miércoles, abril 25, 2007

Acto Cívico

Con todo esto del día del idioma, uno recuerda. Y ahí ya aparece una primera sensación: en este lado del mundo recordamos (tanto como soñamos, reímos, cocinamos, cantamos y hacemos el amor) en Español. Que no debe ser lo mismo que hacerlo en otro idioma.

Así que con esos recuerdos en Español, me acordé de las carteleras de cada año para el día del idioma, en las cuales se supone uno debía dibujar a Marco Fidel Suárez, Rafael Pombo y a Miguel de Cervantes, para ex-ponerse frente a los compañeros en el Acto Cívico y decir que el primero y el tercero nacieron en la misma fecha. Los recuerdos ya lejanos de esas imágenes (que mi primo elaboraba a $20 c.u) viene envuelto en olor a mango biche, panelitas, y baladas románticas en español e inglés (que hoy llamamos respectivamente música "peluquería" y "glam").

Mi escuela, República del Salvador, en el barrio Campo Valdés, cada día del idioma se reunía a repetir mecánicamente el mismo ritual sin mito. Es decir, había ceremonia pero no sentido de celebración; la fiesta era externa, porque los menudos 9 años no nos alcanzaban para imaginar todo lo que un idioma permite (e impide) en la experiencia de un ser humano.

Y pa que vea cómo es la vida, quién se iba a imaginar que este niñito Carlos Andrés, de quien las amigas de su mamá preguntaban si era mudo, varios lustros después, no sólo sabe qué significa "lustro" sino que se atreve a celebrar el Español.

Por eso, sin saber si es un homenaje a mi lengua, o a mi memoria, aquí van las imágenes recuerdos:





AÑO, NIÑO, PUÑO Y LA COLOMBIANÍSIMA "ÑAÑA"

Nunca creí que algo tan pequeño como una tilde y una letra pudieran generar tanta alegría...

Por fin, después de luchar a brazo partido con el teclado de este computador, logré programar las tildes y la "Ñ".

Palabras como "cariño" ahora tienen sentido nuevamente. Términos como "Conocí", Sentí y "recorrí" vuelven a formar parte de un pasado real y no son placebos para el ayer.

Incluso palabras menos agradables como "Caño", "Roña" y "Orín" son rítmicas y eufónicas cuando las escribo sobre el papel electrónico.

Ah, que delicia! Escribo, luego debo de existir.


Comentario: algunas de las palabras usadas en este escrito cotidiano son utilizadas adrede para utilizar mi renovado don de escribir con tildes y eñes.

domingo, abril 15, 2007

DES-CUBRIENDO (me)

Cuando era pequeña mi abuela vivía en el campo, en una casa muy artesanal, hecha con sus propias manos, las de su madre, su hermana, sobrinas e hijas, es decir hecha por toda la familia.

Junto a un gran tanque había un arbolito, con tallo delgado y abundante follaje, su fruto era pequeño, tenia forma de huevo, amarillo y muy dulce, tan dulce que decidimos (mis primos y yo) llamarlo y para siempre el palo de confites, la abuela nos tenia terminantemente prohibido cogerle fruto alguno, así que tocaba esperar que estos estuvieran lo suficientemente maduros para que cayeran solos, cuando la abuela no esta cerca sacudíamos el arbolito caían -los maduros-.

Este recuerdo de mi infancia regreso hace poco cuando caminaba por la 65 (de Capos de Paz a la Terminal del Sur) y vi muchos palos de confites, ¡Y LA ABUELA QUE SOLO TENIA UNO!, no puede evitar devolverme muchos años atrás, regresar a aquella casa y recordar lo feliz que fui cuando comía confites del palo de confites de la abuela.

Este recuerdo me hace pensar que mi infancia no fue tan triste como la quería recordar, ese día des-cubrí que desperdicie mucho tiempo peleando con mi “dizque” infancia infeliz, la cual no lo fue, era yo quien no permitía verme y recordarme feliz, quien cubría imágenes felices con razones grises.

