domingo, enero 21, 2007

Síndrome del PseudoIntelectual

Este texto pertenece al ciclo de Síndromes Ecotidianos...

Éste es un tipo que se cree intelectual: goza cuando se le reconoce su inteligencia, y posa para que ésta salga a relucir.

Un día en la vida de este personaje puede iniciar mientras escucha alguna emisora cultural con los informes de la BBC de Londres, y sus curiosas efemérides. Cada uno de los datos escuchados es almacenado en su memoria impecable, pues en cuestión de minutos estos mismos pueden ser usados, bien en una conversación telefónica casual o en una fastidiosa tertulia con los seres de su especie.

La decisión de escuchar radio cultural proviene de su apatía por el consumismo mercantilista de la radio comercial. De paso, nada que tenga la etiqueta masivo, comercial, o ligero, es del agrado de este ser; en vez de esto, cualquier cosa que insinúe ser artística, intelectual, exclusiva, y sobre todo profunda, está en su derrotero. (Le encanta decir que él va y ve más allá que el común).

La ropa, los libros, los lugares que frecuenta… mejor dicho, todo, es anti algo… anti taurino, anticomercial, anti-imperialista, anti-superficial, etcétera. Por eso, tiene cierta renuncia a su cuerpo y aspecto personal, pues preocuparse por el aspecto personal sería comportarse como una persona superficial: el pseudointelectual nunca irá a un gimnasio; sería renunciar a sus principios. Tampoco se le verá nunca en una sala de cine comercial, pues –dice- Hollywood es un atentado directo contra el arte. Asimismo, las emisoras comerciales que rotan música pop nunca estarán en su lista de audiciones diarias. Manifiesta su (fingido) orgullo de no saber nada de los éxitos del momento, y que odia a Juanes porque vendió su rock metal de la primera etapa de Ekhymosis, por un rockcito con congas y trompetas en el segundo período de ese grupo.

Reacio a la farándula, renuente a las masas, y hostil ante los esquemas comerciales, nuestro personaje desconoce, sin embargo, que entre el gimnasio, las emisoras de música pop, las revistas de farándula, y las noches de rumba en la Zona Rosa de los consumistas-mercantilistas-superficiales seres que (aparenta) odiar, no hay grandes diferencias –de fondo- con su biblioteca, su lista de preferidos de la música clásica, los libros y revistas académicas, y las noches de cerveza de $1.000 en el Parque del Periodista o en Carlos E. Restrepo.



Carlos Andrés

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Estaba hablando de usted?, o es solo impresión mia.

Carlos Andrés dijo...

Todos los textos son, de alguna manera, autobiográficos.

Xiomy dijo...

No conozco la esencia de Carlos A, pero por lo que sé de su existencia no me queda duda que habla de él.

diana. dijo...

señor arango, su texto al final tiene razon,todo termina siendo lo mismo, debe existir algo para que nos guste su contrario...en fin, hay que agradecerle a los demas por ayudar en nuestro
re-conocimiento.

Anónimo dijo...

te falto agregar que los pseudointelectuales contestaran todo con algun comentario "ironico" o algun intento de sarcasmo cuando se sienten amenazados.