sábado, diciembre 27, 2008

GENTE TÓXICA

(Tomado de http://www.psicofxp.com)

"Mala gente que camina y va apestando la tierra", profetizó Antonio Machado en unos de sus poemas y ahora nos preguntamos, ¿existe la gente tóxica? Todos los especialistas coinciden en que la gente ponzoñosa existe y provoca daño al resto.

El que quiere manipular con mentiras, agredir por gusto, humillar a los demás, desvalorizar para sentirse bien con sí mismo, el fanático, el presumido, el competidor, el maniático del control, el crítico acusador, el arrogante el envidioso, el depresivo y melancólico, el narcisista, el violento, el estafador, todos son tipos de personas tóxicas. Hay más de 30 arquetipos.

Los neurocientistas afirman que la gente "tóxica" está encarnada por aquellos seres que perturban el bienestar ajeno y vampirizan al semejante. Sus conductas se traducen en patologías.

En otros ámbitos de las ciencias, en el psicoanálisis y la psicología, la cosa está dividida, pero ambas se enfocan en que son comportamientos "tóxicos" más que las personas, y que lo "tóxico" es una percepción subjetiva.

"Quien mejor se ha dedicado a este tema en la historia de la filosofía es Baruch Spinoza. Él habla de encuentros que potencian nuestras energías y nos dan alegría y los que las disminuyen y producen tristeza. Cuando dos cuerpos se convienen entre sí, multiplican su potencia. Y cuando no lo hacen se produce un mal encuentro, semejante a una especie de envenenamiento", explicó a La Nación el filósofo Tomás Abraham.

Esta singular nomenclatura fue impuesta por Lilian Glass hace un poco más de diez años, en su best seller Toxic people (Gente tóxica). Allí la autora indica que nadie es "ciento por ciento sano, ni física ni psicológicamente; por eso, es importante atender los patrones caracterológicos y sus efectos”.

En la Argentina, el conocido terapeuta Bernardo Stamateas eligió el mismo término para titular su publicación: Gente Tóxica. Cómo identificar y tratar a las personas que te complican la vida para relacionarte sanamente.

Si bien con toxicidad es difícil convivir, no hay que ser tan pesimistas, no todo está perdido. O por lo menos Diana Cohen Agrest, doctora en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires y magíster en Bioética por el Centre for Human Bioethics de la Monash University, dice que "los seres humanos no somos de una vez y para siempre. Estamos en constante proceso de construcción. Mientras vivimos, se puede dejar de ser «tóxico», como también se pueden adquirir otras características. Sólo una visión demasiado pesimista del ser humano lo condena a ser de una vez y para siempre."

Desintoxicación

Según Lillian Glass, la fórmula perfecta para desintoxicar las relaciones humanas consiste en comunicarse para afrontar lo que nos molesta del otro y decirlo sin tapujos.

Para conseguir una convivencia tranquila y feliz, la autora del libro sugiere aplicar una serie de antídotos contra la negatividad. Una solución consiste en mantener el sentido del humor. Relajar las tensiones y divertirse.

Focalizarse en las cosas positivas que uno tiene en la vida cuando se está cerca de una persona "tóxica". La actitud positiva es siempre una elección. Prepararse mentalmente para estar bien y contrarrestar así las actitudes "tóxicas".

La autora de Toxic People también aconseja actuar como si fuéramos un espejo. Se puede obligar a las personas tóxicas a ver reflejados sus comportamientos. Por ejemplo, si alguien no para de hablar impidiendo que los demás lo hagan, la respuesta puede ser ponerse a ladrar.

De acuerdo a lo que dice Lillian Glass, estas técnicas son efectivas para contrarrestar a los que ella denomina “treinta tipos de terrores tóxicos”, entre los que incluye al parlanchín, el chismoso, el cortante, la víctima sombría y condenada, el apuñalador de dos caras, el bromista, el matón rencoroso y autoritario, y el mentiroso.

