martes, enero 30, 2007

El SÍNDROME DEL CIEGO

Por German Gil.

No podríamos terminar este ciclo sin traer a colación el espécimen que estadísticamente hablando ocupa primer lugar en el escalafón de nuestro transcurrir criollo… Con ustedes y sin mas preámbulo… ¡el pobre ciego!.

Describir a un personaje con este síndrome es relativamente fácil. Ubiquémonos en una oficina del tercer piso de cualquier empresa. Nos encontramos de frente con un gran escritorio y detrás de él, nuestro amigo el ciego.

Suele acompañarse de música de salón, dos celulares; uno en el escritorio y otro en su bolsillo, un tinto a medio tomar y un vaso de agua de hace tres días. Con un seco “¿en qué le puedo ayudar?” empieza su parlamento, y de una sabemos que estamos frente al pobre hombre que carga hace años ya, esta mal descrita enfermedad…

Y para poder darle diagnóstico exacto de este síndrome a este caballero (rara vez es señorita) suelta una andanada de babas que cae sobre el escritorio a la voz de la perla mayor: “Oiga mijo, ¿y la ley del QHPEC en que va?”

Para el que no haya tenido roce con este tipo de bípedo, les voy a dar las luces de la ley…..

Ley QHPEC: ¿Qué Hay Para El Cieguito?

Existe otro y es el ciego vial, ese es más común por que anda como su nombre lo indica por las calles. Se identifica de una. Anda en un carro preferiblemente coupe, con una engallada a lo Walter Mercado, con un equipo de sonido que retumba desde tres cuadras atrás, rines de los más brillantes que existen y gafas grandes del hueco, por lo general está acompañado de su “hembra”, no es necesario describirla para que se la imaginen.

Este pobre hombre es ciego, matriculado en el INCI y graduado del CRAC, al detenerlo el guarda de tránsito, la única respuesta que su cerebro (achicharrado por el ruido del radio) acierta a disparar es…

“Hombre, es que no lo vi…”

Si señor, tiene el descaro de decir que no vio el pare, que no vio el semáforo en rojo, que no vio la flecha, y que la viejita se le atravesó en un acto de premeditación y alevosía.

Y todavía algunos nos preguntamos. ¿Por qué somos el país con la mas alta tasa de discapacitados visuales en Latinoamérica?

domingo, enero 28, 2007

Apostillas al Síndrome del Pseudointelectual

El borrador inicial de este texto lo conformaban tres páginas. Luego de un esfuerzo, lo reduje a dos; ahora publico esta segunda parte a manera de apostillas.

Una pregunta: ¿Por qué cabe comparar los términos estilísticos, digámoslo así, entre un pseudointelectual (que no un intelectual) y un farandulero? Lo que un chico farándula hace en el gimnasio, no es más que agrandar los atributos que quiere exhibir; mirándolo detenidamente, el hábito de leer libros y revistas académicos, llenos de teoría, y el ejercicio constante de memorizar datos, se comporta de una manera similar. Diríamos que, de alguna manera, el pseudointelectual es un fisicoculturista del saber.

De otro lado, en las emisoras de su agrado (de paso sea dicho que son las mismas de la gente que se dice culta) él suele escuchar esas melodías que se distinguen claramente; es decir, siente un aprecio, desmesurado por la música concreta, es decir, aquel sector de la música clásica del cual hay melodías y fragmentos famosos qué recordar. Difícilmente nuestro amigo escuchará una obra completa; su “cultura musical” se limita a esos fragmentos famosos, con melodías que la memoria fotográfica que tiene puede recordar. De ahí que hable de su fascinación con Verdi, Beethoven, Vivaldi, y la forma como se llena la boca diciendo que La Traviata, tiene la musicalización más perfecta que inaugura el esquema de la música moderna, y que en la Fuga en Re Menor encontramos lo más selecto del contrapunto; o aun que en las Cuatro Estaciones se gesta el gran movimiento de las sinfonías temáticas.

Sobra aclarar que cuando dice esto, no entiende mucho lo que está diciendo, sino que se encuentra repitiendo las frases del musicólogo que conduce ese programa de por las tardes que se denomina algo así como “Melodías Selectas”.

En fin. Su afán mismo de ser reconocido como un intelectual, lo lleva al encuentro provocado con personajes del arte y la filosofía de la ciudad, en universidades y bibliotecas públicas. Estar una noche con ellos es verificar que entre la dinámica de sus espacios y la de un lugar como El Lleras, no hay grandes diferencias.

El pseudointelectual es, pues, un farandulero de datos.

Ir a lugares bohemios (a pesar de lo incómodo que allí se siente), asistir a conferencias ladrilludas (a pesar de que no entienda nada), asistir a lecturas de poemas, frecuentar salas de cine culto, son actividades tan necesarias para él como hablar mal del consumismo. Sin embargo, sus esquemas de acción son bastante similares. En ocasiones, los escritores, cineastas, dramaturgos, músicos clásicos, y otras celebridades del mundo culto, se comportan igual que las estrellas de la farándula. Es más, muchos de ellos, lo son, y aparecen en las revistas al lado de las estrellas del jet set. Una sensación semejante me deja, entrega tras entrega, las primeras páginas de Elmalpensante, la Revista Número, y Gatopardo.

