miércoles, noviembre 29, 2006

Fotoblog 1: Cumpleaños en Santa Juana

Día: 25 de Noviembre
Hora: 9:30 p.m. - 2:00 a.m.
Lugar: Café-Bar Santa Juana, en la 33
Asistentes: ...ustedes!
















Aquí con un riff en "De oro": "...Cómo es trigueña tu piel..."











Dos guitarras: Tavera y Carlos dándole a "La camisa negra"











Y como estamos en diciembre, no podía faltar el

"Sírvame un trago señor cantinero,
tranquilo hermano que aquí no hay gotereros"

...La música: LO MEJOR

Fotos Cortesía Isabel Cristina Restrepo

lunes, noviembre 27, 2006

El último día

Cotidiano de Carlos Andrés en el que reclama la cotidianidad de los demás (Tal vez sin tener presente la propia)

Llueve demasiado en esta noche de viernes. La clase va igual de aburrida que siempre. No sé si mis amigos aún quieran ir a mi casa; en eso habíamos quedado, pero no contábamos con la lluvia. Y debe precisarse que los aguaceros suelen dislocar los planes.

Al salir de clase, me pareció que el mundo seguía demasiado normal a pesar de todo. Había cierto tono de reclamo en mis pensamientos: cómo podía estar todo tan normal, como si nada hubiera pasado.

En el bus, vi las mismas caras de siempre. El lluvioso tramo del bloque de clases hasta la parada del transporte es exagerado; hubiera tomado un taxi, pero –debo reconocer- quería que más gente me viera. Pero de nada sirvió; a nadie le importó verme; ni ver esa cara de felicidad que me acompañaba.

Ya en el centro comercial donde suelo caminar mis preguntas todo siguió como en el bus y a la salida de la universidad ¿Qué está pasando con todos?

Ni siquiera en mi casa dijeron algo distinto. Me preparé un café –sin licor- y miré por la ventana hacia fuera. Entonces grité:

¿Acaso no saben que acabo de llegar de mi última clase de posgrado?

domingo, noviembre 26, 2006

FANTASMA

Tenía ganas de escribir algo. No se, ganas de garrapatear estas "paticas de mosca" sobre el fondo frío de la pantalla. Nada... nada parecía llegar desde mi mente adormecida por la noche del domingo. Entonces recurrí al antiguo truco de hacer algo con un montoncito de aserrín literario...


"El fantasma de la casa soy yo mismo.

Lo encontré en la baldosa helada un amanecer...

Como un huérfano
permanecía en un rincón
y ocultaba su mirada.

Dijo: 'yo soy tu'

Y ambos corrimos despavoridos."


(Tomado de El Colmillo de la Paloma, Carlos Eduardo Vásquez, 2000)

viernes, noviembre 24, 2006

MERCADEO Y PUBLICIDAD

Escrito Cotidiano por GERMAN GIL.

Son las 4:00 p.m. y como es costumbre, la sala de espera esta a reventar, el día es normal, se siente el ardorcito en el estomago fruto de la falta de alimento que ya a esta hora aqueja a todo cristiano que tenga la sana costumbre de almorzar a las 12 meridiano, todo encaja en el rompecabezas de la rutina diaria, y de la nada, como suelen aparecer la gran mayoría de vendedores, mendigos, limosneros, rehabilitados de las drogas, desplazados etc., aparece el personaje en cuestión, eje central de este pequeño párrafo y cuya historia breve me atreveré a contar.

Son solamente un metro y setenta de personalidad y una miopía que Dios nos libre… Escoge lentamente su presa cual depredador del Serengetti, le clava sus pequeños pero altivos ojos y con el decoro y respeto que envidiaría el mismo Carreño, se dirige de la siguiente manera, y cito textualmente.

“Soy un hombre pobre y soltero, el reciclaje ya no deja ¿tendrá usted algo par ayudar al desvalido?”

Y lo más interesente de su técnica se reduce básicamente en que repite el mismo texto a todas las personas en fila, uno por uno, sin importar que lo hallan escuchado o no, es realmente para mi un ejemplo de personalidad y valentía, pero deja mucho que desear su estrategia de mercadeo y si alguna vez leyera este texto, le daría para iniciar un primer, y único gran consejo...