A veces con terapia, y otras veces por la vida, la toxicidad puede acabar. A su vez, la investigadora en filosofía argentina Roxana Kreimer da un consejo que toma prestado de Confucio: "Si uno se topa con gente buena, debe tratar de imitarla. Si uno se topa con gente mala, debe examinarse a sí mismo".

jueves, diciembre 18, 2008

Silencio para Encontrarse con Dios


(Apartes de un texto de Jesús Órtiz López en Arvo Net que me llamó poderosamente la atención por su profundidad)


No hemos sido creados para el ruido sino para vivir en armonía con el mundo y con Dios. Por eso el escritor inglés Tolkien representó la rebelión angélica como un grito infernal que ha desgarrado la armonía silenciosa de las esferas en el universo. Necesitamos el silencio para entendernos y comprender a los demás. Pero en nuestras ruidosas ciudades ya no encontramos rincones para el silencio. Cuando nos hemos instalado por fin para leer un rato, para conversar con un amigo, o para meditar, el televisor de un vecino nos mete en casa el concurso de turno; o un adolescente prueba con sus amigos su habilidad con la moto a escape libre. También puede ocurrir que los perros vecinos ladren porque sienten la cercanía de otro compañero irracional o se quejen porque están solos. No hay silencio en las ciudades, ni en las urbanizaciones, ni en los villorrios: siempre habrá un vecino ruidoso, un joven con moto o unos perros intranquilos. Sin embargo el ser humano necesita el silencio tanto como el comer.

El compositor español Cristóbal Halffter distingue diferentes formas de silencio. Hay un silencio negativo que surge de la materia inerte y que apenas nos interesa porque no es posible establecer comunicación sensible alguna: viene a ser el silencio de la muerte. Son otros los silencios que necesitamos y sobre todo el silencio de la vida. Porque hay silencios activos llenos de energía para nuestra creatividad: es el silencio que oímos en una catedral, en la inmensidad del campo, o en la soledad de nuestro estudio. Silencios activos también son aquellos que emiten realidades silenciosas pero no muertas. Porque si somos capaces de prestar atención escucharemos diversos gritos en los “Fusilamientos del 3 de mayo” de Goya; y también podemos percibir la tensión sonora que emite un capitel románico o unos majestuosos picos nevados. Sí, necesitamos aprender a oír y se hace imprescindible acostumbrarse a aprehender el silencio.

jueves, octubre 02, 2008

BOLA DE MUGRE

“─Hay que ser muy paciente ─respondió el zorro─. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada […] Pero cada día, podrás sentarte un poco más cerca…”
-Antoine de Saint-Exupéry-


Cuando la bañamos, nos dimos cuenta de dos cosas. La primera es que su color natural era el rubio pálido y la segunda, es que no era un macho sino una hembra. Por esta razón, el nombre provisional de “Man” tuvo que ser descartado de inmediato. Desde entonces, decidimos llamarla con el nombre genérico de “Perrita”.

No sabemos cómo llegó, ni donde vivía antes. Lo único cierto era que en algún lugar de su cadena de hambres heredadas hubo un French Poodle mediano. Su pelo y su porte así lo atestiguaban.

Había llegado al barrio hace un par de meses y empezó a coquetear con todo el mundo. Don Alberto, el dueño de la tienda le daba pequeñas porciones de carne. Los niños se dividían en dos bandos: los que le daban patadas que “Perrita” esquivaba con cara de “¿Estás jugando, verdad, amigo?” y aquellos que la querían acariciar, pero que no se atrevían a trascender la suciedad impenetrable de su pelambre alborotado.

Con nosotros, “Perrita” usó una estrategia diferente. Nos acompañaba orgullosa durante las dos cuadras que separan a nuestra casa de la parada del microbús. Tenía un trotecito gracioso y le ofrecía su rosado hocico al viento en una actitud de duquesa en desgracia.

Daba risa ver la prepotencia de esta criatura mientras nos escoltaba hasta el primer peldaño de la escalera del vehículo público. Luego, se quedaba en la acera y ponía cara de desgarradora tristeza. Los otros pasajeros nos miraban sin creer que fuéramos los dueños de esa mancha maloliente que se despedía tan trágicamente desde la esquina.

De manera que decidimos adoptarla. Mi esposa y mi hija se armaron de valor y, provistas con unas largas tijeras y una barra de jabón para pulgas, se dedicaron a exorcizar los compactos rizos rastafari y la terrible fauna de parásitos de “Perrita”. Un par de horas después, apareció una princesita con huesos de gorrión y un severo prognatismo que contrastaba con sus ojos de miel y su mirada de ternura.