Digamos finalmente que la distancia entre el pseudointelectual y el intelectual “real” es la misma que existe entre cualquier ser convencido frente a un pseudo cualquiera. Se me ocurren ahora el pseudohippie, pseudobrujo, pseudoartista, pseudomodelo, pseudopoeta… en todos los casos, se trata de hippies falsamente rebeldes, brujos sin mística alguna, artistas de pura pose, modelos sin disciplina, poetas de la pose.

viernes, enero 26, 2007

Síndrome Celular




Un síntoma ampliamente compartido por las personas en la actualidad es la sensación de vació que se experimenta al dejar en celular en la casa o en la oficina; pareciera que uno está incompleto. Esto no ha sido siempre así, desde luego.

Para 1998, yo tenía mi primer celular. Era una "panel" Ericsson que mi padre había comprado para él, pero que no fue capaz de usar. Mensualmente, el “Plan Estudiante” valía $25.000 (más iva), y daba unos sesenta minutos “gratis”, que funcionaban entre seis de la tarde y seis de la mañana, entre usuarios Cocelco, compañía que siempre fue la segundona, pues Comcel tenía la más grande participación en el mercado. Para aquella época, la publicidad de celular aún nos mostraba ejecutivos de corbata y mujeres en traje sastre que montaban en avión y participaban en reuniones de negocios a través de teleconferencia. Se tenía la idea de que el celular era para gente importante.

Luego, en los spots de las compañías empezaron a aparecer amas de casa, estudiantes y empleados de oficios varios (plomeros, electricistas, pintores…) usando teléfonos móviles. Sin embargo, el punto de quiebre definitivo lo causó Ola con su minuto a $30. En adelante, BellSouth (antigua Cocelco; ahora MoviStar) comenzaron a bajar aun más sus precios. Hoy, hasta los niños tienen un móvil, adecuado con funciones, colores y formas específicas para ese público.

Gracias a esa “evolución”, hoy el celular es el foco de un síndrome con sintomatología como la siguiente:

-En teatros, auditorios, conciertos, timbran celulares todo el tiempo. El caso más insólito me sigue pareciendo el de los atrevidos que lo contestan en medio de una proyección; ¡es el colmo!
-Salir a la calle es exponerse a escuchar demasiadas veces la expresión “no tengo minutos”

-Orbitel, experta en llamadas de larga distancia, se quedó sin trabajo; ahora intentan vendernos la idea de comprar WiMax, un Internet inalámbrico que sólo funciona en El Poblado.

-Se ha vuelto peligroso llegar a la parte interesante de una conversación porque en el mejor momento suena el celular de la otra persona…

-Los estudiantes entran y salen de clase para hablar por celular, reciben mensajes de texto todo el tiempo, y concursan al que tenga el ringtone más charro.

-En vez de las excusas de antaño, ahora evitamos los compromisos con expresiones como “No tenía señal”, “Estaba descargado”, “Se me perdió la tarjeta”, “No tenía minutos”, “Estoy sin identificador”, “Me mandaba al correo de voz”, “Se me quedó el celular”, “En ese momento no te podía contestar”, “No sentí el vibrador”, y un largo etcétera.

martes, enero 23, 2007

Síndrome del Melodrama, segunda parte

En nuestro capítulo anterior...

En la televisión, ahí terminan los problemas; en la vida real, es donde comienzan: luego del beso de la toma final, luego de estar tumbados en la cama mirando felices hacia el techo es cuando la vida comienza para los dos. Luego, alguno de ellos (pocas veces ambos) tendrá que organizar el desorden de prendas que ha quedado en la habitación. También encontramos el tema de quién preparará el desayuno del día siguiente; sin mencionar que, en el momento del baño, ella saca la crema por la mitad del tubo, y él deja pelos en todas partes. Con los días, ella se preguntará por qué su marido no es capaz de llevar los zapatos hasta el clóset si sólo están separados de éste por un metro; mientras, él podrá quejarse de que ella pasa su tiempo dedicada a las telenovelas, y no le permite ver el fútbol.

Cuarto, el gran secreto. Por lo general, en las telenovelas hay un gran secreto que, de descubrirse, podría llevar a pique las expectativas de alguno de los protagonistas. Todos sabemos (después de tanto ver televisión) que la razón por la cual el secreto se mantiene es porque si se descubre al inicio del melodrama, éste ya no tendría argumento para continuar. Es un asunto de capítulos y rating. De alguna manera, hemos incorporado la idea del gran secreto a nuestras vidas de pareja. Procuramos que la otra persona no conozca alguna (o varias) de nuestras facetas porque, de saberlo, pensamos que el otro huiría de nosotros. A todos nos ha pasado que al terminar una relación con alguien reclamamos su falta de transparencia.