De un tiempo para acá la vida se esta encargando de mostrarme cosas que he estado tratando de ignorar, no puedo huir, diana siempre me alcaza, así que me espera un largo trabajo…


diana m. montoya herrera.

viernes, abril 13, 2007

Cotidiano: ese extraño objeto

Fábula teatral en cuatro actos – soliloquios
Uno

Mientras uno de mis compañeros de la oficina intenta aprender a jugar pókar por internet, yo califico algunos exámenes. Luego de esto, trataré de leer un poco más “El cine era mejor que la vida” (uno de los –muchos- libros que estoy leyendo discontinuamente por estos días).

Abajo, en el Parque, los vendedores cantan productos, los predicadores advierten sobre los falsos profetas, al mismo tiempo que la gente ingresa a los almacenes de cadena a comprar las mercancías de la felicidad.

Atiendo una llamada, e ingreso a la red; repaso lecturas en Escritos Cotidianos. Me siento a escribir, que es como decir, me siento a pensar. Así que vuelvo –un año después- a concluir que la cotidianidad no se cifra en los hechos de la cotidianidad, sino en ese extraño hilo que une la tremenda cantidad de acciones diarias. Ese hilo, fino y punzante, es justo el que tratamos de agarrar cuando escribimos aquí: la (invisible) cotidianidad maniobrada en palabras, en relato.


Dos

Cuando escucho historias, disfruto ver cómo los narradores (cualquier persona que cuente historias) se ubican en el lugar del héroe. No importa si se trata de una hazaña o de un fracaso, las historias suelen estar narradas con la lógica de lo épico. La de lo mucho, y de lo poco. La lógica de la muerte merecida, o de la vida arrancada.

Por eso, al final del día, cuando alguien en casa nos pregunta qué hiciste hoy a uno se le ocurre, por un momento, decir nada; o todo (que para el caso dan lo mismo). Es inocultable la dificultad producida por esta pregunta.


Tres

Algunas horas después, estoy con una amiga en la librería, y le cuento lo bien que me sentí al ver “El olor de la papaya verde”. Con algo de interés me pregunta de qué trata la película. Y de repente me encuentro con esa misma dificultad. Es una pregunta difícil porque, en últimas, el filme narra una historia de dos hechos… pero son dos giros suficientes para mostrarnos (lentamente) imágenes hermosas durante una hora y cuarenta minutos.

Traté de responder, y ante la mirada de ¿y-eso-era-todo? de mi amiga, prefiero hablarle de “El diablo viste a la moda”, una típica película para comer crispetas, en la cual son suficientes tres minutos para saber quién es la buena, la mala y cuál es el conflicto que la heroína deberá superar; una película en la cual, al mejor hollywood style, pasan muchas cosas en muy corto tiempo.

Después de un café, regreso a mi computador a seguir escribiendo este post. Ahora me pregunto si la cotidianidad, ese hilo delgadito con que se tejen los textos de aquí, es una película del tipo Hollywood o se parece más al olor de las papayas sin madurar.


Cuatro

No sé. En cualquier caso, FELIZ CUMPLEAÑOS, amigos lectores.

domingo, abril 08, 2007

Primeros intentos...

Silla 28 B. Fila central, pasillo a la izquierda. Silla del centro. Nostalgia... algo de dolor. Ansiedad y ganas de saberlo todo como un genio en un envase transparente. Tres horas. Las calles se hacen mas amplias, los carros mas lujosos y el idioma mas suave, como si se adelgazara en una serie de ululaciones. Agnos, meses, dias esperando por este momento. Aeropuerto lleno, tres horas de retraso antes de ser recogido. Angustia... sensacion de que este es el menor de los problemas de ahora en adelante. Finalmente, computador sin tilde y oraciones sin verbos, 'enes' sin sombrero...

Asi es la vida (that's the way life is)