domingo, octubre 01, 2006

Pierna Arriba

Por Carlos Eduardo Vásquez

Ser profesor no es fácil, pero hay momentos maravillosos. Con el tiempo se van acumulando historias de todo tipo.  Durante mi trayectoria docente he recopilado un buen número de ellas. Las vivencias compartidas con los estudiantes se conservan en la memoria y de vez en cuando, despiertan en uno una sonrisa espontánea.



Ayer en la tarde, durante una reunión, me llegó uno de esos recuerdos.  Alguien habló de la capacidad de asombro de los estudiantes, y mi mente recordó la anécdota que relato a continuación.



Había finalizado el semestre académico en la Universidad Católica y estábamos evaluando el curso de negociación que terminaba esa noche.   Tal como acostumbro a hacer cuando cierro una asignatura, le había pedido a cada estudiante que recordara algo que le hubiera llamado la atención sobre el curso que estábamos a punto de terminar.  Uno de los muchachos mencionó lo práctico del Método Harvard y otro habló sobre la importancia de llegar a acuerdos de integración.  Luego una chica aprobó la metodología empleada para cumplir con los objetivos académicos.  Todos expresaron sus opiniones y sugerencias mientras yo tomaba atenta nota. 


La evaluación iba sobre ruedas y yo estaba convencido de que no habría mayores novedades en las palabras de los últimos tres estudiantes que aún no habían hablado.  Y efectivamente, dos de ellos repitieron lo que ya estaba dicho.  Sin embargo, la última estudiante, una hermosa joven con aire distraído, guardaba una sorpresa.  Cuando le tocó el turno, respondió que lo que más le había llamado la atención era lo sucedido en la primera clase.  Esa noche, contó ella, un insecto había entrado por la ventana, había aterrizado en el muslo de profesor y había caminado hasta la bragueta del pantalón. Allí había permanecido un rato y luego, de la misma manera intempestiva como aterrizó, volvió a levantar el vuelo para desaparecer por donde había venido.

Me quedé atónito. No esperaba una respuesta, digamos, tan prosaica, pero la risa del grupo me hizo caer en la cuenta de lo gracioso de su afirmación. Todos nos reímos del apunte, y la clase terminó minutos después. Sin embargo, de camino a casa empecé a preguntarme qué hacía esa estudiante concentrada en el muslo del profesor… ¿Cómo había podido estar mirándome la bragueta con tanta atención sin que yo lo hubiera notado siquiera?  ¿Estaba la muchacha en verdad preocupada por su formación? ¿Sería ella capaz de diferenciar lo importante de lo no importante en su futuro desempeño laboral?

Esas preguntas rondaban mi mente mientras yo empezaba a cuestionarme seriamente sobre mi capacidad de transmitir el conocimiento.  Qué credibilidad podía yo merecer de mis pupilos, si lo único que una estudiante recordaba de mis clases era un bicho que se paseaba por el cierre de mi pantalón.  Esas eran mis cavilaciones cuando, de repente, experimenté aquello que en los santos se llama una epifanía, es decir, la súbita revelación de una verdad. En el asunto del insecto no había nada de qué preocuparse... 

Una estudiante que sabe lo que va "pierna arriba", seguro que será una excelente profesional. 

4 comentarios:

Carlos Andrés dijo...

Amigo, esta vez comentaré desde el ser colegas:

una clase universitaria, por mucha elaboración discursiva y abstracta que exija de los estudiantes, no escapa a lo cotidiano, prosaico y curioso que somos los seres humanos. Acotes similares rondan todas las aulas, y hacen que el asunto sea más pasable.

Definitivamente, exponer es ex-ponerse.

xiomy dijo...

Por eso no me gusta exponer, pero si cabe la pregunta ¿Qué hacia ella mirando por esos lados? Al menos yo casi siempre miro es la cara.

Anónimo dijo...

Yo tambièn me fijaria un poco en el profesor sin que ello afecte mi aprendizaje, por eso cuando uno expone frente a un grupo se arriesga a ser el blanco de burlas o elogios.

Anónimo dijo...

PUES ESO DE POR SI ES ASI, CUANDO UNA PERSONA HABLA FRENTE A UN GRUPO DE PERSONAS LO QUE ELLAS HACEN MIENTRAS EL OTRO HABLA ES OBSERVARLO DE ARRIBA A BAJO SIN IMPORTAR QUIEN SEA. POR ESO ES TAN HARTO HABLAR EN PUBLICO