementos que fortalezcan dinámicas societales que tienen su origen en grupos organizados en torno a sentidos de existencia, en lugar de los intereses de grupos de poder establecidos.

1.      Contextualización de la reflexión y discusiones en torno ‘al’ desarrollo

Para abordar la propuesta de Resignificar el desarrollo es importante contextualizar las reflexiones que en torno al asunto del ‘desarrollo’ se han venido dando en distintos ámbitos académicos, sociales y políticos. Para ello, retomaré apartes de algunos autores que resumen las distintas  posiciones y permiten ubicar la propuesta en un horizonte complejo.

Comienzo con los aportes de Arturo Escobar (2015) quien plantea tres momentos de las conceptualizaciones sobre el ‘desarrollo’.

A lo largo de los primeros cincuenta años (1951-2000), la conceptualización sobre el desarrollo en las ciencias sociales atravesó por tres momentos principales, correspondientes a tres orientaciones teóricas contrastantes: la teoría de la modernización en las décadas de los cincuenta y sesenta, con su teoría aliada de crecimiento económico; la teoría de la dependencia y perspectivas relacionadas en los años sesenta y setenta; y las aproximaciones críticas al desarrollo como discurso cultural en los años noventa (…) Estos tres momentos pueden ser clasificados, de acuerdo con los paradigmas originarios de los cuales emergieron como:  teorías liberales, marxistas y post-estructuralistas, respectivamente (p.27-28)

En efecto, las primeras preocupaciones con relación al asunto del desarrollo se centraron en plantear múltiples teorías (algunas de carácter estático, comprendiéndolo como un estado alcanzado; otras enfatizando en su componente dinámico, enfatizando en él como proceso); modelos que se desprenden de las teorías y que supuestamente pueden o deben ser aplicados en contextos particulares; estilos y hasta aplicaciones concretas. La multiplicidad de alternativas para la generación de procesos de ‘desarrollo’ se presentaba además como la excusa perfecta para explicar los repetidos fracasos en distintos lugares, principalmente de los países del Sur, así como efectos, no siempre tenidos en cuenta, como el incremento de problemas sociales y deterioro de los ecosistemas. El problema, así planteado, no sería ‘del’ ‘desarrollo’, como asunto abstracto, sino de la aplicación de las teorías, modelos o estilos en particular.

En segundo lugar, como lo señala el autor, empiezan a emerger posiciones críticas frente al desarrollo y a poner en cuestión su eficacia para resolver problemas básicos en los países principalmente del sur, como fue la teoría de la dependencia en la que se planteaba el carácter estructural de los problemas ligados a la manera de establecer las relaciones entre los países del norte y del sur, todavía marcadas por el dominio político de los Estados-Nación. Muy rápidamente en este período, se tomó consciencia que los efectos del ‘desarrollo’ estaban ligados a la expansión del capital y traspasaban las fronteras de los países independientemente de sus formas de gobierno e incluso de sus sistemas económicos. Se empezaron a evidenciar problemas graves relacionados con la explotación indiscriminada de los elementos de la naturaleza (semantizados como ‘recursos’), con la sobre explotación de la fuerza de trabajo, con el incremento de la pobreza, y el acceso a los bienes básicos para la supervivencia. Surgen entonces nuevas teorías relacionadas con el desarrollo, que se caracterizan por adjetivarlo, como una manera de resaltar los puntos débiles del discurso convencional y, lógicamente la manera de superarlos.

Alberto Acosta, retomando a Aníbal Quijano, lo expresa de la siguiente manera:

En esta alocada carrera, como para no quedarse al margen del debate, se puso apellidos al desarrollo (Aníbal Quijano, 2000), para diferenciarlo de lo que nos incomodaba. Pero seguimos en la misma senda: desarrollo económico, desarrollo social, desarrollo local, desarrollo global, desarrollo rural, desarrollo sostenible o sustentable, ecodesarrollo, etnodesarrollo, desarrollo a escala humana, desarrollo endógeno, desarrollo con equidad de género, codesarrollo, desarrollo transformador… desarrollo, al fin y al cabo. Así, a la postre, como dice este autor vasco, este ‘refinamiento de la teoría, ha acabado por convertirse en un ejercicio meramente abstracto sin repercusiones prácticas’. (2014, p.15)

Si bien es cierto que gran parte de los planteamientos de estas propuestas teóricas fueron cooptados por los teóricos convencionales del ‘desarrollo’, como una manera de reforzar las dinámicas de crecimiento económico, también es cierto que algunas de ellas pusieron de presente problemas y desequilibrios generados por las dinámicas de dicho desarrollo. No nos es posible analizar en el presente texto cada una de las denominaciones o teorías enunciadas, pero es importante señalar el peligro de asumir todas ellas como parte de un mismo cuerpo teórico favorable al crecimiento, desconociendo aportes importantes, incluso para realizar planteamientos alternativos a la manera como se ha concebido el desarrollo. Cualquier tipo de polarización en la reflexión, contribuye a mantenernos en los esquemas de la modernidad, de la racionalidad dual y de la lógica formal. Por esta razón, entre otras, es importante observar con detenimiento los contenidos, el sentido, y las diversas interpretaciones que se le otorga a las teorías.

Es importante resaltar que las aproximaciones críticas en éste período, en particular las que se fundamentaron en la Economía Política, señalaron elementos propios de la lógica del crecimiento, independientemente del sistema en el cual estaba inscrito. Es por ello que la teoría de la dependencia se podía aplicar no solo a los países capitalistas, sino también a los socialistas. El crecimiento económico que constituyó en núcleo articulador de dos ejes estructurantes de la geopolítica a nivel mundial: el eje Norte-Sur que diferenciaba, en términos generales, los países ‘desarrollados’ y los ‘no desarrollados’ o ‘en desarrollo’ y el eje Este-Oeste que distinguía los países capitalistas de los socialistas-comunistas.

Ahora bien, en la crítica propuesta desde la Economía Política y analizada en la ‘Ley de Tendencia descendiente de la Tasa de Ganancia’ planteada por Marx, en el primer tomo de El Capital, se observa como la lógica del crecimiento, afecta tendencialmente y de manera negativa a los seres humanos y a los elementos de la naturaleza. Gran parte de los análisis del desarrollo ‘sustentable’ develaron esta situación, pero las alternativas de control fueron, en la mayoría de los casos, insuficientes; por otro lado, gran parte de las versiones alertaron sobre el agotamiento de ciertos recursos indispensables para la economía mundial a gran escala, lo que derivó en la focalizaron de acciones para garantizar la obtención de dichos recursos en otros territorios, o bien, para obtener recursos alternativos, como en el caso de la fuentes energéticas; es decir, esas versiones contribuyeron a la innovación en estrategias económicas, favorables al crecimiento.

Por otra parte algunas teorías propuestas, generaron y siguen generando confusión por el lenguaje que utilizan y por los contenidos que presentan. Es el caso de las versiones de desarrollo ‘humano’ que refuerzan el crecimiento; se trata, sintetizando un poco, de enfatizar en la transferencia de valor que los trabajadores –directos e indirectos- realizan a los productos de distinta naturaleza, valor que depende en gran parte de la creatividad y capacidad innovadora de los trabajadores y que, además, no se reconoce en la misma proporción a quien lo produce. Esta versión de ‘desarrollo humano’ retoma y acomoda importantes aportes presentados por Amartya Sen, en el sentido de fortalecer las capacidades y potencialidades de los seres humanos como elementos del capital ‘variable’ (fuerza de trabajo), para contribuir a la producción de valor en las mercancías. Las nociones de ‘capital humano’ y ‘capital social’, surgen en este contexto.