Ganada la batalla contra la mugre, no había objeción para que “Perrita” entrara a la casa. Sin embargo, la resocialización no fue nada fácil. Yo recordaba la domesticación del zorro por parte del Principito en el libro de Saint-Exupéry.

“Perrita”, estaba acostumbrada a la bóveda celeste como techo y no se sentía a gusto entre cuatro paredes. Pasaba un par de horas echada en la sala y luego se paraba como un perro cazador señalando la puerta. Entonces, le abríamos y ella salía disparada hacia la calle.

La creíamos un poco malagradecida y hasta descarada, pero nunca le dejábamos de dar su almuerzo. De vez en cuando, nos llevaba hasta el la parada de la esquina y yo aprovechaba para decirle en voz audible: “eres una perra malagradecida”… otras veces, la reconvenía: “tus decisiones son totalmente equivocadas, ¿sabes?”. Ella me miraba entre divertida y despreocupada y seguía con su caminar de bailarina coja.

La otra noche tuve la oportunidad de probarle a “Perrita” que ella estaba cambiando neciamente la estabilidad de un hogar por los avatares de la calle. Llegué de trabajar a eso de las nueve de la noche. Caía un aguacero torrencial. En cuanto abrí la puerta, el animalito pasó por mi lado como una exhalación y fue a parar a la mitad del andén. Se detuvo en seco cuando sintió la lluvia en sus narices y trató de devolverse. Me miró arrepentida, pero entendió que era demasiado tarde…

Antes de cerrar la puerta le dije: “Tú te lo buscaste… Así que espero que pases buena noche”. Cerré la puerta sin mirar hacia atrás. Me dolió hacerlo, pero, me consolé en la certeza de que el espíritu callejero de “Perrita” debía ser aplacado de alguna manera.

A la mañana siguiente, la bola de mugre redimida, se acercó y me saludó con miles de aspavientos. Parecía decirme con su mirada de cristal: “Tranquilo, hombre, no te molestes que ya entendí”.

La naturaleza de “Perrita” ha venido cambiando dramáticamente. Esta semana lo comprobamos cuando aparecieron dos jóvenes en el vano de la entrada que alguien había olvidado cerrar. Los tipos pidieron unos cuántos pesos quién sabe para qué. El animal que dormía a “pata suelta” sobre el tapete hacía un par de horas, los escuchó y se paró como una fiera. Empezó a ladrarles como si fuera la hora señalada y cuando los muchachos trataron de huir, “Perrita” los persiguió hasta el límite del barrio.

Así todo el mundo supo que no es lo mismo estar bañado y arreglado que estar sucio, que no es lo mismo dormir en el monte que conquistar un tapete en un hogar, que no es lo mismo ser un perro realengo que una mascota familiar y que, definitivamente, no es lo mismo pertenecerle al destino que haber sido domesticado por el amor.

Esta noche, por fin, “Perrita” duerme en nuestro hogar…


Carlos Eduardo Vásquez

martes, agosto 05, 2008

ALGO MÁS... DICES?

Carlos Eduardo Vásquez

Y ella le dijo a su amado: “Me has dado casi todo, y mucho te lo agradezco, pero ahora es preciso que me entregues lo poco que todavía queda de ti”.

Él, confundido, tomó su corazón envuelto en mil fracasos, su alma entristecida por el dolor, un ramo de sus pecados más ocultos y se los ofreció a ella con algo de vergüenza.

Ella sonrió con dulzura… “No me refería a eso, tontito”.

Acto seguido, acercó la boca a su cuello y sin previo aviso clavó sus colmillos en la carne palpitante.

Él cerró los ojos mientras escuchaba los cartílagos quebrarse, los tendones rasgarse y la sangre escapar a borbotones en el beso de la muerte.

Y entendió...

Después de tantos años, al fin él y su amada se habían encontrado en la irredimible honestidad del amor.

viernes, julio 04, 2008

Seamos más humanos... cuidemos a los animales.