Señor limosnero, ser pobre y soltero es una combinación que en vez de producir lástima, da mucha risa, le daría mejor resultado si lo acompañara con un "Tengo 5 hijos estoy casado y mi esposa me hecha cantaleta todo el santo día¨.

Siga mi consejo, amigo, y pronto, pero muy pronto, podrá recoger para la cirugía.

domingo, noviembre 19, 2006

SANCOCHO EN LA CASA DE OMAR

Escrito Cotidiano por Carlos Eduardo Vásquez.

Cuando sustenté el trabajo de grado de una especialización en gerencia, pensé que estaba preparado para moverme con tranquilidad en un entorno económico cambiante como el colombiano. Eso fue hasta que recibí la lección de economía que relato a continuación.

El fin de semana, estuve compartiendo la colombianísima tradición del sancocho en leña. Mi cuñado vive entre Rionegro y El Carmen y allí nos reunimos para pasar la tarde. La finca tiene huerto, gallinas, perros, pericos, cebaderos, perros y frutas.

En la olla hervía el glorioso sancocho de gallina y la charla avanzaba por diferentes temas. Yo, como buen subproducto de ciudad, no pude evitar el mismo comentario de siempre: “hombre, definitivamente, vivir en el campo si es vivir en el paraíso”.

La tarde llegaba a su final cuando Omar contó la historia de unas granadillas que tuvo que esconder para evitar que crecieran sin que se las robaran las manos ociosas y abusivas que pululan en la región.

Y esta fue la historia que motivó la lección empresarial que nunca olvidaré durante el resto de mis días…

“Vea, Carlos, es que cuando uno tiene finca y cultivos, la producción de la finca tiene que dar para los pájaros, los ladrones, las ardillas, los niños y si queda, para uno mismo.”

Me quedé pensando en el asunto e inmediatamente reformulé lo escuchado en un aforismo corporativo:

Si uno quiere hacer empresa en este país, tiene que tener en cuenta los secuestros, las extorsiones, las “vacunas”, la delincuencia común, los impuestos, la envidia, los desastres naturales, la imprevisión del Estado, la presión de los “peces gordos”, la inflación, la incompetencia y la corrupción…

Y si queda algo para uno… seguro que es un milagro.

jueves, noviembre 16, 2006

BELÉN 172

Escrito Cotidiano por Diana Montoya.


Cuando nos mudamos lo primero que pensé fue: ¡montar en bus, que horror! mi por-venir se veía oscuro y triste… para ser honesta no veía un futuro agradable.

Del trasporte público imaginaba infinitas vueltas por la ciudad, filas inacabables, conductores malgeniados (condición indispensable para esta ruta), gente apiñada y malos olores. La vida me enseñó lo equivocada que podía vivir sin salir de mi bolita de cristal con espejado hacia adentro.

Llevo un año recorriendo las calles en esta ruta. Ya he logrado “arrancarle” un saludo y hasta una sonrisa a los conductores, he aprendido conceptos básicos de música, pintura, dibujo en plastilina, culinaria… También sé donde queda el das y el F-2.

Desde mis 35 minutos mágicos en esta ruta, les comparto una graciosa anécdota:

En la última silla del bus, se sientan dos jóvenes. Hablan un rato de cualquier cosa hasta que uno le cuenta al otro sobre el “espectacular” regalo que le abuela le dará por su grado: “Le va a arreglar los cojines de la sala”. Sala que el joven manifiesta nunca usar. La abuela los va restaurar como un regalo para su nieto. “¡Qué detallazo!” Pasan cinco minutos, los muchachos se bajan y tres cuadras mas arriba veo una señora casi de 80 años que cruza la calle con un cojín (si, de esos de sala) entre sus brazos.

Y fue en ese preciso momento cuando comprendí la diferencia entre escucha y observación.

martes, noviembre 14, 2006

El poder de la siesta

Escrito cotidiano por Isabel Cristina Restrepo


Creo que el acto de dormir está subestimado en estos tiempos. Muchas personas ni siquiera le dedican el tiempo que su cuerpo necesita para recuperarse de un día o una semana de trajines y carreras. Pero más allá de darle un respiro al cuerpo y recobrar las energías físicas, dormir ayuda a escaparse por unos minutos, o unas horas (dependiendo del dormilón) de la realidad que a veces cansa. Así, la mente también se recarga de energías cuando a uno se le olvida todo lo que tiene por hacer y se entrega a los placeres que Morfeo ofrece… especialmente cuando uno tiene sueños agradables y no pesadillas.