En este punto, me interesa resaltar que desde esta lógica económica, se justifica las acciones que afectan negativamente a la naturaleza y a los seres humanos, por la manera como éstos se semantizan: la naturaleza se concibe como un conjunto de recursos para ‘explotar’ y los seres humanos, como ‘instrumentos’ para contribuir al crecimiento económico, también semantizado como ‘desarrollo’. Uno de los primeros asuntos problemáticos que aparece es el del sentido (planteado como direccionamiento, pero también como significación) que le damos a los procesos y a los elementos con los que nos involucramos los seres humanos. Por lo pronto, resaltaremos el significado que se le otorga al ‘desarrollo’ como símil de avance o progreso, íntimamente ligado al de crecimiento y expansión de todos los procesos de la sociedad. Este imaginario, empezó a resquebrajarse desde la década de los ochenta al constatar la imposibilidad de resolver  grandes problemas de la humanidad. Alberto Acosta, lo sintetiza de la siguiente manera:

Todos los esfuerzos por mantener con vida al ‘desarrollo’ no dieron los frutos esperados. Es más, la confianza en el desarrollo, en tanto proceso planificado para superar el atraso, se resquebrajó en las décadas de los ochenta y los noventa. Esto contribuyó a abrir la puerta a las reformas de mercado de inspiración neoliberal, en las que, en estricto sentido, la búsqueda planificada y organizada del desarrollo de épocas anteriores debía ceder paso a las pretendidas todopoderosas fuerzas del mercado. El neoliberalismo encontró pronto sus límites en América Latina, mucho antes de lo previsto por sus defensores. Su estruendoso fracaso económico en el Sur global agudizó los conflictos sociales y los problemas ambientales, y exacerbó las desigualdades y las frustraciones (…). En síntesis, el camino seguido desde aquellos años de la posguerra hasta ahora ha sido complejo. Los resultados obtenidos no resultaron satisfactorios. ‘El desarrollo’, en tanto proyección global, se descubrió como un fantasma detrás del cual hemos corrido y corren aún muchas organizaciones y personas (…). Así las cosas (…) no habría espacio para redefinir y/o reconducir el desarrollo, ya que este representaría, intrínsecamente, una forma de entender la existencia humana basada en el productivismo, el dominio sobre la naturaleza, y la defensa de la modernización occidental, con su irremediable secuela de víctimas y de fracasos. (2014, p.18-20)

La frustración e incapacidad demostrada de reorientar las dinámicas de desarrollo y evitar los efectos negativos de éste, dio paso al tercer momento que señala Arturo Escobar: el de las aproximaciones críticas al desarrollo como discurso cultural en los años noventa, en el marco de un paradigma post-estructuralista.

En este tercer momento, denominado también por Escobar como la era del postdesarrollo y de las alternativas ‘al’ desarrollo, según Acosta (2014) “se sitúan autores diversos (…) que, aunque con matices distintos, comparten el rechazo de la modernidad y la existencia de valores universales, a la vez que defienden la necesidad de un análisis postdesarrollista”. (p.20)

Arturo Escobar (2015) plantea “El postdesarrollo como concepto y práctica social” (p.29) que surge y se desarrolla entre 1991 y 2010. Además lo resume y describe en los siguientes términos:

Imaginar el final del ‘desarrollo’ –de una u otra manera- fue el corolario casi que natural de la tarea deconstructiva de los noventa. De todas éstas, quizás el concepto de postdesarrollo, aunque controvertido, ha sido el más duradero y pudiera estar resurgiendo en la década actual. (…) El postdesarrollo intentaba designar por lo menos tres objetivos interrelacionados: primero, la necesidad de  descentrar el desarrollo; es decir, de desplazarlo de su posición central en las representaciones y discusiones sobre la realidad social en Asia, África y América Latina. (…) Segundo, al desplazar al ‘desarrollo’ de su centralidad en el imaginario discursivo, el postdesarrollo sugería que efectivamente era posible imaginar el fin del desarrollo. En otras palabras, identificaba alternativas al desarrollo, en lugar de alternativas de desarrollo (…) como una posibilidad concreta. Tercero, el postdesarrollo buscaba enfatizar la importancia de la transformación de la configuración particular de conocimiento y poder establecida por los conocimientos expertos. Con este fin, proponía que las ideas más útiles acerca de las alternativas podrían ser obtenidas de los conocimientos y prácticas de los movimientos sociales”. (p. 31-32)

Como uno de los elementos innovadores, Escobar (2014) plantea la necesidad de incorporar el concepto de cultura como ‘diferencia radical’, la cual “se relaciona con términos tales como ‘civilización’, ‘cosmovisión’, ‘diferencia epistémica’ y ‘lógicas comunitarias’” (p. 17)

En los propios términos de Escobar:

La noción de cultura como diferencia radical (…) se basa en el cuestionamiento de los dualismos constitutivos de las formas dominantes de modernidad y de la idea de un mundo hecho de un solo mundo. Para substanciar esta proposición, el texto propone la noción de ontología como alternativa a ‘cultura’ como espacio para pensar los complejos procesos de disputa entre mundos a los que asistimos hoy en día. Una concepción de ontología que permita múltiples mundos nos llevará, como veremos, a la noción del pluriverso y a enfatizar las ontologías no dualistas o relacionales que mantienen muchas comunidades. (2014, p.17)

Una de las tendencias críticas frente al desarrollo que más se han difundido, es la que se conoce como ‘Buen Vivir’ y que tiene su origen en Cosmovisionea ancestrales de grupos indígenas en América Latina. No es posible hacer un recorrido extenso por sus aportes y repercusiones prácticas y políticas; me limitaré a extraer algunos elementos sobresalientes, expuestos por Koldo Unceta:

Recientemente, y al calor de algunas nuevas propuestas políticas surgidas en América Latina, un nuevo concepto ha ido ganando terreno en algunos sectores académicos y sociales del subcontinente, especialmente en algunos países andinos. Se trata de la noción de Sumak Kawsay (en su versión quichua) o Suma Qamaña (en su versión aymara), que han sido traducidos como Buen Vivir, y que plantean la necesidad de una visión alternativa sobre los modos de vida capaz de integrar en ella los saberes ancestrales, las pautas de relación social, o las formas de inserción en la naturaleza de las comunidades andinas. Se trata de propuestas que si bien inicialmente han surgido en ámbitos de intelectuales indígenas o próximos a los mismos, poco a poco han ido alcanzando cierta difusión hasta lograr colocarse en el centro del debate, e incluso llegar a formar parte de los propios textos constitucionales de algunos países como Ecuador (2008) o Bolivia (2009). (2014, p.89-90)

Si bien esta propuesta ha puesto de presente elementos esenciales que han quedado por fuera de los discursos del desarrollo, como son los vínculos humanos cercanos, propios de los miembros de las comunidades indígenas y la comprensión de los seres humanos como parte de la naturaleza, pareciera un planteamiento exclusivo para América Latina. De ahí, que la relación con otras cosmologías ancestrales, ha empezado a ocupar las reflexiones de algunos autores; Alberto Acosta, por ejemplo, amplía la noción de ‘Buen Vivir’ a otros conceptos de otras latitudes:

Hablar del Buen Vivir (sumak kawsay, suma qamaña, ubuntu, svadeshi, swaraj, aparigrama u otros conceptos más o menos similares en diversas partes del planeta), implica una tarea de reconstrucción desde las visiones indígenas, sin que esta aproximación sea excluyente y conformadora de visiones dogmáticas. Así, este debate necesariamente debe complementarse y ampliarse incorporando otros discursos y otras propuestas provenientes de diversas regiones del planeta, espiritualmente emparentadas en su lucha por una transformación civilizatoria, y que tienen sus orígenes en la vida comunitaria, así como en relaciones armoniosas con la Naturaleza. (2014, p.21-22)