Este síntoma guarda relación con otro: el esfuerzo denodado por insistir en los finales. La amenaza continua en el melodrama es que tal o cual cosa puede ser el fin de... En la vida cotidiana a veces creemos que las cosas terminan milimétricamente. Por ejemplo, que al cabar una relación ya no habrá nada de la otra persona, que terminar un matrimonio es como partir en dos un trozo de madera. Nada menos cierto que eso: si bien en la televisión los personajes son tan artificiales que ninguno cambia durante la historia (del primer al último capítulo se comportan igual) todos sabemos que en la vida las cosas son diferentes. Pese a ello insistimos en cosas como “Un clavo saca a otro clavo”, por lo cual buscamos olvidarnos de alguien dejando de pensar en él. Decimos: “Se acabó, ya no más”; pero en el fondo sabemos que la vida humana está llena de límites borrosos: todo final es un comienzo; cada comienzo es un final; las cosas empiezan a acabarse desde el momento mismo en que empiezan a ser.

Es muy difícil generalizar, o pensar que estas características de las telenovelas aplican igual en todas las personas. Lo cierto es que ojear los comportamientos de las parejas en la calle, el escuchar los programas radiales donde se dedican canciones románticas, o el leer los periódicos colegiales, y aun el escuchar los textos de las canciones que nuestros jóvenes componen, basta para reconocerlo.


El Síndrome del Melodrama, primera parte

Por estos días volví a ver Tacones Lejanos, la película de Almodóvar. Estaba en casa con una amiga y no paré de reír cada vez que algún detalle visual, sonoro o narrativo parecía más exagerado de lo que se podría esperar. Al final estuvimos de acuerdo en que la película, tanto como otras buenas obras del director español son como “una novela de un solo capítulo, rodada en cine de 35 m.m”. Homenaje al melodrama.

Recordé entonces alguna conferencia en la que nos explicaron cómo los melodramas televisivos (principalmente las telenovelas) han influenciado los imaginarios colectivos de las relaciones de pareja contemporáneas. Las referencias se les pueden hacer familiares; pero para comenzar quisiera que observaran una conversación (y ojalá una discusión) entre novios, para comprobar cómo en nuestros diálogos cotidianos hacemos intertextos con los parlamentos de los actores de televisión.

Son varias las formas como esta influencia se manifiesta.

En primer lugar, la actitud de melodramatizarlo todo. En ello se pueden remitir al “Síndrome de la Tragedia Griega”, de Carlos E. La idea básica es que ante un hecho cotidiano, la persona “arma una tormenta en un vaso de agua”. Es típico que, por ejemplo, ante la respuesta negativa a una invitación a salir, el “afectado”, en vez de decir “Está bien, otra vez lo intentamos”, suele llevar la mano a la frente y decir cosas que buscan el remordimiento en el otro: “Bueno… yo sólo quería que estuviéramos juntos un rato; igual, parece que aquí el único interesado soy yo. Está claro que en esta relación yo lo doy todo mientras tú… En fin; así es la vida. “. Si están casados a ello se le puede agregar un “Ya tenía razón mi mamá cuando me dijo..”.

Segundo Síntoma (recuérdese que un síndrome es un conjunto de síntomas que configuran algo…), el maniqueísmo para enfrentar la vida. Es decir, ese vicio de creer que en la vida las cosas O son buenas O son malas en sí mismas; el maniqueísta, y con ello el melodramático, elimina los matices. En las telenovelas, el bueno es bueno, y el malo es malo; no hay otros términos medios. Y lo peor: no se justifica la forma de ser ni de uno ni de otro: el bueno nació bueno y lo será para siempre; mientras, la mala nació mala, tiene la ceja alzada y un rostro amargo. En ocasiones llevamos estas características a lo cotidiano. Cuando la pareja reclama algo, contestamos “Ah… entonces el malo soy yo”, “Ahora resulta que todo es mi culpa”, etcétera.

Tercer síntoma, la idealización del matrimonio. En las telenovelas parece que todo terminara con el matrimonio; pareciera que todos los problemas terminaran con la unión de la pareja. La manera como esta característica del melodrama ha influido nuestros imaginarios es contundente, a todos nos consta. La vida real nos enseña, sin embargo, que con el matrimonio terminan un grupo de problemas, a la vez que inicia otro. Juguemos a la caricatura en las imágenes del final de una novela tipo Corín Tellado: Luego de mil problemas, la pareja estelar por fin puede casarse; la novela termina con un zoom in al rostro de ambos mientras logran un beso que simboliza el amor, la unión y la felicidad. Están en la habitación de un hotel, o en su hogar de recién casados; la velocidad de los planos aumenta, cada nueva imagen entra por fundido: los vemos en siluetas, picados, planos cerrados, mientras consuman su amor; la cama es dorada con sábanas de seda. De repente la pantalla se ve invadida por un fade a blanco, y una letra script anuncia en un color oro: “Fin”.

En las novelas funciona así; en la vida cotidiana... (continuará)

Por ningún motivo se pierda el próximo capítulo de... El Síndrome del Melodrama

lunes, enero 22, 2007

Ejercicio Literario (Blog: Aquí en Colombia)

TOMADO DEL BLOG DE DIVA

¿Qué lees ahora?

Ya se acerca el Hay Festival en Cartagena y en un par de blogs vi esta, digamos, tarea para hacer y me parecío interesante. Todos están invitados a hacerla, si quieren en sus blogs o en los comentarios de este blog para poder leer así sus libros recomendados.
Instrucciones:

1. Toma el libro que tengas más cerca.
2. Ábrelo en la página 123.
3. Ve a la quinta oración de esa página.
4. Copia las siguientes tres oraciones y publícalas en tu blog.
5. Referencia el nombre del libro y autor.

