domingo, octubre 29, 2006

El Bobo de Pueblo

Escrito Cotidiano por Carlos Eduardo Vásquez.
Quien no haya visto un “bobo de pueblo” no podrá entender la siguiente historia. El “bobo de pueblo” está a mitad de camino entre un personaje municipal y un pobre vergonzante. Vergonzante, por que casi siempre el “bobo de pueblo” pertenece a una de las mejores familias de la región. Es como si el destino tomara revancha por darle a unos tanto y a otros tan poco.

Pues bien, uno de estos “bobos de pueblo” viajaba en un bus intermunicipal a cinco filas de mi silla y por eso pude ver y escuchar lo que narro a continuación.

El “bobo” conversaba con uno de esos antioqueños afables y dicharacheros de bigote y sonrisa permanente. Su carriel lo situaba en una edad indefinida y le daba un aire de estar detenido entre dos épocas.

Estos personajes hablaban de la muerte del hermano del “bobo”. Un hombre muy rico al parecer. El “bobo” había viajado al entierro y contaba los pormenores del evento a su interlocutor. Entre las situaciones tragicómicas que iba contando, el “bobo” hacía lo que mejor sabe hacer un “bobo”: decir bobadas… Por ejemplo, decía que cuando muriera iba a dedicarse a “espantar” a la gente que lo hubieran conocido en vida. El otro, con sorna, le pedía que por favor a él no lo fuera a asustar. El “bobo” también mencionaba las ventajas de casarse con un cura… pero ¡él!

Los quince pasajeros del bus escuchábamos divertidos a la pareja cuando de pronto la situación adquirió un tono solemne. El “bobo” se puso serio y un amago de llanto cruzó por su rostro. Empezó a hablar de su hermano como si estuviera vivo. Con sus palabras lo resucitó y le empezó a dar vida. El del carriel tuvo paciencia, pero cuando el “bobo” alucinando dijo: “Es que mi hermano es el ricachón del pueblo”, el otro no pudo más y le corrigió: “Hombre, era… era, no ve que está muerto”. El “bobo” insistió: “No, mi hermano está vivo.” El del carriel replicó: “¿pero no me dijo, pues, que lo llevaron hasta el cementerio?” El “bobo” se empecinó: “Si, está en el cementerio, ¡pero está vivo!” a lo que el del carriel replicó desesperado: “Vea, una persona que esté en el cementerio no puede ser sino un difunto… a no ser que usted me haya dicho mentiras y entonces su hermano sea el sepulturero del pueblo, pues”

La risotada de los ocupantes de bus, ocultó el sollozo de tristeza del “bobo” y la mirada de furia que le lanzó a su imprudente acompañante.

Yo me bajé en ese momento y no supe del desenlace de la conversación. Me quedé como las señoras cuando se pierden un capítulo de su telenovela preferida. La verdad es que me he convertido en un adicto a las cotidianidades y hay historias que no dejan otra alternativa sino contarlas.

martes, octubre 24, 2006

GRAFFITI

Escrito Cotidiano por Carlos Eduardo Vásquez.


Todo se juntó... El “mail” sobre la mala leche de los colombianos asociada con los prófugos españoles que llegaron a América. La falta de plata para comprar la horca de mi angustia tercermundista. La crítica de algunos compatriotas que dicen que nuestros males no tienen que ver con ellos sino con el resto de habitantes de este circo que llamamos país. Y como remate, me escribe un amigo y me dice que ya “huele a natilla y buñuelos por que viene diciembre”.

¡Que vaina! pensé con el último comentario, otra vez a gastar lo que no me he ganado, a soportar los escándalos navideños de los vecinos y aguantar la hipocresía creciente de tipos y tipas que ni conozco pero que influenciados por el ambiente navideño y la intoxicación alcohólica me quieren vender la idea de un mundo feliz…

En fin, estos absurdos, me terminaron emboscando en un baño de la universidad.

El caso es que orinaba a puerta cerrada, pido perdón a los sensibles, pues tengo la manía de conservar la privacidad de ciertas funciones corporales. Cuando veo un único graffiti escrito en la pared. Alguien había dibujado una cruz gamada y había garrapateado más abajo “Arriba los Nazis”.