Arturo Escobar, por su parte, con la noción de ‘pluriverso’ plantea, en una dirección similar, la necesidad de reforzar la idea de reconocer la existencia de múltiples modelos de vida, o ‘mundos’ construidos, además de los indígenas, por las tradiciones de comunidades campesinas y afrodescendientes, particularmente en Colombia:

Al interrumpir el proyecto globalizador neoliberal de construir Un Mundo (capitalista, liberal y secular) muchas comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas pueden ser vistas como adelantando luchas ontológicas; es decir, como involucrando la defensa de otros modelos de vida. Dichas luchas pueden ser interpretadas como contribuciones importantes a las transiciones ecológicas y culturales hacia un mundo donde quepan muchos mundos, o sea, al pluriverso.” (...) Los Estudios del pluriverso buscan iluminar aquellos mundos y conocimientos de otro modo que existen en nuestro medio. (…) No hay una sola noción del mundo, de lo humano, ni de lo natural que pueda ocupar por completo este espacio de estudios” (2014, p.19-22)

Por otra parte Escobar señala la importancia de tener en cuenta otros grupos de población no restringidos a los ámbitos rurales o étnicos:

“Los estudios del pluriverso (…) no son aplicables solo a grupos étnicos o a contexto rurales. En la medida en que todas y todos habitamos el pluriverso, a todas y todos nos competen, especialmente a aquellos/as que vivimos en los mundos urbanos más densamente individualizados, tales como las clases medias” (2014, p.21)

Estas cosmovisiones estarían propiciando la transición a un mundo concebido por fuera del desarrollo y contribuirían a otros pensamientos que se han planteado en distintos contextos del mundo, en esa dirección; Escobar los denomina discursos de transición y señala la importancia de crear ‘puentes’ entre ellos.

Una marca de los discursos de la transición (DsT) actuales es su empeño en promover una transformación cultural e institucional que implique una transición a un mundo diferente. Así, aunque los DsT surgen de muchas partes del mundo y dominios del saber y de la práctica social, hay una clara diferenciación entre los discursos de transición que emanan del Norte y aquellos que surgen del Sur global. En el Norte, quizás de los DsT, el más visible es el ‘Decrecimiento’, pero hay toda una serie de propuestas e imaginarios sobre la transición que habría que considerar, tales como: ‘El gran giro’ (de la ecóloga de sistemas y budista Joana Macy), la ‘Gran iniciativa para la transición’ (…) o ‘La gran obra hacia una era Ecozoica’ (inspirada por el teólogo y ecólogo Thomas Berry) entre otras. A estos debe sumarse, entre otros, algunos diálogos inter-religiosos, algunas conversaciones en el ámbito de las Naciones Unidas, el concepto del antropocentrismo, etc. (2014, p.45)


2. Resignificar el Desarrollo como “Construcción socio cultural múltiple, histórica y territorialmente contextualizada”. Apuesta en términos de un planteamiento de ‘transdesarrollo’

2.1 Algunas anotaciones preliminares

Después de la breve contextualización sobre las posiciones críticas frente al concepto de desarrollo y teniendo en cuenta las más radicales planteadas por las vertientes del ‘postdesarrollo’ y del buen vivir, vale la pena hacerse la pregunta: ¿Por qué retomar la noción de ‘desarrollo’ en lugar de indagar nuevas alternativas en ese horizonte abierto?

Para comenzar, recordaré que la propuesta sobre la cual me centraré en la segunda parte de este artículo fue expuesta en 2007, cuando ya se estaban planteando los elementos básicos del ‘postdesarrollo’. Como se explica, en el texto ‘Resignificar el Desarrollo’, se recogen elementos propositivos de distintos autores críticos ‘del’ desarrollo y se identifican posibles conexiones entre ellos. Los autores consultados provienen de distintas partes del mundo, gran parte de ellos de América Latina, pero no se limita a una región particular. Es importante anotar, que esta versión, no se debe tomar como una propuesta terminada, sino como otro horizonte por explorar.

Uno de los elementos interesantes que arrojó la indagación fue el develar la ‘naturalización’ que se hizo del concepto de ‘desarrollo’, cuando se aplicó a los procesos sociales. Para ello, retomar el significado del concepto resultó de gran utilidad. El concepto, como lo recuerda Jean Marie Domennach (1980: 22) surgió en las ciencias de la naturaleza (biología) como proceso de transformación de los seres vivos, a partir de unas condiciones iniciales (potencialidades) hasta una situación final (como término, pero también como finalidad) otorgada por la misma naturaleza para cada una de las especies. Este concepto se utilizó luego para representar procesos abstractos, entre ellos los procesos de transformación de la sociedad; en estos procesos las finalidades son propuestas por los seres humanos, es decir son creaciones sociales en contextos históricos y territoriales particulares, con connotaciones culturales y políticas.

En ‘La invención del Tercer Mundo’ Arturo Escobar muestra como ‘el’ desarrollo se enmarca en un nuevo tipo de relaciones entre los países europeos y sus antiguas colonias, como alternativa para la reconstrucción de los países europeos después de la segunda guerra mundial. El problema de fondo surgió cuando éste se configuró como un ‘discurso’ en términos Foucaultianos, se difundió como elemento estructurante del Nuevo Orden Económico Internacional, se planteó como horizonte de sentido para todos los países y rápidamente se constituyó en ‘mandato’. Fácilmente se puede reconocer como en el transfondo del discurso, se apunta a la necesidad de reactivar una expansión ampliada del capital, es decir, propender por el crecimiento económico, supuestamente como ‘medio’ para resolver los problemas sociales, ya no solo de los países europeos del norte, sino también los del sur. El crecimiento económico se constituyó entonces en horizonte de sentido y, por ende, en finalidad para las dinámicas de las sociedades tanto de los países del norte y del sur, como del Este y de Occidente.

En la base de la propuesta de ‘Resignificar el desarrollo’ está la ‘desnaturalización’ del concepto; es decir, el asumir los procesos de transformación de la sociedad, como un asunto definido por seres humanos, que pueden decidir hacia dónde dirigir dichos procesos alejándose de la noción de ‘equifinalidad’ aplicable a las especies de la naturaleza y que subyace en el concepto convencional de desarrollo ‘de’ la sociedad. Este concepto convencional alude a la sociedad como una misma especie que se conduce a una misma finalidad: ‘crecimiento económico’. En la comprensión del desarrollo como ‘Construcción socio cultural múltiple histórica y territorialmente contextualizada’ se le devuelve al concepto de ‘desarrollo’ su carácter social y cultural cuando se aplica a procesos sociales; es decir, se reconoce que las orientaciones de los procesos están definidas por seres humanos que pueden decidir sobre sus destinos. Así mismo, se reconoce que los procesos están condicionados por situaciones de ‘inicio’, propias de los contextos territoriales y de las condiciones históricas de éstos y de sus habitantes.

Se trata, en lugar de hablar ‘del’ desarrollo como un proceso único, hegemónico, globalizante con un único horizonte de sentido, de concebir múltiples procesos sociales con horizontes de sentido diferentes, que pueden coexistir, retroalimentarse o incluso, contraponerse en territorios múltiples. Los horizontes de sentido propuestos pueden estar inspirados en distintas cosmovisiones o en valores que se van construyendo a partir de la configuración de grupos humanos, comprendidos como nuevas ‘comunidades’ que se reúnen en función de la identificación de sentidos de existencia que se comparten y que adquiere más fuerza incluso, que la orientación de dinámicas por intereses puntuales. Esta manera de concebir múltiples horizontes de sentido que coexisten podría dialogar con la noción de ‘pluriverso’ propuesta por Escobar.