Mis Primeras Canas

Escrito por Alberto Leonardo Cifuentes.

Este primer escrito está dedicado a la mujer que me hará vibrar a partir del año 2007…
Manuela Cifuentes Restrepo, nació el 1 de enero.


“Reflexiones de un existencialismo propio de mi generación”.

Hoy parece un día normal, como dirían algunos: “alegre y divertido”. El sol revienta como si fuera a explotar. Diciembre empieza. Mes de parranda y celebración dirán algunos. Corro a abrir la puerta de mi apartamento. Hoy tengo varios compromisos y la verdad no sé si alcance a lograrlos todos. Bajo las escaleras en cinco segundos, reviso si todo está en regla, busco desesperadamente las llaves del carro y me monto en él.

De pronto veo a lo lejos que alguien se proyecta. No lo logro descubrir sino hasta muy pocos metros de mi vista en donde ella está. Es Luz, una de las niñas que hace la vigilancia en mi unidad. Ella con su sonrisa y su entusiasmo que la caracterizan me lanza el siguiente piropo: “Oiga don Alberto ya le empezaron a salir canas, pero no se preocupe le lucen muy bien”. Bastaron diez segundos y medio para subirme al carro y meditar sobre lo dicho. Hoy mes y medio después sigo paralizado.

A partir de ese momento surgen varias preguntas ¿Porqué la gente dice frases que no queremos que sean escuchadas por nosotros?

Acuérdese cuando éramos niños y nos obligaban a tomar sopa de espinacas porque estábamos en crecimiento, esa es una de tantas frases que nos acordamos.

Que a uno después de cierta edad le salgan las benditas canas, venga y va, pero después de semejante poesía y piropo es mucho lo que tengo para reflexionar.

No quiero parecer vanidoso pero no estamos preparados para una vejez prematura. Lo digo en mi nombre y en el de muchos de mi generación que hacen hasta lo imposible por verse jóvenes y bellos.

Después de esto hice un juramento a mi esposa cuando cumpla los 50 años me las dejo antes jamás.

Los hombres somos vanidosos por naturaleza y miedosos del tiempo que pasa y no perdona. Nos sentimos enfermos como si algo no estuviera bien, parecemos un árbol de navidad lleno de adornos en la cabeza o un raspado con un hueco en la mitad. Las canas son interesantes. No sé si se ven bien para las mujeres. Pareciera un castigo o impotencia intelectual y una reflexión que nos invita a ser verdaderos machos. No conozco la primera mujer que se deje las canas desde joven.
Ese color blanco una vez ingresa a nuestro cuerpo no descansa hasta convertirnos en hombres de nieve. El tiempo nos da la oportunidad para acelerar el paso y pensar rápidamente en nuestra familia, país, futuro económico y las preguntas de rigor para la complejidad de vivir. Todo lo que hagamos se debe ejecutar ya, en un tiempo mínimo.

Yo, de verdad, estoy pensando cuando cumpla 50 años, si este piropo me hizo más hombre o por el contrario me desgasta en tiempo y energía. Así haré una segunda parte de semejante escrito como una reflexión de un hombre para todas las mujeres que en ese tiempo tengan canas.

Amanecerá y veremos como diría un ciego…


EL SÍNDROME DE LA TRAGEDIA GRIEGA

Este texto pertenece al ciclo de Síndromes Ecotidianos...


Este síndrome está caracterizado por una respuesta desproporcionada frente a una situación cotidiana. Un huevo que cae de la nevera seguido del grito de una madre que parte la mañana del sábado en dos es una ilustración perfecta.

- Mamá, pero fue un accidente.
- ¡Claro! Como a ustedes no les toca mercar. Un día de estos vamos a quedar de limosna con este despilfarro de ustedes.
- Mamá, dejá yo limpio el reguero.
- Nooooo, tranquilos… aquí está “su” empleada del servicio para limpiarles todas sus porquerías, no más desordenen que yo…

¿Le suena conocido? El “Síndrome de la Tragedia Griega” se manifiesta inesperadamente y abarca temas tan disímiles como la ventana de espejos que instaló el vecino y que nos obliga a mudarnos de barrio hasta la tercera elección de Uribe que nos va a sumir de una vez y para siempre en el oscurantismo.

El roce contra un andén que deja inservible el automóvil familiar o la promesa de no volver a dar una opinión sobre nada en lo que queda de vida son también efectos del “Síndrome de la Tragedia Griega”.


- Carlos Eduardo -

domingo, enero 21, 2007

Síndrome del PseudoIntelectual

Este texto pertenece al ciclo de Síndromes Ecotidianos...

Éste es un tipo que se cree intelectual: goza cuando se le reconoce su inteligencia, y posa para que ésta salga a relucir.

Un día en la vida de este personaje puede iniciar mientras escucha alguna emisora cultural con los informes de la BBC de Londres, y sus curiosas efemérides. Cada uno de los datos escuchados es almacenado en su memoria impecable, pues en cuestión de minutos estos mismos pueden ser usados, bien en una conversación telefónica casual o en una fastidiosa tertulia con los seres de su especie.