El maltrato a los animales es una aberración de nuestra sociedad. Ricardo Muñoz, el autor de "Las Voces que Vienen del Mar" libro que tuve el honor de prologar, genera conciencia a través de su blog en defensa de nuestros amigos más cercanos.

Los invito a visitar su página. Para comenzar, por favor, click en este enlace:

Al Fin Las Vacaciones

martes, julio 01, 2008

Después de leer el hermosísimo primer lugar... me asombró haber llegado al segundo.


SIMPLEZA

Por Carlos Eduardo Vásquez

(Segundo Premio Concurso de Poesía de la Asociación Internacional de Poetas y Escritores Hispanos. USA, 2008)


Hoy soy simple
Soy un hombre desnudo subiendo la montaña
Soy la sonrisa, soy el mar y también el cielo despejado
Soy el aliento de ese beso que esperas.

Hoy soy el sol
Soy el color de la rosa en tu jardín
Soy el frío bueno y la tibieza firme.

Hoy soy un fruto maduro, perfecto y turgente
Soy tranquilo, perenne y sin pretensiones
Soy mansamente redondo y sin aristas.

Hoy soy tu primera vez
Soy las mariposas de tu vientre
Soy tu sonrojo y tu desamparo
Soy la entrega y la verdad.

Hoy soy la caricia sin prisa en tu cintura
Soy todos los placeres y todos los dolores
Soy pan de todas las mesas
Y vino de todos los convites…

Hoy soy lo que tú quieras
Soy tu gato de porcelana
Soy el borde de la nube al atardecer
Soy el grito que no gritó tu boca
Soy la luna roja y el corazón perplejo
Soy tu sueño y tu placer a solas...

Hoy soy la simpleza
Soy el llanto de la guitarra y la canción de amor
Soy el compendio de muchos otros más simples que yo
Soy este poema de cosas simples.

Hoy soy un hombre simple...
Simplemente...
Simple.

sábado, marzo 01, 2008

NOCHE DE CIUDAD

Por Carlos Eduardo

La población amaneció conmocionada. Los gritos se escucharon toda la noche, pero nadie salió. Empezaron a la media noche y, con excepción de dos o tres pausas, no cesaron. Ninguno durmió. Los ojos, en los rostros lívidos, permanecieron abiertos en la oscuridad. Los más valientes, trataron de moverse, pero el terror los paralizaba. La mente de los insomnes funcionaba a toda prisa... Con las luces del amanecer, la población volvió a la vida, aunque nadie se asomaba a la puerta o las ventanas. Las familias se hablaban en voz baja. Los vecinos se llamaban por teléfono. Unos creían que, en el zoológico, los animales se revelaban contra su cautiverio. Otros, pensaban en dioses vengativos, cansados de violencia y destrucción. Los demás, imaginaban monstruos de mil formas, o gusanos enormes emergiendo viscosos de la tierra. No faltó el pecador arrepentido que escuchó los toques angélicos del Apocalipsis.

Con las primeras luces del alba, los gritos mermaron en intensidad. Eran más roncos, más moribundos, pero no menos aterradores. Con la luz, la población se lanzó a la calle dispuesta a conjurar el peligro. Se organizaron cuadrillas de defensores y barricadas por la ciudad. La muchedumbre, armada de escobas, palos y garrotes, se dio a la tarea de localizar los aullidos. La primera de las falsas alarmas, fue en el Hospital Central, donde un recién nacido extrañaba, a voz en cuello, la tibieza del vientre abandonado. La segunda, provenía de los barrios bajos, donde una mujer lloraba a su compañero, apuñalado a las puertas de un burdel.

La turba enfurecida percibió que los gritos arreciaban en la plaza principal. Hacia allá se encaminaron. Pasos apresurados. Trote furioso. Carrera desenfrenada. La masa derramaba el jugo de su odio como una fruta podrida. Gente de todos los lugares comenzó a agolparse en la plaza. Antiguos compañeros, compadres, familiares; muertos y vivos, copartidarios y viejos enemigos, se juntaron frente a la catedral pues de sus entrañas salían los gritos.

Antes del mediodía, la ciudad ocupaba la plaza y sus alrededores. El silencio se hizo sequía en las gargantas. Los rostros en tensión se desfiguraban por la ira. Lo que hubiera allí adentro lo iba a pagar.