Imaginé al idiota que escribió el texto, su enternecedora ignorancia y su desenfocada rebeldía. Estaba seguro que el tipo ni siquiera había leído dos letras seguidas de un texto serio sobre el nazismo y su paranoia racial.

No soy escritor de paredes ni nada parecido. Pero confieso que no pude evitar sacar mi lapicero y escribir con toda la rabia contenida en mi interior una respuesta para el imbécil y sus seguidores:

“Los mestizos nunca podremos ser nazis.”

Imagino que la navidad de la que habla mi querido amigo llegará pronto y con ella las vacaciones universitarias. Las paredes estarán repintadas y para el próximo año, mi trivialidad y la de mi adversario gráfico habrán sido borradas. La pared volverá a ser blanca y el ignorante seguirá en su ignorancia.

Solo me preocupa un asunto. Dicen que uno comienza por perdonarse las pequeñas cosas y termina justificándose en las grandes cosas…

¿No habrá presenciado la pared de este baño universitario el nacimiento de otro irredento escritor de graffitis?

sábado, octubre 21, 2006

Pensamientos de Longaniza




Qué difícil es sentir que a uno no lo entienden. Creo que constantemente experimentamos la sensación de que los otros no saben exactamente de qué estamos hablando, aunque estén asintiendo con su cabeza mientras pronunciamos nuestras palabras.

En un salón de clase ese mismo sentimiento no sólo se repite sino que se expande matemáticamente. Las universidades son, por lo general, el templo de los estudiantiles “noentiendo” y de los profesorales “nomentienden”.

Acusamos en los demás su incomprensión para con nosotros (Al tiempo que sucede lo contrario; pero ése es otro tema: cómo entender a los demás).

Y tal vez esa certeza de que los otros no están sintonizados con nosotros se deba a que constantemente queremos que piensen como pensamos. En eso he estado discurriendo en estos días. De ahí que viniera a mi memoria uno de los episodios de El Chavo en el cual quedan claras ambas cosas: primero, los otros no acceden a mi ideas, es decir no me entienden, -en parte- porque –segundo- no son como yo.

El maestro Longaniza, ese ser acostumbrado al tremendo sentimiento –más bien diría certeza- de que no le entienden, trata de mostrarles a sus estudiantes la importancia de leer. Así que usa lo mejor de su discurso, enarbolado, bello, rimbombante, retórico, lleno de bellas figuras, para insistir en la importancia de los libros como fuente para la imaginación, como forma de habitar en mundos sorprendentemente desconocidos, de enamorarse de personajes provenientes de cualquier parte del universo, etcétera, etcétera.

Ya con pequeñas lágrimas a punto de salirle, remata su intervención diciendo algo así como: “Niños, tener un libro es acceder al mayor tesoro de la sabiduría humana; mientras lean serán personas valiosas… Podrán soñar, e imaginarse universos maravillosos. Si leen un libro… Si leen un libro: ¡Serán como yo!”

Y todos los niños arrojan sus libros por el aire.

lunes, octubre 16, 2006

Kill o Gram

Escrito Cotidiano por XIOMY.

Diariamente reviso el correo. En esta ocasión no había nada importante, solo una gran lista de re- envíos. Me puse en la tarea de eliminar uno por uno, pero me llamo la atención uno en particular que tenía como nombre “adora tus kilitos de más”. Mi curiosidad ingenua de lo que iba a ver se estrelló con una cruel realidad. Eran las imágenes de estas mujeres.

Estas imágenes me hicieron sentir al principio tristeza, luego rabia y por ultimo lástima. La persona que me envió el mail lo hizo de muy buena intención, de hecho logró su propósito, porque al ver las imágenes me sentí bonita y afortunada de poseer salud en mi cuerpo y mi mente.

Nos estamos matando. Diariamente criticamos el terrorismo, los cambios de clima y el hambre y la miseria que está arrasando el mundo, el exceso de dinero y poder que tienen algunos y que les falta a los otros…

Es deprimente ver como hay personas estúpidas, egoístas, ególatras, ingenuas… no sé como llamarlas; que encarnan en su cuerpo todo el dolor y la miseria que deja lo que criticamos de una manera voluntaria y desquiciada. Vendan sus ojos con la obsesión, por lo que son y lo que quieren llegar a ser, por la realidad y la fantasía; son personas que encierran una dualidad, en su mente lo bello, hermoso y por que no casi perfecto, y en la realidad de su cuerpo lo aterrador, horrísono y funesto.