La decisión de escuchar radio cultural proviene de su apatía por el consumismo mercantilista de la radio comercial. De paso, nada que tenga la etiqueta masivo, comercial, o ligero, es del agrado de este ser; en vez de esto, cualquier cosa que insinúe ser artística, intelectual, exclusiva, y sobre todo profunda, está en su derrotero. (Le encanta decir que él va y ve más allá que el común).

La ropa, los libros, los lugares que frecuenta… mejor dicho, todo, es anti algo… anti taurino, anticomercial, anti-imperialista, anti-superficial, etcétera. Por eso, tiene cierta renuncia a su cuerpo y aspecto personal, pues preocuparse por el aspecto personal sería comportarse como una persona superficial: el pseudointelectual nunca irá a un gimnasio; sería renunciar a sus principios. Tampoco se le verá nunca en una sala de cine comercial, pues –dice- Hollywood es un atentado directo contra el arte. Asimismo, las emisoras comerciales que rotan música pop nunca estarán en su lista de audiciones diarias. Manifiesta su (fingido) orgullo de no saber nada de los éxitos del momento, y que odia a Juanes porque vendió su rock metal de la primera etapa de Ekhymosis, por un rockcito con congas y trompetas en el segundo período de ese grupo.

Reacio a la farándula, renuente a las masas, y hostil ante los esquemas comerciales, nuestro personaje desconoce, sin embargo, que entre el gimnasio, las emisoras de música pop, las revistas de farándula, y las noches de rumba en la Zona Rosa de los consumistas-mercantilistas-superficiales seres que (aparenta) odiar, no hay grandes diferencias –de fondo- con su biblioteca, su lista de preferidos de la música clásica, los libros y revistas académicas, y las noches de cerveza de $1.000 en el Parque del Periodista o en Carlos E. Restrepo.



Carlos Andrés

“SINDROME DEL ZANCUDO”

Este texto pertenece al ciclo de Síndromes Ecotidianos...


Es más conocido como holgazán o recostado; es un chupasangre que no desaprovecha oportunidad para succionar lo mejor de sus victimas, por lo general son sus amigos, padres, familiares o cualquiera que le de la oportunidad. Para la persona que padece este mal no hay cura que valga, es una enfermedad con alto grado de egoísmo y pereza que convierten a la persona en un ser facilista por excelencia.

No hay repelente efectivo él; pues se le dice “haga algo por usted y para usted” y parece que entendiera “yo estoy siempre a la orden”. Y si las palabras son en vano ni hablar de las actitudes que toman sus victimas cuando están cansados de ser el mejor aperitivo para este enfermizo, empiezan ignorándolo, luego lo evaden y al ver que no comprende dan ganas de matarlo, exterminarlo o abrir un hueco y enterrarlo.

Vive en el aire; pues no sabe que al final el único afectado es él, porque es tan tonto e iluso que esta convencido que es muy vivo (por no decir vividor) y lo único que hace es acrecentar su mediocridad, todo lo aprende a medias ¡si es que lo aprende!

A este ser le encanta picar y picar no le importa en donde ni a quien, se ensaña de las personas de una manera increíble y parece disfrutarlo, es mas el cree que le alimenta esa actitud y lo único que logra es que uno suplique por su ausencia en vez de su presencia.

Lo único que les puedo decir es que es mejor ser victima (ojala que no) de un enfermo como estos, que poseer este síndrome tan detestable.

viernes, enero 19, 2007

"Sindrome Bonachon Buenaparte"

Este texto pertenece al ciclo de Síndromes Ecotidianos...



Para el enfermizo de este mal (sule poseerlo solo los fines de semana) a las 10:30 PM no se esta acabando la noche, por el contrario apenas comienza; “la noche es joven” porque según él acaba a las 4 o 5 de la mañana.

Su especialidad es bailar; si a él le encanta “azotar baldosa” sabe bailar merengue, porro, salsa, vallenato... y si algún ritmo no se acomoda al repertorio de sus pasos, lo soluciona con unos cuantos tragos de alcohol, ¡ojo! Antes advierte a su pareja diciéndole cosas como: yo no es que sea el mejor “tirando paso” pero hago el intento o bailemos pero tu me enseñas.

Cuando alguien le atrae no suele verla como una persona, se confunde con un centro de beneficencia o psicología; puesto que le cuenta todos sus problemas y si no los tiene los crea: la esposa no lo quiere, el hogar de mal en peor, su jefe es un tirano, los hijos no lo respetan, “nadie me quiere ,todos me odian.”

Su estrategia para conquistar es casi siempre la misma; pues para él no hay nada mas efectivo que el alcohol, el baile, la moda y por supuesto el dinero; se acompaña se frases conquistadoras e insinuantes (para él), a esto se le suma los varios pares de algún trago que hacen que dicho personaje parezca mas ululando que hablando.

Sus anécdotas no pueden faltar; cuando deja hablar a la otra persona es escasamente para saber su teléfono, dirección, trabajo. En pocas palabras algo que le permita volver a ver (eso cree) a la persona que tan pacientemente lo ha escuchado.