Un último reventar de gritos en un paroxismo salvaje fue el detonante. Los perseguidores, un sólo hombre de mil cabezas, se abalanzaron contra las puertas. La madera crujió, los goznes volaron, se escuchó un estruendo de derrumbe. Y ahí estaban...

Sobre el altar mayor, empapados de sudor, hermosos y desnudos, un hombre y una mujer nacían al amor.

lunes, febrero 18, 2008

Definición de Azul

Ensayo breve con final sorprendente
Por Carlos Andrés Arango



El azul no es como lo pintan.

viernes, enero 25, 2008

En algún lugar de la memoria (o del olvido)

Ensayo dictado por la memoria olvidada de Carlos Andrés Arango



El olvido es amor que se convierte en
nada interminable de obsesiones (…)
El olvido no es que algo se borre en la memoria,
el olvido te ocupa todo el tiempo…
Darío Jaramillo


Probablemente ya de mí te has olvidado
Y sin embargo yo te seguiré esperando
Juan Gabriel

Seguramente fue Borges -infinito creador de laberintos- quien dijo que el olvido era otra forma de la memoria. No sé ahora dónde lo dijo para mí; no recuerdo si ocurrió en un libro suyo, en el epígrafe del ensayo de otro autor, en una cartelera universitaria, o en algún separador de esos que reservan cómodas dosis de sabiduría al portador. Tengo sí la sensación de que mi olvido es menos infame esta vez que las sucedidas con tantas otras célebres frases. Ello a pesar del peligro de recordar a Borges: si bien olvidar y recordar son dos formas de vivir, al inventor de ese Jardín de los senderos que se bifurcan, lo hemos leído tanto que sus frases se han disgregado de su obra. Numerosas personas pueden saber cosas del viejo escritor con sólo juntar las frases o poemas en cuyo pie aparecen las iniciales J.L.B.

Sirva esta digresión para actualizar esa idea según la cual citar a otro no es tanto un proceso de convocatoria como de re-creación. Citar, traer palabras memorables (u olvidables) para uno, es regresar a un recuerdo personal en el cual las ideas del otro no son más (ni menos) que la chispa inicial del incendio; chispa a la que no puede ni culparse de su causa ni exigírsele lo apague. Esto implica que cuando uno dice las palabras de otro está hablando más de uno que del ausente. Verdad redundante para sospechar la autoría de las palabras propias y ajenas, dichas o leídas, escuchadas y cantadas.

Ese laberinto de frases, conceptos, definiciones y versos, producen intrincadas redes entre letras, canciones, películas, obras de teatro, y van mutando un cuerpo consolidado; una obra nueva cuyo único autor y único posible espectador es uno mismo. Ese ir y venir entre lecturas y escrituras, nos produce a veces unos nubarrones tan densos, que ahora no sé si son mías o de quién estas palabras con las cuales pretendo conjurar mi salida de este escrito (único texto que he venido leyendo y escribiendo desde que soy yo): “A menudo soy un ser indeciso: cuando leo deseo escribir; cuando escribo deseo leer”.

jueves, enero 24, 2008

Frase cortada

Mientras más leo la literatura de estos días más siento la misma persistente idea: me estoy cansando de las frases cortas. Mucho.

martes, enero 15, 2008

Un lugar compartido es (nesecariamente) un lugar común

Escrito entre el pre-texto y el pos-texto.


Aquella mujer es hermosa porque no se parece a ninguna. Ni en el cabello, ni en la cara, ni en los gestos. Desde que llegué a este bar, la observo. Ella no sabe de mí. Por eso tengo la libertad de ir y volver para poder mirarla desde muchos ángulos. He buscado durante algunos minutos un pretexto para hablarle. Es inútil. Reconozco como insalvable la diferencia entre nuestros mundos. La noche avanza, y yo estoy con algunos amigos en este parque denso, al que la gente elige venir, bien para probar el aroma de la decadencia, o bien para dejarse llevar hasta esa curva que, una vez cruzada, inaugura el abismo.