Considerar las posibilidades de múltiples procesos de desarrollo, permite incluir grupos de población organizados en función de horizontes de sentido compartidos, independientemente de su origen o características poblacionales, territoriales y otras. Lógicamente, estos procesos deberán considerar diferentes aspectos, que están incluidos como componentes de la nueva manera de concebir el desarrollo, en la propuesta de la Resignificación del  Desarrollo.

La propuesta se inscribe en un nuevo paradigma, que fue denominado por Conrado Ugarte (2000: 168) como ‘Transmodernidad’ y por Lash y Beck (1997: 18) como ‘Modernidad Reflexiva’ que resulta como un alternativa a los paradigmas unificadores de la ‘modernidad’ y fragmentarios de la ‘postmodernidad’, permitiendo la configuración de organizaciones sociales que permanecen en el tiempo, mientras mantengan el sentido propio de su organización. La puesta en escena de diferentes horizontes de sentido, que pueden ser compartidos por distintas personas, permite la emergencia de escenarios comunes que, a modo de conectores, van propiciando la existencia de redes sociales flexibles y vitales. El concepto de ‘modernidad reflexiva’ da cuenta de esa interacción de múltiples sentidos que orientan diversas dinámicas sociales; así mismo alude a la reflexividad en términos de ‘reflejos’ que, como espejos permiten la contrastación de los propios procesos con otros, así como la reflexión sobre ellos. Por su parte la noción de ‘transmodernidad’ alude a la posibilidad de construir horizontes de sentido que involucre varias comunidades organizadas en torno a elementos significativos y que, de alguna manera, atraviesen varias de ellas. Esta noción sugiere una de ‘trans-desarrollos’ como la posibilidad de establecer conexiones entre distintas dinámicas de desarrollo adelantadas por grupos organizados con horizontes de sentido particulares.

El hecho de enfatizar en los seres humanos como seres reflexivos que inciden en la orientación de las dinámicas de la sociedad, genera sospechas en algunos grupos, por considerar la propuesta como ‘antropocentrista’. No obstante, se deben plantear diferencias cuando la finalidad de dichas dinámicas se centra exclusivamente en los seres humanos, en su bienestar o ‘confort’, sin tener en cuenta las implicaciones de ello, a cuando se reconoce que somos los seres humanos los que estamos tomando decisiones sobre la dirección de las dinámicas que afectan nuestro mundo. Porque: ¿Acaso no somos los humanos los que nos asumimos como parte de la naturaleza y establecemos acciones para evitar mayores desequilibrios o reestablecer aquellos que se han perdido en ella? El asunto clave es determinar hacia donde se orientan las acciones, con qué sentido se realizan y reconocer quienes las orientan. Se trata de acepar a los seres humanos como creadores de significaciones que mueven su existencia y, desde allí, afectan a su entorno; así mismo, se reconoce que las significaciones se nutren de cosmovisiones que pueden provenir de tradiciones, o bien, por construcciones de sentido que se realizan en grupos que se van organizando y creciendo en torno de ellas.

2.2 Breve descripción del enfoque[1]

El desarrollo como ‘Construcción Socio Cultural Múltiple, Histórica y Territorialmente contextualizada’ (CSCMHT) resultó, como se enunció anteriormente, de la indagación de varios autores que teniendo posiciones críticas frente a la comprensión del desarrollo en su enfoque convencional, expresaban ideas, conceptos, reflexiones y sugerencias, acerca de lo que se debía tener en cuenta en los procesos de desarrollo, o de lo que debía comprenderse por ‘desarrollo’ ‘de’ o ‘para’ la sociedad. La recopilación de estos aportes dio como resultado la identificación de cerca de 20 características de lo que ‘debiera ser’ el desarrollo para la sociedad. Estas características fueron agrupadas por dimensiones (humana, socio-política, económica y espacio-temporal) y se logró establecer conexiones lógicas entre ellas, a través de lo que se denominó ‘ejes estructurantes’; a continuación presentaré cada una de ellas.

2.2.1. Dimensión humana

El sentido humano, en esta manera de comprender el desarrollo, se refiere a la posibilidad que tienen los seres humanos de orientar las dinámicas de la sociedad hacia horizontes de sentido que sean significativos para diversos grupos de población, en distintos contextos territoriales, históricos, sociales, culturales y políticos. Los seres humanos involucrados se comprenden como sujetos, libres, éticos y con capacidad de dotar de sentido su existencia. Cada una de estos componentes, se asumen como características del nuevo enfoque de desarrollo.

2.2.1.1. El ser humano se concibe como ‘sujeto’[2]

La noción ‘Sujeto’ alude a alguien que es capaz de conocer lo que subyace en su propio ser (sub) y expresarlo o lanzarlo hacia el exterior (jectum). Implica un ponerse en contacto con su propio ser, con su sí mismo, con su intimidad, es decir, aquello que jalona su existencia y le da sentido. Se habla de la potenciación del ser humano, no de manera utilitarista sino para transformarse en ‘persona’ humana, capaz de conocer, amar y transformar.

Se enuncian como características de los sujetos, las siguientes:

-          Conciencia de su ser integral: El ser humano se asume como ente físico, biológico, social, político, económico, afectivo, espiritual, consciente de sus emociones y capacidades para transformar, dinamizar, recrear la realidad, relacionarse y asumir sus actos; como alguien que es capaz de activar el pensamiento y la reflexión en torno a su contexto. Es alguien que reconoce su pasado, que tiene capacidad de memoria, que identifica dinámicas de su presente e imagina su futuro, afirmando su libertad y construyendo una identidad que requiere la interpretación de la propia historia, de los vínculos significativos con otros y de la búsqueda de un sentido de vida. Es un ser consciente de ser parte de la naturaleza y de su relación con un entorno social.
-          Construcción de su propia identidad: La construcción de identidad responde a la búsqueda de un bien y al sentido mismo de la existencia u horizonte de vida; se  realiza a partir del establecimiento de vínculos con otras personas que son significativas; se configura a partir del diálogo, se evidencia a partir de una narrativa, y resulta de la interpretación de la propia historia. No puede confundirse con los procesos de identificación con valores, ideologías, grupos o personas, aunque éstos puedan incidir en la visualización de un sentido de la existencia. La incorporación de esos elementos en la propia identidad debe pasar por un proceso reflexivo y por una decisión personal, no por una imposición. 
-          Conciencia de la dignidad humana: La conciencia de los sujetos sobré sí mismos como seres integrales, así como la construcción de su identidad en interacción con otros, va permitiendo adquirir una mayor conciencia y valoración propia y de los otros, que se va expresando en el reconocimiento de derechos y deberes. Se llega a la comprensión de la dignidad humana no por lo que se posee, sino por lo que se es; el sentido de la dignidad está a su vez relacionado con la vinculación a un lugar y la pertenencia a un grupo o sociedad; se es alguien para alguien, que a su vez reconoce lo que soy y reconoce mi lugar.
-          Capacidad de relacionarse armónicamente con otros y con el entorno natural: El cuarto descriptor de los sujetos, se puede comprender como un resultado de los anteriores. A través de la toma de conciencia de sí mismo, de la construcción de su identidad y de la valoración de su dignidad humana se va comprendiendo que la existencia particular está ligada de manera indisoluble a la de los otros seres humanos y a la de los elementos de la naturaleza. Su relación con éstos no es de explotación y usufructo indiscriminado para sus propios intereses, sino de interacción armoniosa y respetuosa, mediada por su profunda valoración.

2.2.1.2. El Desarrollo está dotado de sentido

La configuración de sujetos permite la consolidación de procesos conscientes, inicialmente a nivel individual y posteriormente colectivo, en los cuales el sentido de vida resulta siendo un elemento esencial y estructurante de la propia existencia; el sujeto, en tanto toma conciencia de su existencia, la dota de sentido marcando objetivos para ella. Por otra parte, esos sentidos de vida se consolidan al entrar en diálogo con otros, que se permean y a su vez contribuyen a permear otros.