Cuando llega (sobrio) a un lugar suele tener una actitud seria y algo analista, pero después de un tiempo (ebrio) baila solo, habla como para todo el mundo, y mantiene una euforia que de un momento a otro decae y cuando no llora es porque se duerme.

Después de una pequeña siesta, viene la fase final de su afección; mas conocida como “guayabo”. Los hay de muchos géneros; esta el depresivo: miedo a la soledad, el moral: donde se arrepiente del ridículo del día anterior y de el dinero que se gasto, y el físico: dolor de cabeza, sed y malestar general. En esta fase la persona promete demorarse para volver a provocar dicho síndrome; aunque en algunos casos después de un baño, la persona empieza a tomar cerveza fría (para la sed) y al cabo de un rato esta de nuevo en su afección.

Haciendo punto aparte en lo referido a mi texto; no sobraría decir que nuestra sociedad se ve cada día mas asechada por toda clase de síndromes: piratería, política, drogas, abuso de mujeres... y no pude faltar el que esta de moda “síndrome insano contra la niñez”; pero no todo es malo, Colombia en especial Medellín y Cartagena se han dejado contagiar de un síndrome buenísimo “síndrome hay festival” ¡que bien por nosotros!

EL SÍNDROME DEL PAJARITO

Este texto pertenece al ciclo de Síndromes Ecotidianos...


Hace días, hablaba con mi hermana y ella mencionó algo que me hizo pensar en lo que llamaré “Síndrome del Pajarito”. Este escrito “pseudocientífico” analiza las bases elementales de este síndrome. La tesis es que el pajarito cuando está en tierra se la pasa entre “pasito y cagadita”. Es decir, un par de pasos hacia adelante seguidos de la evacuación correspondiente que cierra el ciclo. Esta secuencia se efectúa a un ritmo asombroso para la escala humana.

Es curioso como algunas personas parecen nunca parar cabeza. Ahí está el “metepatas” incorregible que se la pasa de “embarrada” en “embarrada” por que su “gran bocota” nunca se conecta a su cerebro; o el borrachito que se la pasa entre las promesas de no beber más (mientras le dura el “guayabo”) y la euforia de las jornadas etílicas del fin de semana. Estos son solo dos ejemplos del “Síndrome del Pajarito”.

En general, los que padecen este síndrome, pasan por períodos de aparente recuperación. No obstante, sus tendencias siempre se encuentran con una voluntad de títere que se desmorona con la menor presión. La gente a su alrededor lo sabe y masculla frases como “cuánto le durará esta vez” o “tocaría amasarlo y volverlo armar” o “este ya no cambia”.

El proceso digestivo del pájaro dura apenas 20 minutos. Todos sus órganos internos trabajan a una velocidad sorprendente. Algunas personas afectadas por el “Síndrome del Pajarito” no aguantan ni siquiera veinte minutos entre caída y recaída. Una vez que entran en contacto con un entorno estimulante, sus pulsiones se desatan en segundos. La chismosa, empieza a tejer nuevas historias en cuanto entra en contacto con sus vecinas; el ladrón empieza a calentar sus falanges a la simple vista de un objeto de valor; la niña “recatada” entra en combustión con el primer sorbo de licor; el jugador cuenta mentalmente la plata en su bolsillo con las primeras luces del casino, y la compradora compulsiva siente la textura de la prenda por anticipado cuando ve el maniquí en la vitrina.

Es importante recordar que el “Síndrome del Pajarito” es una dolencia cuyo crecimiento no se ve afectado por la Gripa Aviar en Europa o por las leyes anti-dumping contra el pollo procedente de Norteamérica. A ritmo de paso y… Bueno, pasito a pasito, el “Síndrome del Pajarito” nos va dejando un tejido social mugroso y deteriorado. Como dice el dicho: “más sucio que parapeto de loro”.

El problema no es grave. El síndrome se corrige fácilmente con una buena dosis de voluntad por parte del paciente, pero para eso se requiere de coraje, no de promesas.


- Carlos Eduardo -


miércoles, enero 17, 2007

EL SÍNDROME DEL MARRANO

Este texto pertenece al ciclo de Síndromes Ecotidianos...

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El “síndrome del marrano” es un mal extendido y tolerado por nuestra sociedad al cual no se le ha prestado atención. No entiendo cómo la OMS, no ha tomado cartas en esta pandemia que se extiende de país en país bajo la indolencia general. Es claro que su causa no es virus como es el AH1N1, pero hay que ver como se introduce subrepticiamente en nuestras familias, aulas de clase y sitios de trabajo generando un deterioro social progresivo.