Llega la hora de abandonar el lugar. Vuelvo cerca de la mesa de la mujer; ella toma sus cosas para irse. Se despide de los presentes, incluso de mí. Sale con su compañero. Cruza el parque en búsqueda del sur. Nostálgico, llevo la mirada a la mesa donde ella había estado, y aparece súbitamente un objeto. La oscuridad del lugar me obliga cercanía para saber de qué se trata. Es una libreta; una de ésas que tienen los universitarios para apuntar su agenda de trabajos, los artistas para bocetear dibujos, o los aspirantes a escritores para dejar allí ideas repentinas. Seguro de que nadie más pudo haberme visto con la libreta entre manos y ojos, mi felicidad me desborda: tengo una excusa para buscarla (no será complicado volverla a ver en este parque o en el otro).

Luego de despedirme, tomo un taxi. En mi casa, paso la curiosidad por cada una de las páginas de la libreta. La caligrafía obstaculiza buena parte de mis deseos indiscretos. Quince minutos alcanzan para reconocer que sólo aparecen un par de confesiones, unas pocas ideas sugestivas, y muchos apuntes de clases y conferencias académicas. Vuelvo a la primera página y encuentro un correo electrónico. Escribo. Recibo su llamada. Hablamos. Convenimos lugar y hora de encuentro. Voy. Ella no aparece. Ahí termina la historia.

Con eso del comienzo del nuevo año, uno busca papeles viejos para botar. Aparece la libreta. Recuerdo el momento: la noche, los amigos, la cerveza, el olor a marihuana en el ambiente, la pesadez del abismo compartido por tantos, la belleza de ella, su partida, el hallazgo de la libreta, la llamada, la cita… Con esas imágenes en mente se diseñaría el comienzo de un argumento para película o cuento: dos desconocidos hallan, a partir de un objeto, sus nuevos destinos; fruto de la casualidad, dos vidas se encuentran ¿De dónde vienen esas imaginaciones? Del cine, la televisión, la literatura y las novelas. En otras palabras: del lugar común. Compruebo entonces que la vida no es como en las películas; aquí no todo es tan predecible. (De lo cual sólo una conclusión puede deducirse: la vida es más divertida que las películas porque es menos predecible que ellas).

Hoy la libreta conoció la basura y esta historia la luz.

jueves, enero 10, 2008

Algunas razones para no escribir blogs y menos que una para intentarlo

En la página 159 de su “Literatura y fantasma”, Javier Marías apunta Siete razones para no escribir novelas y una sola para escribirlas. Texto que me sugirió, luego de ser “blogger” durante poco más de un año, Algunas razones para no escribir blogs y menos que una para intentarlo.


Razones para no escribir un blog…
1. Empecemos por decir que a nadie le importa que tú tengas un blog. Hoy es tan fácil abrir uno o varios, que a muy poca gente le parece interesante, curioso, o novedoso que lo tengas. Una explicación importante para ello es la segunda razón:

2. Demasiada gente tiene su sitio. Comunidades como MySpace, Facebook, UNYK, Flickr, y otras mil, ofrecen al usuario, de manera gratuita, publicar contenidos.

3. Ahora bien, en el caso específico de los contenidos derivados de intereses “literarios”, lo menos efectivo para el “candidato a escritor” es un blog, porque para el cibernauta hay ofertas tanto mejores que probar la deliciosa (seamos optimistas) prosa de los que escriben; el contrapeso de sitios ligeros que publican “videos charros”, datos curiosos, fotos que prometen la intimidad de famosos, últimas noticias de la tecnología y el entretenimiento es tan fuerte que -frente a ellos- el blog literario suena aburrido.

4. Un blog, salvo contadas excepciones, no da dinero. Uno ve cuánto esfuerzo realizan los bloggers para acumular visitas en sus contadores, a fin de obtener un mejor ranking en las listas de los anunciantes. No obstante, se necesitan demasiados hits para percibir un dólar; el esfuerzo es poco premiado.

5. Un blog no te hace famoso. Contados son los casos de personas que se hacen famosas por un blog. Es sí muy frecuente el caso de famosos con blogs famosos, pero en estas ocasiones el asunto ha sido al revés: la fama del personaje se convierte en visitas. Los pocos que han surgido al reconocimiento público por su sitio, han sido excombatientes contando intimidades del ejército norteamericano, atrevidas mujeres relatando su vida sexual, exhibicionistas que publican las fotografías de sus cuerpos desnudos, y otros excesos similares.