La concreción de procesos en la sociedad para alcanzar algunos de esos horizontes se sentido, se reconocerá como ‘procesos de desarrollo’ que difieren de los actualmente conocidos, porque no serán únicos y hegemónicos, ni tenderán a la homogenización de sus participantes.  Por el contrario, admiten la pluralidad de procesos que pueden coexistir o incluso retroalimentarse, si los sujetos que participan en ellos lo consideran así.

2.2.1.3. El desarrollo se fundamenta en la libertad de los seres humanos[3]

La posibilidad de los sujetos de configurarse como tales, de construir su identidad, de definir sus horizontes de sentido, de asumir su propia vida de manera autónoma y en relación con otros de manera significativa, plantea como requisito para lograr y realizar todo lo anterior, la libertad; ésta se define como capacidad y posibilidad de orientar la propia existencia hacia aquellos elementos que son significativos.

Es además claro que distintos procesos orientados por horizontes de sentido múltiples, tanto individuales y colectivos, implica la confluencia de varias ‘libertades’ que deben regularse. No se trata en ningún caso de imponer un proceso sobre otros, ni de validar medios que impliquen la destrucción de alguno de ellos.

2.2.1.4. El desarrollo se concibe desde la ética[4]

Ética como noción, tiene su origen en los conceptos griegos êthos, que significa ‘carácter’ y éthos que significa costumbre. La palabra ética se deriva del primero, aunque en muchos casos se interpreta como el segundo. La ética, como disciplina asume una reflexión y comprensión de las acciones humanas; realiza un juicio sobre ellas, en función de sus implicaciones y consecuencias. El carácter de las acciones realizadas por los seres humanos de manera consciente, se expresa en sus efectos positivos o negativos para otros seres humanos, para la naturaleza, la cultura o la sociedad en su conjunto. Lo que no está muy claro es como se construye ese marco valorativo; en algunos casos, se pueden identificar la proclamación de principios o valores, que resultan de acuerdos o consensos sociales que llevan a determinar unos valores generalizables para todas las sociedades y que tienden a ser asumidos de manera global; tal es el caso, de la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. Hay otros casos, en que no se realiza de manera explícita, sino que se van asumiendo colectivamente.

Antonio Elizalde señalar la importancia de la ética en el desarrollo y propone unos contenidos específicos para ella:
El desarrollo (…) requiere de nítidos contenidos éticos: el respeto de la diversidad biológica y de la diversidad cultural; la coexistencia de una pluralidad de racionalidades, es decir tolerancia; el reconocimiento de la pluralidad de modelos posibles; una aproximación no reduccionista a la economía; la existencia de enfoques pluralistas y no reduccionistas sobre la tecnología; la valoración de los seres humanos como un valor último y no meramente instrumental; el respeto sagrado de la biosfera como base la sustentación de la existencia humana; y la responsabilidad por la administración del cosmos y la integridad y supervivencia de la naturaleza. Asimismo, el desarrollo también debe contener la existencia de un profundo ethos solidario, que se exprese en solidaridad interna de los pueblos, solidaridad internacional y solidaridad intergeneracional. Sólo la solidaridad puede restañar los efectos de las dinámicas excluyentes de las fuerzas del mercado y de los procesos de crecimiento operando sin ningún control o regulación. (1996, p. 9)

La ética del desarrollo además de considerar un marco valorativo como referente ‘universal’, debe considerar también valores propios de determinadas culturas que se expresan de manera particular en distintos territorios y que les confieren identidad, además de nuevos valores que van surgiendo en los mismos procesos.

2.2.2. Dimensión socio - política

Si bien el desarrollo entendido como ‘Construcción socio cultural múltiple, histórica y territorialmente contextualizado’ parte de los sujetos, no se trata de propuestas individuales o procesos orientados por líderes de manera autónoma. Por el contrario, se trata de procesos sociales orientados por sujetos colectivos (como seres conscientes que construyen su identidad y se proyectan hacia horizontes de sentido común); es decir, se retoma el carácter socio-cultural y político de las dinámicas de desarrollo, que además se contextualizan en territorios concretos, en momentos históricos particulares.

Se plantea entonces como múltiples propuestas para orientar dinámicas sociales particulares, pero que, como se verá más adelante, pueden incidir en algunas de carácter global y no como una sola, de carácter hegemónico y uniformizante.

En este aparte, retomaremos las características que consideramos tienen que ver más con los componentes socio-culturales y políticos del desarrollo.

2.2.2.1. El desarrollo debe ser construido desde la base social[5]

La configuración de sujetos individuales implica entrar en diálogo con otros significativos, con quienes finalmente, se comparte el sentido de la existencia. Este sentido común, da lugar a la constitución de ‘comunidades’ que se distinguen de las tradicionales, entre otras, por las siguientes características:
-          Son creadas como resultado de un acercamiento voluntario entre distintos sujetos que comparten horizontes de sentido, valores, formas de ver la existencia, maneras de ser y de estar en el mundo, de manera general.
-          No tienen permanencia definida en el tiempo y el espacio, ni una identidad permanente.
-          Priman las relaciones horizontales, sobre las autoritarias y de poder.
-          Se construyen sobre acuerdos colectivos, en algunos casos tácitos.
-          Se fortalecen por la interacción y el diálogo permanente entre sus miembros.
-          Son abiertas e incluyentes. La apertura permite que los sujetos, puedan pertenecer simultáneamente a otras comunidades; se plantea la existencia de sujetos con ‘pertenencias’ múltiples, no con ‘identidades’ múltiples.
-          La pertenencia por parte de los sujetos a múltiples ‘comunidades’, les permite comprender diferentes formas de interpretar y valorar el sentido de la existencia, así como de orientar los procesos de desarrollo. Lo anterior facilita el intercambio y comunicación entre distintas ‘comunidades’, lo que permite la configuración de redes sociales y la posibilidad de constitución de procesos sociales de mayor cobertura. 

Como se puede observar, la nueva comprensión de las ‘comunidades’ permite valorar su capacidad movilizadora en las sociedades, incluso a nivel mundial. Se trata de considerar y activar sus potencialidades y posibilidades de actuación.

2.2.2.2. Se fundamenta en las diferencias culturales y en las relaciones interculturales[6]

La diversidad social y cultural se ha planteado como un derecho de los habitantes de la tierra o como una realidad que se debe asumir. Para el nuevo enfoque de desarrollo se concibe además, como una verdadera riqueza que proveerá a los proyectos colectivos, formas de ver, interpretar e intervenir las realidades particulares, de múltiples maneras, a partir de esas diferencias. Implica un diá-logo (ir al sentido de lo ‘otro’) a través del cual se toma consciencia sobre valores, formas de pensar y de actuar que siendo diferentes a las propias, se pueden incorporar en el sentido de la existencia.

Además de lo anterior, se reconoce en la diversidad cultural una manera de enfrentar las dificultades comunes en todos los pueblos, de múltiples maneras, tal como lo expresa Adela Cortina: “Ninguna cultura tiene soluciones para todos los problemas vitales y (…) puede aprender de otras, tanto soluciones de las que carece, como a comprenderse a sí misma. (1999, p.179).

2.2.2.3. Se concibe democrático[7]

La democracia que se propone en el nuevo enfoque de desarrollo implica una alteración de la lógica tradicional de la democracia, que parte de una democracia ‘política’ para lograr, hipotéticamente, relaciones democráticas en los otros ámbitos. En este nuevo enfoque, se plantea la necesidad de construir, inicialmente, relaciones democráticas en los ámbitos sociales, culturales y económicos, de manera que se expresen en el ámbito político; para ello, se establecen como parámetros formas de democracia ‘socio-cultural’, ‘económica’, ‘política’ y ‘global’, como se verá a continuación.

