sábado, diciembre 27, 2008

GENTE TÓXICA

(Tomado de http://www.psicofxp.com)

"Mala gente que camina y va apestando la tierra", profetizó Antonio Machado en unos de sus poemas y ahora nos preguntamos, ¿existe la gente tóxica? Todos los especialistas coinciden en que la gente ponzoñosa existe y provoca daño al resto.

El que quiere manipular con mentiras, agredir por gusto, humillar a los demás, desvalorizar para sentirse bien con sí mismo, el fanático, el presumido, el competidor, el maniático del control, el crítico acusador, el arrogante el envidioso, el depresivo y melancólico, el narcisista, el violento, el estafador, todos son tipos de personas tóxicas. Hay más de 30 arquetipos.

Los neurocientistas afirman que la gente "tóxica" está encarnada por aquellos seres que perturban el bienestar ajeno y vampirizan al semejante. Sus conductas se traducen en patologías.

En otros ámbitos de las ciencias, en el psicoanálisis y la psicología, la cosa está dividida, pero ambas se enfocan en que son comportamientos "tóxicos" más que las personas, y que lo "tóxico" es una percepción subjetiva.

"Quien mejor se ha dedicado a este tema en la historia de la filosofía es Baruch Spinoza. Él habla de encuentros que potencian nuestras energías y nos dan alegría y los que las disminuyen y producen tristeza. Cuando dos cuerpos se convienen entre sí, multiplican su potencia. Y cuando no lo hacen se produce un mal encuentro, semejante a una especie de envenenamiento", explicó a La Nación el filósofo Tomás Abraham.

Esta singular nomenclatura fue impuesta por Lilian Glass hace un poco más de diez años, en su best seller Toxic people (Gente tóxica). Allí la autora indica que nadie es "ciento por ciento sano, ni física ni psicológicamente; por eso, es importante atender los patrones caracterológicos y sus efectos”.

En la Argentina, el conocido terapeuta Bernardo Stamateas eligió el mismo término para titular su publicación: Gente Tóxica. Cómo identificar y tratar a las personas que te complican la vida para relacionarte sanamente.

Si bien con toxicidad es difícil convivir, no hay que ser tan pesimistas, no todo está perdido. O por lo menos Diana Cohen Agrest, doctora en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires y magíster en Bioética por el Centre for Human Bioethics de la Monash University, dice que "los seres humanos no somos de una vez y para siempre. Estamos en constante proceso de construcción. Mientras vivimos, se puede dejar de ser «tóxico», como también se pueden adquirir otras características. Sólo una visión demasiado pesimista del ser humano lo condena a ser de una vez y para siempre."

Desintoxicación

Según Lillian Glass, la fórmula perfecta para desintoxicar las relaciones humanas consiste en comunicarse para afrontar lo que nos molesta del otro y decirlo sin tapujos.

Para conseguir una convivencia tranquila y feliz, la autora del libro sugiere aplicar una serie de antídotos contra la negatividad. Una solución consiste en mantener el sentido del humor. Relajar las tensiones y divertirse.

Focalizarse en las cosas positivas que uno tiene en la vida cuando se está cerca de una persona "tóxica". La actitud positiva es siempre una elección. Prepararse mentalmente para estar bien y contrarrestar así las actitudes "tóxicas".

La autora de Toxic People también aconseja actuar como si fuéramos un espejo. Se puede obligar a las personas tóxicas a ver reflejados sus comportamientos. Por ejemplo, si alguien no para de hablar impidiendo que los demás lo hagan, la respuesta puede ser ponerse a ladrar.

De acuerdo a lo que dice Lillian Glass, estas técnicas son efectivas para contrarrestar a los que ella denomina “treinta tipos de terrores tóxicos”, entre los que incluye al parlanchín, el chismoso, el cortante, la víctima sombría y condenada, el apuñalador de dos caras, el bromista, el matón rencoroso y autoritario, y el mentiroso.

A veces con terapia, y otras veces por la vida, la toxicidad puede acabar. A su vez, la investigadora en filosofía argentina Roxana Kreimer da un consejo que toma prestado de Confucio: "Si uno se topa con gente buena, debe tratar de imitarla. Si uno se topa con gente mala, debe examinarse a sí mismo".

jueves, diciembre 18, 2008

Silencio para Encontrarse con Dios


(Apartes de un texto de Jesús Órtiz López en Arvo Net que me llamó poderosamente la atención por su profundidad)


No hemos sido creados para el ruido sino para vivir en armonía con el mundo y con Dios. Por eso el escritor inglés Tolkien representó la rebelión angélica como un grito infernal que ha desgarrado la armonía silenciosa de las esferas en el universo. Necesitamos el silencio para entendernos y comprender a los demás. Pero en nuestras ruidosas ciudades ya no encontramos rincones para el silencio. Cuando nos hemos instalado por fin para leer un rato, para conversar con un amigo, o para meditar, el televisor de un vecino nos mete en casa el concurso de turno; o un adolescente prueba con sus amigos su habilidad con la moto a escape libre. También puede ocurrir que los perros vecinos ladren porque sienten la cercanía de otro compañero irracional o se quejen porque están solos. No hay silencio en las ciudades, ni en las urbanizaciones, ni en los villorrios: siempre habrá un vecino ruidoso, un joven con moto o unos perros intranquilos. Sin embargo el ser humano necesita el silencio tanto como el comer.

El compositor español Cristóbal Halffter distingue diferentes formas de silencio. Hay un silencio negativo que surge de la materia inerte y que apenas nos interesa porque no es posible establecer comunicación sensible alguna: viene a ser el silencio de la muerte. Son otros los silencios que necesitamos y sobre todo el silencio de la vida. Porque hay silencios activos llenos de energía para nuestra creatividad: es el silencio que oímos en una catedral, en la inmensidad del campo, o en la soledad de nuestro estudio. Silencios activos también son aquellos que emiten realidades silenciosas pero no muertas. Porque si somos capaces de prestar atención escucharemos diversos gritos en los “Fusilamientos del 3 de mayo” de Goya; y también podemos percibir la tensión sonora que emite un capitel románico o unos majestuosos picos nevados. Sí, necesitamos aprender a oír y se hace imprescindible acostumbrarse a aprehender el silencio.