El “síndrome del marrano” se determina a través de la personificación de las características del cerdo por parte de un grupo social. En nuestro país, al igual que en otros países, la vida de algunos parece reproducir, peligrosamente el ciclo de vida porcino.  Estos son aspectos puntuales de esta afección:

En primer lugar, el cerdo, por su estructura vertebral, es uno de los pocos animales que no puede enderezar la cabeza para ver hacia arriba o hacia adelante. Vive encorvado y no conoce más que lo que tiene frente a sus ojos. ¿Cuántas personas no ven más allá de sus narices? Son incapaces de prever las consecuencias de sus actos y no se les ocurre mirar hacia el futuro en previsión. Un ejemplo es el muchacho que piensa que “vida no hay sino una” y que vino a este mundo a gozar y no a hacer de sí mismo algo útil, o la mujer que permite que su pareja la anule laboral, social y académicamente y que termina abandonada, llena de hijos y sin una profesión o un trabajo que la respalde. También están aquellos que no entienden las sútiles señales del entorno y siguen adelante sin prestar atención a lo que les traerá el futuro a causa de sus malas decisiones. Viven literalmente con el hocico a dos palmos del comedero. Sus porcinas miradas no prestan atención sino a una zanahoria descompuesta que flota sobre el "aguamasa", sin comprender que más allá, más arriba y con mayor intensidad cosas buenas les esperan.

En segundo término, el cerdo tiene el cerebro, los genitales y el corazón a un mismo nivel. Su correspondencia humana son las personas que anteponen su corazón y su satisfacción sexual a la razón y a la lógica. Una madre que no disciplina a su hijo que se hunde en el vicio o los infieles que sostienen un amante aún a costa de su propia familia son casos típicos. El alto ejecutivo que, a costa de su imagen, acosa sexualmente a sus subordinadas, o la mujer a quien dos tragos de licor le derrumban sus barreras morales, también caen dentro de esta clasificación. Otro ejemplo es el empleado que consume en juergas y vicios los pocos pesos de su salario y aparece por su casa a pedir comida y a informar que si no quedó nada para los víveres de la semana, menos quedó para pagar los colegios de los hijos o el arriendo vencido hace tres meses.

Tercer punto clave: el cerdo es un animal capaz de revolcarse entre el fango y de comer basura sin remordimientos. A muchos no les importa comer cuanta comida basura existe o matarse lentamente consumiendo los alimentos que les hacen daño. Esto por no hablar de los que se fuman un cigarrillo detrás del otro o de los que piensan que el alcohol es para acabárselo todo de una vez, y que si no terminan abrazando la taza del sanitario y “devolviendo atenciones” es porque no hubo rumba.

También es importante recordar que el cerdo vive recostado a sus congéneres. Se echan unos encima de otros y van por la vida cargados o cargando a los demás. Es sorprendente como la gente descarga en otros sus problemas para que se los solucionen. Es el clásico caso de los estudiantes, profesionales y empleados que se dejan usar para que otros se lleven los reconocimientos académicos o laborales que en justicia les corresponden. ¿Ha visto usted a un estudiante tramposo, un prestamista consuetudinario, un molesto “goterero”, un hombre de más de 35 años viviendo con sus padres, un marido mantenido o una mujer que ofrece sus favores después de medir la solvencia del tipo? Ya sabe entonces cuál es el origen de estos males… El “síndrome del marrano”.

Quinto. El cerdo es desordenado, por eso la gente se refiere a un lugar en desorden como un “chiquero” o una “porqueriza”. A nuestro alrededor hay personajes que permiten que sus vidas, sus familias y sus casas sean un caos total. Sus vidas son la suma de un descalabro tras otro. Además, hay personas que se habitúan al desorden físico de sus lugares de trabajo o de su vivienda. Estos últimos, afirman que le gusta de esa manera y se molestan cuando alguien intenta organizar o criticar su desorden.

Por otro lado, el cerdo emite gruñidos y chilla frente a una provocación. Hay personas que gritan, irrespetan, atropellan y maltratan a sus familias, a sus amigos o a quienes tengan por delante sin respetar edad, dignidad o gobierno. No obstante, los más detestables son los que ostentan públicamente su vulgaridad y chabacanería. Esos que cada vez que hablan, parece que abrieran la tapa de un tarro de basura, como el imbécil que lanza una sarta de bajezas a una mujer en la calle y le llama a esa vulgarización femenina un “piropo”.  En esta categoría se clasifica también el vecino que decide desdoblarse en la acera del frente bajo el efecto de una borrachera fenomenal.  Parlantes a todo volumen, amigotes y chillidos  son los ingredientes de un escándalo que solo divierte a su pandilla de esperpentos intoxicados, pues por lo que respecta al resto de vecinos, solo les queda dar vueltas en la cama, sin poder descansar, deseándole al infractor un rápido y fulminante coma hepático.

Finalmente, el cerdo es cultivado, engordado y preparado para comerlo. Es decir, toda su vida se la pasa detrás de una comodidad y tranquilidad aparente sin sospechar que al final solo servirá para jamón. Innumerables personas creen firmemente que nunca van a dejar de ser jóvenes, fuertes o atractivas. Para ellos tengo malas noticias: ningún ser humano tiene una etiqueta en la espalda que diga “Yo soy de por vida” ni otra en el pecho que diga “yo soy inmortal”. ¿Qué pasará cuando llegué el día en que tengamos que hacer el resumen de nuestras vidas? Los asilos y hospitales están llenos de gente que en su momento causaron furor por sus características físicas, su inteligencia o sus habilidades. ¿De verdad cree que su abuelo y su abuela cuando se casaron ya estaban arrugados y encorvados?

Por mi parte, reconozco que a veces improviso cosas que debería planificar, en ocasiones pienso con el corazón y no con el cerebro, me encanta la comida con grasa que me sube hasta las nubes el colesterol, me gusta cierto grado de desorden en los objetos a mi alrededor y digo más palabrotas de las que quisiera cuando me enojo.