Democracia social y cultural: Por democracia social y cultural se entienden las relaciones que se establecen en la vida cotidiana, de manera horizontal. Se trata reconocer al ‘otro’ como persona, con sus valores, capacidades y potencialidades, para lograr niveles de coexistencia armónica y convivencia. Implica cancelar todas las formas de autoritarismo en las relaciones humanas.

Democracia económica: La democracia económica alude a la capacidad que tiene la sociedad de distribuir sus recursos y bienes entre todos sus miembros. En el nuevo enfoque de desarrollo se plantea la construcción de relaciones económicas democráticas por dos vías: por la re-significación de la economía, como se verá más adelante, y por el fortalecimiento de relaciones empáticas, que permiten considerar a otros seres humanos - aún sin conocerlos - como parte de la propia vida y a partir de allí, establecer interacciones solidarias.

Democracia Política: La democracia política en el nuevo enfoque, es resultante de las formas de democracia socio-cultural y económica; se concibe como una expresión y consolidación de éstas en la esfera de lo público. Implica la construcción de proyectos colectivos de mayor envergadura y su puesta en escena y contrastación con otros; exige, así mismo, destrezas que tienen que ver más con la capacidad de visualizar horizontes de sentido colectivos, de argumentar su pertinencia, de entrar en diálogo con otros y de establecer puentes entre grupos diversos. Se trata además, de fortalecer liderazgos colectivos en lugar de liderazgos individuales.

Democracia global: La democracia, tal como se ha venido concibiendo y ‘construyendo’ desde los ámbitos micro-sociales hacia los macro sociales, se expresa en un ámbito mayor, el global. Una democracia global requiere de organizaciones y acciones transnacionales, que apunten a la realización de valores aceptados de manera conjunta en los distintos contextos territoriales y culturales, entre ellos, los derechos humanos.

2.2.2.4. El desarrollo se concibe como proceso Auto-dirigido (en términos relativos)[8]

El auto direccionamiento de los procesos de desarrollo se refiere a las capacidades y posibilidades reales que los grupos humanos organizados poseen para orientar las dinámicas sociales hacia horizontes se sentido compartido, como se ha venido planteando; se trata de hacer la transición entre lo que se asumía como población ‘objeto’ ‘del’ desarrollo, generalmente por tratarse de población excluida de los grupos de control social y político, para llegar a la verdadera configuración de sujetos sociales capaces de actuar como agentes de cambio y transformación de las sociedades, es decir de ‘sujetos de desarrollo’.

Se debe aclarar que si bien el auto-direccionamiento de los procesos de desarrollo se realiza desde las bases sociales, ello no significa que no se incida en las dinámicas globales, como ya se ha dicho. Una forma de hacerlo es poniendo sobre el ‘escenario’ global, horizontes de sentido, valores, formas de vida significativa, buscando en otros grupos resonancia y adhesión consciente. Es por esta vía que se van generando ‘identidades compartidas’.

2.2.2.5. El desarrollo se concibe como proceso autorregulado en términos relativos[9]

La autorregulación se considera una propiedad de los sistemas sociales, que consiste en su capacidad de adaptación, estabilización, control y respuesta a los elementos entrópicos (energías negativas que tienden a desestabilizarlo y destruirlo) permitiendo mantener su individualidad, autonomía e identidad. Implica la conservación del equilibrio entre los elementos que componen su sistema en relación con las dinámicas externas e internas, que puedan llegar a afectar su proceso, tanto en sentido positivo como negativo.

Mediante la autorregulación, un proceso de desarrollo podrá incorporar los elementos positivos provenientes del exterior, como oportunidades, así como los elementos internos que fortalecen la dinámica de dicho proceso. Por otra parte, podrá neutralizar, o transformar a su favor, elementos considerados negativos. La autorregulación se puede asociar a la noción de sustentabilidad, que se refiere a la posibilidad de mantener la permanencia del proceso en el tiempo.

2.2.3. Dimensión económica

En el desarrollo comprendido como construcción socio cultural múltiple, la economía se retoma en su sentido original como ‘oikos’, en términos amplios. Los elementos estructurantes de la propuesta económica en este nuevo enfoque de desarrollo tienen que ver con la re-significación de la economía en términos de una economía comprensiva y ‘comprehensiva’, solidaria y ecológica; con la prioridad de utilizar recursos ‘no convencionales’ y con la generación de dinámicas económicas haciendo énfasis en la utilización racional y transformación de elementos propios de los territorios.

2.2.3.1. El desarrollo se basa en una economía comprehensiva, solidaria y ecológica[10]

La economía comprensiva, propuesta por Luis Razeto (2000) alude a los múltiples intercambios económicos entre los seres humanos, no exclusivamente mediatizados por la moneda, a diferencia de la ‘crematística’ como ‘arte de hacer riqueza’; de este modo, la producción de riqueza y la acumulación no se constituyen en horizontes de sentido. Así, las relaciones económicas se consideran una manera de activar procesos sociales mucho más amplios. Esta economía supone formas alternativas de financiamiento (de bajo o sin interés; de bajo monto y corto plazo); de producción (unidades económicas que contribuyen a la construcción de vínculos solidarios y de afecto, donde se comparte el conocimiento, teniendo como base las relaciones horizontales y el trabajo compartido); de intercambio de bienes, (con posibilidades de intercambios que favorecen relaciones de reciprocidad, como el trueque y la utilización de monedas alternativas locales); de consumo, (aluden al uso racional de los bienes y recursos, contrario al consumismo y a la masificación. Se enfatiza en la reutilización de bienes, o en el aprovechamiento de sus partes como insumos para nuevos bienes; en el reciclaje y en la valoración de un estilo de vida simple y frugal).

La ‘economía ecológica’ enfatiza en valorar los elementos de la naturaleza no como recursos para explotar, sino como componentes sistémicos de comunidades de vida, cuya afectación genera desequilibrios profundos; corresponde a los seres humanos, velar por su conservación.

2.2.3.2. Tiene en cuenta y promueve la utilización de recursos no convencionales[11]

Se entiende por recursos económicos “todos aquellos elementos y fuerza, materiales e inmateriales, naturales y humanos, que tengan la potencialidades de ser aprovechados en algún proceso o actividad económica de cualquier tipo” (Razeto; 1994: 39). Cuando se habla de aprovechamiento, no se plantea su explotación de manera indiscriminada e irracional.

Los recursos no convencionales, a diferencia de los convencionales, no existen por sí mismos como objetos sino que se derivan de las capacidades humanas, de la conciencia sobre su utilización, y de la voluntad y acciones realizadas por las organizaciones para su aprovechamiento y conservación. El grupo de CEPAUR, identifica algunos de ellos:
“Conciencia social; cultura organizativa y capacidad de gestión: creatividad popular; energía solidaria y capacidad de ayuda mutua; calificación y entrenamiento ofrecido por instituciones de apoyo; capacidad de dedicación y entrega (…) Es preciso destacar la particularidad muy especial que distingue a los recursos convencionales de los no convencionales. Mientras los primeros se agotan en la medida en que se utilizan, los segundos se pierden solo en la medida en que no se utilizan. Por ejemplo, la solidaridad que se da, es solidaridad que crece; el conocimiento que se entrega es conocimiento que se expande” (CEPAUR, 1986: 77)

Los anteriores recursos ‘no convencionales’ se asemejan a lo que Razeto denomina ‘factor c’, que tiene que ver con las capacidades y potencialidades que puestas al servicio de los procesos económicos fortalecen los lazos comunitarios. Esta noción se asimila, en parte, a la de ‘capital social’, pero difiere del contenido, intencionalidad y significado que se le otorgó en las dinámicas económicas convencionales.