¿Por qué lo hacen? No porque quieran ser santas, ni mártires, ni por expresar una injusticia y muchos menos por necesidad y pobreza. Es por vanidad y consumismo, por encajar en el rompecabezas del mundo, el cual se rompe con un suceso (la guerra, la tecnología… etc.) y al poco tiempo vuelve y reestablece su estructura con nuevas figuras; por ser un color para ellas exacto y perfecto que no desentone en este arco iris.

Pero como dice Lotze “abrirse la realidad, como una flor, en nuestro espíritu” por triste y descarnada que esta pueda llegar a ser.

Soy una mujer un poco vanidosa. Lo digo en el sentido que me gusta verme bien por mí misma y no por los demás. Me reconfortó saber que a pesar de que el mundo influye en mí, no lo hace de un modo tan intenso o ¡al menos yo no lo dejo! Eso me hace pensar que soy fuerte y no tan vulnerable como creo ser.

Me sentí afortunada por poseer otra imagen de belleza femenina. Esta le da más importancia a la esencia y no a la existencia…. Además, al ver a estas mujeres quien no se siente feliz de tener unos kilitos demás; así sean mal puestos ¿no?

domingo, octubre 15, 2006

BILLETERA

Escrito Cotidiano por Andrés David Ospina, Estudiante de Ingeniería de la UCO


Eran las 7 de la mañana. Sonó el teléfono y dormido escuché la voz de un señor que traía un cheque de mi papá. Concertamos una cita en el parque y el portador del cheque me aclaró que tenía que ser de inmediato.

Me puse una pantaloneta y unos tenis. En la puerta, la señora de la casa me dijo que llevara los documentos para cambiar el cheque de una vez.

Me devolví por la billetera y la guardé en un bolsillo. En el taxi, recordé que mis amigos me decían que tuviera cuidado con la billetera. Pensé: “en cuanto pare el taxi me fijo que esté ahí. Pero no fue así, se me olvidó por completo.

El señor me dio el cheque, pero no lo pude cambiar en Rionegro porque no hay Bancafé.

Llegué a mi casa y recordé la billetera… ¡No estaba en mi bolsillo! Ahora cómo iba a cambiar el cheque… Además, perdí los papeles, el poco dinero que tenía, las cartas de mi ex, ahhh.

Entré a la casa desesperado. y… sorpresa, al subir las escalas la encontré... Allí estaba, tirada en el suelo, se me había caído antes de salir.

Recuperé mi día, unos pocos pesos, las cartas de mi ex y, claro, la generosidad de mi padre.

sábado, octubre 14, 2006

Podría Ser...

(pero no del verbo "poder", sino del verbo "podrir")

martes, octubre 10, 2006

Adiós... Ola.

Reflexión por Carlos Eduardo Vásquez.



A veces pasa que tenemos una alegría secreta que solo nosotros conocemos y que a nadie más en el mundo le interesa?

El secreto que callo hoy, y que no admite la manipulación de nadie, acude a mi en aletazos de memoria y me deja el alma llena de burbujas como las que quedan en la arena cuando la cresta del mar se retira.

lunes, octubre 09, 2006

Silencio

Explicar un silencio es romperlo.

domingo, octubre 08, 2006

HISTORIA DE UNA CARICIA

Escrito Cotidiano por Carlos Eduardo Vásquez.


Todos corrieron a ver que había pasado. El gordo con la nena, la vieja con el perro y la monja con el zorro. A la vuelta de la esquina, cubierta con una sábana yacía una caricia muerta. Apretada en su mano, una nota explicatoria:

“Este es fin de la historia de una caricia que duró menos de un mes. Nació el día de la Independencia y muere hoy, el día de la Batalla de Boyacá.

El camión de la policía forense retiró la caricia tirada en el pavimento. Los uniformados reconvinieron a la multitud.

