martes, enero 23, 2007

Síndrome del Melodrama, segunda parte

En nuestro capítulo anterior...

En la televisión, ahí terminan los problemas; en la vida real, es donde comienzan: luego del beso de la toma final, luego de estar tumbados en la cama mirando felices hacia el techo es cuando la vida comienza para los dos. Luego, alguno de ellos (pocas veces ambos) tendrá que organizar el desorden de prendas que ha quedado en la habitación. También encontramos el tema de quién preparará el desayuno del día siguiente; sin mencionar que, en el momento del baño, ella saca la crema por la mitad del tubo, y él deja pelos en todas partes. Con los días, ella se preguntará por qué su marido no es capaz de llevar los zapatos hasta el clóset si sólo están separados de éste por un metro; mientras, él podrá quejarse de que ella pasa su tiempo dedicada a las telenovelas, y no le permite ver el fútbol.

Cuarto, el gran secreto. Por lo general, en las telenovelas hay un gran secreto que, de descubrirse, podría llevar a pique las expectativas de alguno de los protagonistas. Todos sabemos (después de tanto ver televisión) que la razón por la cual el secreto se mantiene es porque si se descubre al inicio del melodrama, éste ya no tendría argumento para continuar. Es un asunto de capítulos y rating. De alguna manera, hemos incorporado la idea del gran secreto a nuestras vidas de pareja. Procuramos que la otra persona no conozca alguna (o varias) de nuestras facetas porque, de saberlo, pensamos que el otro huiría de nosotros. A todos nos ha pasado que al terminar una relación con alguien reclamamos su falta de transparencia.

Este síntoma guarda relación con otro: el esfuerzo denodado por insistir en los finales. La amenaza continua en el melodrama es que tal o cual cosa puede ser el fin de... En la vida cotidiana a veces creemos que las cosas terminan milimétricamente. Por ejemplo, que al cabar una relación ya no habrá nada de la otra persona, que terminar un matrimonio es como partir en dos un trozo de madera. Nada menos cierto que eso: si bien en la televisión los personajes son tan artificiales que ninguno cambia durante la historia (del primer al último capítulo se comportan igual) todos sabemos que en la vida las cosas son diferentes. Pese a ello insistimos en cosas como “Un clavo saca a otro clavo”, por lo cual buscamos olvidarnos de alguien dejando de pensar en él. Decimos: “Se acabó, ya no más”; pero en el fondo sabemos que la vida humana está llena de límites borrosos: todo final es un comienzo; cada comienzo es un final; las cosas empiezan a acabarse desde el momento mismo en que empiezan a ser.

Es muy difícil generalizar, o pensar que estas características de las telenovelas aplican igual en todas las personas. Lo cierto es que ojear los comportamientos de las parejas en la calle, el escuchar los programas radiales donde se dedican canciones románticas, o el leer los periódicos colegiales, y aun el escuchar los textos de las canciones que nuestros jóvenes componen, basta para reconocerlo.


2 comentarios:

Xiomy dijo...

Tus textos reflejan muy bien las tantas diferencias que hay entre las telenovelas y la realidad; pero mas que exagerar o maquillar situaciones, tipificar personajes y no salir del mismo esquema, me haces pensar que un poco de allá y mucho de acá solo rebelan lo difícil que es querer a alguien.

Anónimo dijo...

"Nuestros jóvenes"... je, ¡como si tú no lo fueras!