2.2.3.3. El desarrollo se concibe como proceso auto producido en términos relativos[12]

Con el término de “autoproducción” se resalta la utilización de las capacidades de los sujetos y potencialidades de los territorios involucrados en los procesos de desarrollo, en lugar de depender de recursos exógenos que generan relaciones de dominación e incertidumbre. Se plantea la identificación de ellas teniendo en cuenta los componentes significativos en cada cultura y territorio; esto implica el fortalecimiento de la investigación y el desarrollo de tecnologías adecuadas a los contextos locales, así como del reconocimiento y aprovechamiento de los saberes ancestrales y populares.

2.2.3.4. El desarrollo se concibe como proceso autopropulsado en términos relativos; implica la generación de dinámicas endógenas

A diferencia del enfoque convencional de desarrollo, en donde las dinámicas dependen principalmente de fuerzas provenientes del exterior, en este enfoque se hace énfasis tanto en los recursos propios de los territorios, como en los procesos económicos autorregulados y en las capacidades de direccionamiento y autogestión en el ámbito político. Para ello se requiere fortalecer las autonomías locales, tanto desde la perspectiva política como administrativa, de manera que se generen capacidades para reinterpretar continuamente la realidad y readecuar los procesos a las situaciones cambiantes; dichas actividades implican la participación de amplios sectores de la población.

2.2.4. Dimensión espacio-temporal

A diferencia del enfoque tradicional de desarrollo, en donde las dinámicas transpasan las fronteras y se incrustan en localidades, sin adherirse a ellas, ni tener en cuenta su historia, en el nuevo enfoque se plantea la territorialización del desarrollo y la valoración de la historia y la cultura en cada uno de ellos. 

2.2.4.1. El desarrollo se concibe territorializado[13]

El concepto de territorio alude no sólo al espacio -como base física y material- sobre el cual el hombre habita, sino al conjunto de elementos simbólicos y representaciones del hombre que habita, y que hacen que interactúe de manera particular con respecto a  dicho espacio.  El territorio se concibe como un espacio vivido, marcado, reconocido y significado por quienes lo habitan, en ejercicios múltiples de ‘territorialización’; los territorios son dinámicos y cambiantes. Se concibe como hábitat no solo de los seres humanos, sino también de todos los seres de la naturaleza bióticos y abióticos, cuya existencia tiene sentido por sí misma y no en función de los intereses y requerimientos humanos.

El territorio contribuye, a su vez, a la configuración de sujetos; es inherente a su formación, a la interacción con otros; es un elemento de referencia que se incorpora en la construcción de sentidos de vida de quienes lo habitan, lo habitaron en un pasado y anhelan habitarlo en un futuro. El recuerdo de lugares en los que se ha vivido es un elemento que entra en los intercambios intersubjetivos, y se reconoce como parte de su propia identidad.
El reconocimiento y valoración por pertenecer a territorios concretos, así como la topo- filia que se genera por dichos territorios, no significa que las personas estén encerradas en ellos y no establezcan intercambios con otras realidades territoriales; por el contrario, es un punto de partida y un referente importante para comprender e interpretar conflictos y problemas mundiales ligados a las luchas territoriales.

2.2.4.2. El desarrollo se plantea auto-referenciado e históricamente contextualizado:

La auto-referencia se refiere al conocimiento y valoración de condiciones concretas en los contextos territoriales y culturales; se trata de considerar la transformación de los territorios y la cultura a través del tiempo, cotejando lo ‘positivo’ y ‘negativo’ (como energías ‘neguentrópicas’ y ‘entrópicas’) dentro de los marcos axiológicos que se han ido construyendo, con el fin conservar los elementos que son significativos y que permanecen en la memoria y, así mismo, neutralizando los elementos negativos. De esa manera, se dota de sentido las actuaciones en el presente y se ofrecen posibilidades para el futuro.

2.2.4.3. En el desarrollo se articulan dinámicas micro y macro, de la sociedad[14]

La insistencia en que el desarrollo parta de dinámicas endógenas, no significa que el proceso se aísle de las dinámicas globales; por el contrario, se busca niveles de articulación y de realización de unas en otras, pero impidiendo que las dinámicas globales dominen y subsuman las dinámicas locales. Para evitar esto, se deben realizar acciones en cada uno de los ámbitos.

En el ámbito micro, se deben fortalecer las organizaciones, las redes y las alianzas hasta ir conformando bloques, que logren asociarse con otros en un nivel mayor. Así mismo, se deben favorecer la constitución de redes y organizaciones globales que, focalizadas en valores y horizontes de sentido particular, favorezcan y adelanten acciones en distintas localidades. Lo anterior se plantea sin desmeritar la posibilidad de que experiencias locales y puntuales impacten dinámicas globales.

En el ámbito macro, se señala la importancia de controlar, regular, y/o reorientar dinámicas, que afecten territorios, recursos, culturas y dinámicas tanto locales como globales. Esto tiene que ver con incidir en las lógicas de expansión del capital.  Por otra parte, se trata de reconocer dinámicas positivas en los ámbitos mayores, que pueden contribuir positivamente a las dinámicas locales o bien, a regular fenómenos negativos.

2.2.5. Ejes estructurantes[15]

Hasta ahora hemos abordado distintos componentes o características del desarrollo agrupados por dimensiones. Ahora bien, ésta distinción, que se realiza para comprender cada componente en sí mismo, no significa que cada uno de los componentes o dimensiones puedan existir de manera aislada de las otras y con una dinámica independiente; por el contrario, de conciben de manera articulada e incluyente, hasta el punto de considerar la fragmentación entre ellas, o incluso la inexistencia de una de ellas, como un riesgo para la supervivencia del desarrollo entendido como construcción socio cultural múltiple.

Se concibe entonces un desarrollo de carácter integral, sistémico, sinérgico, emergente. Estos conceptos se relacionan entre sí y permiten la comprensión del desarrollo como un todo articulado; por eso, se denominan ejes estructurantes:
-          Integral: alude a la articulación de las dimensiones y de los componentes de las dimensiones. También se refiere a la comprensión de procesos de la sociedad de manera articulada a los de la naturaleza, buscando armonizar unos con otros.  
-          Sistémico: se refiere a comprensión de cada una de las dimensiones enunciadas, como partes de un sistema; supone la articulación e interdependencia de todas ellas y de los elementos que las componen.
-          Sinérgico: La sinergia es una característica de los sistemas que implica el surgimiento de nuevas realidades o características en los sistemas como resultado de la interacción de sus partes; esos resultados no se logran por la ‘sumatoria’ de los elementos, sino por la afectación de unos con otros.
-          Emergente: Los resultados de las múltiples y cambiantes interacciones entre los componentes del desarrollo y de éstos con los contextos en que se inscribe, da lugar a diversas ‘emergencias’ o elementos nuevos que se manifiestan y pueden fortalecer, debilitar o cambiar el rumbo de los procesos de desarrollo. Es importante, por lo tanto, poder incidir en dichas emergencias para lograr la permanencia de una dinámica en el tiempo.

A modo de cierre

Resignificar ‘el’ desarrollo implica ‘desnaturalizar’ el concepto y comprenderlo como una construcción social y cultural, cuando se aplica a procesos de la sociedad. Esto significa que las dinámicas de la sociedad se pueden orientar hacia múltiples horizontes de sentido o finalidades, teniendo en cuenta unas condiciones de origen dadas por los contextos territoriales e históricos y unas condiciones para su transformación que respondan a las características sociales y culturales de quienes se involucran en esas dinámicas.