Todos se dispersaron: El gordo con la nena, la vieja con el perro y la monja con el zorro. Todos regresaron a sus vidas tristes y monótonas…

Todos… menos la caricia.

jueves, octubre 05, 2006

Ella Tuvo la Culpa.

Escrito Cotidiano por Carlos Eduardo Vásquez.

Ella tuvo la culpa… bueno, quizás no la tuvo, pero eso parecía. Besó la boca que la besaba y eso la incriminó. Prolongó el abrazo que la abrazaba y eso tuvo valor de prueba. Rozó la piel que la buscaba y por tal motivo participó. Deslizó su vientre en la oscuridad de la noche y la noche lo presenció. Gimió por lo bajo con temblor felino y luego sonrió...

Y ahora, la calle recién llovida por donde se aleja le grita una culpa que él nunca podrá descifrar.

Amar, en definitiva, es acercarse al inevitable instante de un adiós…

domingo, octubre 01, 2006

Pierna Arriba

Por Carlos Eduardo Vásquez

Ser profesor no es fácil, pero hay momentos maravillosos. Con el tiempo se van acumulando historias de todo tipo.  Durante mi trayectoria docente he recopilado un buen número de ellas. Las vivencias compartidas con los estudiantes se conservan en la memoria y de vez en cuando, despiertan en uno una sonrisa espontánea.



Ayer en la tarde, durante una reunión, me llegó uno de esos recuerdos.  Alguien habló de la capacidad de asombro de los estudiantes, y mi mente recordó la anécdota que relato a continuación.



Había finalizado el semestre académico en la Universidad Católica y estábamos evaluando el curso de negociación que terminaba esa noche.   Tal como acostumbro a hacer cuando cierro una asignatura, le había pedido a cada estudiante que recordara algo que le hubiera llamado la atención sobre el curso que estábamos a punto de terminar.  Uno de los muchachos mencionó lo práctico del Método Harvard y otro habló sobre la importancia de llegar a acuerdos de integración.  Luego una chica aprobó la metodología empleada para cumplir con los objetivos académicos.  Todos expresaron sus opiniones y sugerencias mientras yo tomaba atenta nota. 


La evaluación iba sobre ruedas y yo estaba convencido de que no habría mayores novedades en las palabras de los últimos tres estudiantes que aún no habían hablado.  Y efectivamente, dos de ellos repitieron lo que ya estaba dicho.  Sin embargo, la última estudiante, una hermosa joven con aire distraído, guardaba una sorpresa.  Cuando le tocó el turno, respondió que lo que más le había llamado la atención era lo sucedido en la primera clase.  Esa noche, contó ella, un insecto había entrado por la ventana, había aterrizado en el muslo de profesor y había caminado hasta la bragueta del pantalón. Allí había permanecido un rato y luego, de la misma manera intempestiva como aterrizó, volvió a levantar el vuelo para desaparecer por donde había venido.

Me quedé atónito. No esperaba una respuesta, digamos, tan prosaica, pero la risa del grupo me hizo caer en la cuenta de lo gracioso de su afirmación. Todos nos reímos del apunte, y la clase terminó minutos después. Sin embargo, de camino a casa empecé a preguntarme qué hacía esa estudiante concentrada en el muslo del profesor… ¿Cómo había podido estar mirándome la bragueta con tanta atención sin que yo lo hubiera notado siquiera?  ¿Estaba la muchacha en verdad preocupada por su formación? ¿Sería ella capaz de diferenciar lo importante de lo no importante en su futuro desempeño laboral?

Esas preguntas rondaban mi mente mientras yo empezaba a cuestionarme seriamente sobre mi capacidad de transmitir el conocimiento.  Qué credibilidad podía yo merecer de mis pupilos, si lo único que una estudiante recordaba de mis clases era un bicho que se paseaba por el cierre de mi pantalón.  Esas eran mis cavilaciones cuando, de repente, experimenté aquello que en los santos se llama una epifanía, es decir, la súbita revelación de una verdad. En el asunto del insecto no había nada de qué preocuparse... 

Una estudiante que sabe lo que va "pierna arriba", seguro que será una excelente profesional.