6. Nadie lo recuerda a uno por un blog, porque, precisamente, si dan con él es porque están buscando saber algo de uno. No al contrario. La condición de virtualidad en la autoría del blog hace desistir a cualquiera del intento de localizar personalmente al responsable.

7. El trabajo para abrir un sitio es mínimo. Tener un blog es tan simple como configurar un determinado número de opciones preestablecidas …un color, una plantilla, una fuente, una diagramación… y oprimir “publicar”.

8. La inmensa mayoría de lectores no-bloggers no publica comentarios. Por un lado, porque para publicarlos generalmente hay que ser miembro de la comunidad; por otro, porque está comprobado que las opiniones no cambian al mundo, y menos las publicadas en un efímero blog.

9. El cansancio del autor aparece pronto, al comprobar que trabaja, escribe, enlaza, publica, pero nadie lee; o lee y no le importa, o le importa pero no dice palabra, o la dice pero no vale la pena para uno.

10. Los navegantes se encuentran (nos encontramos) tantas ofertas de información en correos, y tantos propuestas de pinchar un link (sin mencionar las sobreoferta de la televisión, la radio y la publicidad exterior), que de a poco se han vuelto excesivamente selectivos y no cualquier cosas les convence o atrae.


Razones para escribir un blog…
Para quienes nos interesa cultivar la sana escritura, un blog es una buena excusa para asir una comunidad de lectores que estén en contacto con la labor creativa de uno. Es un canal para ex - ponerse. Eso mismo, sin embargo, puede lograrse por vías bastante menos simples y, por tanto, más meritorias. En síntesis ésta es, por lo que a mí respecta, una razón incompleta.

martes, enero 08, 2008

Algunas ideas para no escribir blogs y menos que una para intentarlo.

En la página 159 de su “Literatura y fantasma”, Javier Marías apunta Siete razones para no escribir novelas y una sola para escribirlas. Texto que me sugirió, luego de ser “blogger” durante poco más de un año, Algunas ideas para no escribir blogs y menos que una para intentarlo.


Razones para no escribir un blog…

1. Empecemos por decir que a nadie le importa que tú tengas un blog. Hoy es tan fácil abrir uno o varios, que a muy poca gente le parece interesante, curioso, o novedoso que lo tengas. Una explicación importante para ello es la segunda razón:

2. Demasiada gente tiene su sitio. Comunidades como MySpace, Facebook, UNYK, Flickr, y otras mil, ofrecen al usuario, de manera gratuita, publicar contenidos.

3. Ahora bien, en el caso específico de los contenidos derivados de intereses “literarios”, lo menos efectivo para el “candidato a escritor” es un blog, porque para el cibernauta hay ofertas tanto mejores que probar la deliciosa (seamos optimistas) prosa de los que escriben; el contrapeso de sitios ligeros que publican “videos charros”, datos curiosos, fotos que prometen la intimidad de famosos, últimas noticias de la tecnología y el entretenimiento es tan fuerte que -frente a ellos- el blog literario suena aburrido.

4. Un blog, salvo contadas excepciones, no da dinero. Uno ve cuánto esfuerzo realizan los bloggers para acumular visitas en sus contadores, a fin de obtener un mejor ranking en las listas de los anunciantes. No obstante, se necesitan demasiados hits para percibir un dólar; el esfuerzo es poco premiado.

5. Un blog no te hace famoso. Contados son los casos de personas que se hacen famosas por un blog. Es sí muy frecuente el caso de famosos con blogs famosos, pero en estas ocasiones el asunto ha sido al revés: la fama del personaje se convierte en visitas. Los pocos que han surgido al reconocimiento público por su sitio, han sido excombatientes contando intimidades del ejército norteamericano, atrevidas mujeres relatando su vida sexual, exhibicionistas que publican las fotografías de sus cuerpos desnudos, y otros excesos similares.

6. Nadie lo recuerda a uno por un blog, porque, precisamente, si dan con él es porque están buscando saber algo de uno. No al contrario. La condición de virtualidad en la autoría del blog hace desistir a cualquiera del intento de localizar personalmente al responsable.