Lo anterior significa que no se puede hablar ‘del’ desarrollo como un concepto unívoco, relacionado con representaciones sociales generalizadas y homogenizadas por las dinámicas de globalización y mucho menos, con un solo tipo de proceso conduciente a la expansión del capital y al crecimiento económico, generalmente manifestado en transformaciones físicas de los territorios.

La consideración de múltiples procesos de desarrollo que se generan en un mismo territorio (independientemente de su extensión), orientados hacia horizontes de sentidos diversos, pero no contradictorios, permite la construcción de sentidos de vida heterogéneos que pueden coexistir y retroalimentarse. Más que hablar de ‘desarrollo’ y mucho menos ‘del’ desarrollo, se propone aludir a ‘desarrollos’ como procesos que se adelantan de manera simultánea. Por otra parte la posibilidad de generar identidades con múltiples pertenencias, permite el establecimiento de vínculos naturales entre esos procesos y la generación de redes que perduran en el tiempo.

El desarrollo comprendido como Construcción Socio Cultural Múltiple Histórica y Territorialmente contextualizada, rompe con la concepción tradicional del desarrollo y se abre a diversas cosmovisiones que pueden tener su origen en pensamientos ancestrales, pero también considera sentidos de existencia aportados por grupos sociales que construyen sus identidades en la interacción y diálogo entre sus miembros. Se ha planteado como un ‘nuevo enfoque’ de desarrollo, que en realidad alude a múltiples ‘focos’, como finalidades u horizontes de sentido. La consideración de múltiples procesos no excluye la coincidencia de algunos de ellos o de aspectos comunes entre ellos. Así mismo se toma en consideración construcciones colectivas que se dan alrededor de elementos significativos de grupos organizados que congregan gran número de personas, como un referente importante.

La coexistencia de múltiples procesos que establecen conexión entre ellos, es una manera de construir sociedad desde las bases sociales; se ubica en la perspectiva de la ‘transmodernidad’ o ‘modernidad reflexiva’ y podría comprenderse como propuesta de ‘trans-desarrollos’. Con la propuesta, no se trata de pensar en alternativas ‘de’ desarrollo, para mejorar el convencional, sino de utilizar correctamente el concepto, cuando se aplica a dinámicas ‘de’ o ‘para’ la sociedad.

Romper con los paradigmas de la modernidad como fundamento de la concepción convencional del desarrollo, implica cambiar el carácter del pensamiento formal, particularmente la lógica lineal, el razonamiento dual y excluyente, la tendencia a uniformizar los fenómenos, la valoración de la materialidad y los hechos empíricos como elementos demostrativos de los procesos, entre otros, por ‘nuevas’ formas de pensamiento que incluyen las holísticas de las culturas ancestrales, pero también las surgidas en occidente en torno al ‘pensamiento complejo’, en el cual se consideran lógicas sistémicas, dialógicas, recursivas, retroactivas, hologramáticas, reflexivo-reflectivas, entre otras. Estas nuevas maneras de concebir los fenómenos son necesarias para fundamentar la nueva concepción de desarrollo(s).

Al comprender las dinámicas sociales desde la perspectiva descrita, se podría prescindir del concepto ‘desarrollo’; no obstante, se considera práctico seguir utilizándolo, por su carácter movilizador, siempre y cuando se consideren como posibilidad de múltiples procesos y se tengan en cuenta el conjunto de características enunciadas, además de la integralidad y sinergia entre ellas. Considero que el problema no es del concepto en sí mismo, sino de la inadecuada comprensión de éste cuando se aplica en los procesos de la sociedad.

La propuesta de desarrollo como ‘Construcción socio cultural múltiple, histórica y territorialmente contextualizada’ cuenta en la actualidad con un ‘sistema categorial operativo’ que ha permitido acercar el componente teórico y conceptual a diversos procesos sociales, tanto para su valoración, como para su activación. Así mismo ha dado lugar a otra propuesta teórico-metodológica que articula componentes de investigación-acción, pedagogía social y proyección en dinámicas de hábitat y habitar humanos, que hemos denominado ‘Construcción Social del Hábitat’ y que ha sido aplicada en varios contextos territoriales.

Si bien, la propuesta viene siendo desarrollada en algunos espacios socio-territoriales, no se debe dejar de lado la dificultad que debe afrontar al hacerle contrapeso al concepto tradicional de desarrollo, ya que éste último sigue siendo teniendo peso ideológico y operativo como orientador de políticas públicas y como forma de representación de la población que lo asimila con ‘progreso’ y con ‘bienestar’. Se sigue asumiendo como ‘mandato’ por los gobernantes y como manera de matizar la implementación de políticas neoliberales y economicistas, bajo la apariencia de inversiones sociales; así mismo se justifica su implementación como una manera de estar en el escenario de las dinámicas globales y de entrar en los criterios de valoración universales, homogéneos y hegemónicos.

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* María Cecilia Múnera López. Lic en Educación, Universidad Pontificia Bolivariana; Mg en Cooperation au Développement, Université Libre de Bruxelles. Profesora Titular y Profesora Emérita de la Universidad Nacional de Colombia. Investigadora y directora de la línea de investigación Desarrollo y Participación del grupo Escuela del Hábitat – CEHAP. Entre sus publicaciones están los libros: “Hacia un Desarrollo no convencional”, “Resignificar el Desarrollo” y “De la participación destructora a la participación sinérgica”.

[1] Las ideas que serán presentadas a continuación son una síntesis realizada del desarrollo comprendido como ‘Construcción Socio Cultural Múltiple, Histórica y Territorialmente contextualizada’, tomados del artículo: ‘El desarrollo para la sociedad: propuesta desde los seres humanos en un contexto global’ que escribí como parte del texto ‘Mujeres y Hombres nuevos para un mundo nuevo: la construcción de la Identidad Cosmopolita Global en el proyecto Educativo Compañía de María’ coordinado por César García Rincón de Castro y que está en proceso de edición por parte de la editorial PCC - Madrid. Dicho artículo se basa en el texto ‘Resignificar el Desarrollo’ que escribí en el 2007 y fue editado por la Universidad Nacional de Colombia.

[2] En este aparte se retoman ideas de Sergio Boisier, Adela Cortina, Edgar Morin, Alain Touraine, entre otros.
[3] Este tema ha sido trabajado ampliamente por Amartya Sen y Emilio Martínez, entre otros autores.
[4] En este texto se retoman reflexiones de Antonio Elizalde, Emilio Martínez, Cornelius Castoriadis, y Edgar Morin.
[5] Algunos de los autores que aportan ideas que nutren el texto son: Scott Lash, Sergio Boisier, Adela Cortina, Edgar Morin, Antony Giddens y Alain Touraine.
[6] Adela Cortina, Sergio Boisier, Arturo Escobar y Edgar Morin, entre otros autores, han aportado a la reflexión.
[7] Las nuevas ideas sobre democracia son tomadas de textos de Jorge Luis Garay, Antonio Elizalde, Cornelius Castoriadis, Alain Touraine, Edgar Morin, y M. Dolors Oller i Sala.
[8] Se retoman ideas de Osvaldo Sunkel y Pedro Paz y de Edgar Morin
[9] Igualmente, se retoman ideas de Sunkel y Paz y de Morin
[10] En este aparte se retoman ideas de Luis Razeto, Mario Arango, Antonio Elizalde y Manfred Max-Neef
[11] Se retoman aportes de Razeto, Elizalde y Max-Neef
[12] Se retoma el concepto de ‘auto poiesis’ planteado por Maturana y Varela
[13] Los conceptos de territorio y territorialidad se retoman de José Luis García y de María Clara Echeverría y Análida Rincón
[14] Quienes más han aportado a la reflexión en este aparte, han sido Sergio Boisier y Tomas Villasante.
[15] Se han retomado reflexiones de Antonio Elizalde, Jordi de Cambra Bassols, Rafael Bernal y Sergio Boisier