Reconozco en mí mismo los primeros síntomas del “síndrome del marrano” y lucho por encontrar la cura. En consecuencia, me hago dos preguntas básicas: ¿Habrá otros por ahí con un grado más avanzado de la enfermedad? Y lo más importante: ¿existirá algo como la FPSM (Fundación para la Prevención del Síndrome del Marrano) que nos pueda ayudar? Es urgente.

martes, enero 16, 2007

¡sorpresa!

Hace mucho tiempo perdí el sentimiento de ingenuidad y sorpresa que uno sentía el 24 de diciembre, cuando el niño Jesús se metía por algún rincón, hueco, ventana, aparecía, desaparecía… y de la nada me sorprendía con un obsequio; que de alguna manera esperaba, pero que a ciencia cierta no sabia que iba a ser. Pues este año mi mamá recreo en mi dicho sentimiento y de que ¡manera!

Estábamos en la casa de mi abuela casi toda la familia; la reunión empezó aproximadamente a las 9:30 (madrugaron), cada persona fue colocando en al árbol el detalle para los suyos: habían tarjetas, cajas, bolsas de todos los tamaños; todos escondían muy bien su contenido porque no se podía descifrar que guardaban en sí, excepto por una guitarra que por cierto estaba muy bien adornada.

Toda la mañana y parte de la tarde moleste con la bendita guitarra, pues era el único regalo que me daba la certeza de saber que era. Dije cosas como: el dueño de la guitarra tiene el compromiso moral-social de tocar el día de la madre y en cada reunión familiar, ¡yo no sabia que teníamos músico en la familia!, el 31 me tocan una canción por favor… en fin, así estuve hasta las 4 de la tarde que empezó la repartición de los obsequios para las personas que tenían compromisos mas tarde.Regalos van regalos vienen –y yo esperando el dueño de la guitarra, para hacer mis indirectas mas directas-. Era el turno de mi mamá, se paro al lado del árbol en frente de todos, sonriente y radiante dijo: Alejo (mi hermanito) el niño te trago unos patines, y a Mara (yo) una ¡GUITARRA¡

Yo no lo podía creer toda la mañana estuve esperando la entrega de la guitarra, para que la dueña fuera yo; me esperaba unos aretes, un reloj, una camisa, ropa interior, hasta un postre pero una guitarra (¿?), si del único instrumento musical del que he hablado en mi casa fue de un guiro y el único que he tocado ha sido una lira – cuando estaba en la banda de la escuela-Le dije a mi mamá en un tono discreto, sutil y alegre ¿y por que una guitarra? Ella con una hermosa sonrisa me contesto que cuando la había visto me le viene a la mente y que sentía que ese iba a ser un buen regalo para este año.

Proseguí a rasgar el papel navideño, saque la guitarra. Ella azul rey con negro me hizo entender que así tenga 20, 25, 30 años; mi mamá nunca va a perder ese toque de ternura, alegría e imaginación que siempre han dejado y dejaran huellas en mí.

Mi Lista

Delicioso el ejercicio de repasar nuestros textos; difícil el de dejar a un lado los gustos y preferencias personales. Aquí va mi lista de los post favoritos del 2006...

Mesero por favor

No cuesta nada

La misteriosa lana

Amor lupino

Ojo por ojo

domingo, enero 14, 2007

Recordando el 2006

Si se trata de hacer una antología de los ECO 2006, yo propondría los siguientes blogs:

La misteriosa lana

Qué viva Mitú

El gallo de los huevos de oro

Insomnio

Hola Jotito

Belén 172

Y el niño orinó


Carlos Eduardo

Enero y el Recuerdo

Tengo una queja…

Me quejo de un recuerdo que me atormenta hace varios días. Es ella: la olvidada, la muerta y enterrada entre las ceibas de un parque de Medellín en una tarde de adioses.

Cuando sentía que era parte de mi historia, ella vuelve a visitar la maraña de mis ausencias y quiere torcerle el cuello a mi buena voluntad.

Vete, recuerdo hermoso y dañino.
ñ

jueves, enero 11, 2007

Hay cosas que ni qué

Tal vez sólo suceda una vez al año: la rara sensación de volver a la oficina –después de las vacaciones decembrinas- y sentir que se extrañaba ese lugar.

Llegada del 2007

Inicia un nuevo año. Junto a la ropa sucia de las vacaciones, vienen los sueños nuevos y viejos al mismo tiempo. Nuevos, por que cada año creemos que deseamos algo por primera vez, y viejos, por que si los analizamos con detenimiento, siguen siendo los mismos en un momento histórico diferente.


Este año empezó con calor, pero ahora la lluvia regresa con persistencia. Igual la vida, empezamos este año con tranquilidad y luego la prisa de la rutina nos absorbe.


Me gusta este lugar del cyberespacio incluso después de casi un mes de ausencia. Espero que pronto crezcamos en número y logremos un hermoso tapiz multicolor donde quepan las distintas visiones de cada uno de los colaboradores.


Este mensaje , es para calentar motores, dar muestras de vida y presentar un parte de novedad.