7. El trabajo para abrir un sitio es mínimo. Tener un blog es tan simple como configurar un determinado número de opciones preestablecidas …un color, una plantilla, una fuente, una diagramación… y oprimir “publicar”.

8. La inmensa mayoría de lectores no-bloggers no publica comentarios. Por un lado, porque para publicarlos generalmente hay que ser miembro de la comunidad; por otro, porque está comprobado que las opiniones no cambian al mundo, y menos las publicadas en un efímero blog.

9. El cansancio del autor aparece pronto, al comprobar que trabaja, escribe, enlaza, publica, pero nadie lee; o lee y no le importa, o le importa pero no dice palabra, o la dice pero no vale la pena para uno.

10. Los navegantes se encuentran (nos encontramos) tantas ofertas de información en correos, y tantos propuestas de pinchar un link (sin mencionar las sobreoferta de la televisión, la radio y la publicidad exterior), que de a poco se han vuelto excesivamente selectivos y no cualquier cosas les convence o atrae.


Razones para no escribir un blog…

Para quienes nos interesa cultivar la sana escritura, un blog es una buena excusa para asir una comunidad de lectores que estén en contacto con la labor creativa de uno. Es un canal para ex - ponerse. Eso mismo, sin embargo, puede lograrse por vías bastante menos simples y, por tanto, más meritorias. En síntesis ésta es, por lo que a mí respecta, una razón incompleta.

Una imagen del amor

La llamada registrada en la pantalla de mi celular es un ex-estudiante de la colegiatura, percusionista y cantante talentoso. Me propone tocar con su grupo todas las noches del fin de semana en un restaurante ubicado en Las Palmas; me comenta las condiciones. Yo digo "Sí".

Pasadas las noches, cada presentación se va volviendo inevitablemente igual a las anteriores, salvo si, por cualquier razón inexplicable, interpretamos demasiado bien o demasiado mal alguna de las canciones de cada vez. Esto segundo ocurrió cuando, por ausencia del pianista, debimos buscar su reemplazo en un amigo conocido de la cantante. Como el tiempo es poco, la preparación se limita a una señal del director: sigue tal canción, a tal velocidad, en tal tono. Si uno se la sabía o no, poco importa; si uno la tenía en esa tonalidad o en otra, no importa; si usted la necesita lenta para poderla digitar, no es asunto de nadie: se toca ésa, de la manera indicada, y no hay más qué discutir.

Esta vez la señal fue: "Sigue El aguacero, en La Bemol; un, dos, tres, cuá...". Pues bien, he aquí que, violando todos los principios de digitación, armonía y contrapunto, el pianista -que sólo una hora atrás nos habían presentado- ha iniciado, sorpresivamente (sorprendente incluso para él), la canción en otro tono. El resultado: la percusión no descifró qué acentos marcar, los instrumentos armónicos (piano y guitarra) no sabían si salirse del tono para seguir al pianista o esperar a que éste se acomodase, y el cantante (el más damnificado de todos), no adivinaba a quién seguir; de los coros ni hablemos.

Yo clavé la mirada en el suelo e hice toda la fuerza que pude. No era capaz de alzar la vista por temor de enterarme de la cara de extrañeza de toda la gente. Sin embargo, en un reflejo visual, pude ver, allá en un rinconcito del lugar, a una pareja de viejitos en una situación conmovedora: sin importar las síncopas del ritmo, las bitonalidades de las escalas, la ruta sin destino de los fraseos vocales, es decir, sin importar el desastre que allí sonaba, estos dos ancianos bailaban, comentaban sus cuitas, y disfrutaban del ambiente.

No tengo ni idea qué es el amor; por más que haya sentido emociones fuertes, por más que sea blanco de la ternura de mis papás, no lo puedo definir. Pero, a partir de esa noche, tengo para mí una imagen sugerente: una pareja con más de cincuenta años de vivir juntos, seguramente sordos, bailando abrazados, sin importar que nadie más en el lugar (ni siquiera los músicos) disfruten de lo que suena.

Se dice que el amor es ciego, sí; pero hay que agregar: ¡También es sordo!