Una buena siesta nos permite dejar de lado por un momento las preocupaciones por la gran cantidad de cosas que tenemos que hacer en tan poco tiempo, o las tan pocas cosas que tenemos por hacer en una gran cantidad de tiempo… y por eso dormimos, unos con el fin relajarse un momento y tener energías para comenzar otra vez, y otros, para matar el tiempo porque no hay nada más que hacer y nos aburrimos de tanto pensar y planear. Es muy claro que me cuento entre las personas del segundo grupo en este momento, y es precisamente por eso que tengo tiempo de disertar ahora sobre la siesta… ¡Porque no tengo nada más que hacer! Pero en todo caso, mi consejo para el lector (si es que no se aburrió de leer en las primeras líneas, o no tuvo tiempo de terminar) es: ¡Tómese unos minutos o unas horas, y dése una siesta! Verá que no es tan malo (y al contrario puede encontrarle el encanto) abandonar la realidad y dejarse seducir por las maravillas del mundo onírico y fantasioso que guardamos en el inconsciente (¿o subconsciente? No sé, la psicología no es mi fuerte).

En todo caso, ¿qué puede perder? ¿Tiempo? Bueno, un gran filósofo dijo hace poco que la vida no es una carrera de velocidad sino de resistencia, y ¿qué mejor manera de resistir que recargar baterías con una siesta?


domingo, noviembre 12, 2006

El Piojo

Escrito Cotidiano por Xiomy.

Todo sucedió anoche. Estábamos viendo la tele cuando recibimos la visita de un inquilino. Nadie lo invitó. A todos nos incomodaba, especialmente a mi madrastra y a mí.

Cuando reconocimos su presencia quisimos desaparecerlo… y eso hicimos.

Después de ver ese ejemplar, pensé muchas cosas, como que hace años éramos uno solo, y que odiaba que mi mamá luchara diariamente con él por mi culpa. En aquel momento comprendí el comportamiento de mamá.

Nuestro visitante; gordo, grande, negro y torpe, pensó que pasaría desapercibido en mi casa, pero no contaba con el contraste que haría su cuerpo oscuro contra la camiseta blanca de mi hermanito y con la curiosidad de mi madrastra.

Ahí estaba… ¡era un piojo!

De inmediato nos pusimos en alerta naranja liderada por las dos mujeres de la casa. Mi papá y mi hermano podrían “tusarse” en caso extremo, pero nosotras… De inmediato, me fui a la farmacia por la “peinilla fusiladora”.

Después de un exhaustivo examen del niño, mi madrastra y yo nos examinamos una a la otra. Nos tranquilizamos porque este piojo parecía ser el primero y el último.

Pudo haber sido muy grave. ¡Tengo piojos! No soportaría que me llamaran “la piojosa”. Tendría que adoptar una actitud diferente con mis amigos para no contagiarles el “mal” y la picazón en la cabeza. Definitivamente no lo quería ni para mi familia, ni para mis amigos y mucho menos para mi.

Este consejo les doy, porque Xiomara soy (ja ja ja). Mentiras, ¡ojo! Miren en donde, cómo y con quién exponen su cabeza (es válido para droga, alcohol, ideas, personas y piojos) podría ser peligroso. Uno nunca sabe.

No siendo mas… a los de acá los quiero y a los de allá también.

jueves, noviembre 09, 2006

A propósito de "La carrera de la vida"

LA CARRERA

Relato breve por Andrés E. Flórez Brum.


El hombre empezó a correr por toda la calle y de pronto se detuvo para tratar de recordar hacia dónde corría; así que sin lograrlo siguió corriendo; durante toda su juventud no había dejado de correr; corría cuando salía del baño, corría cuando salía del colegio, corría cuando salía del cine, corría cuando entraba al café, pero cuando llegó la hora del matrimonio y se encargo del hogar parecía que iba a dejar de correr; no obstante siguió corriendo; corría como huyendo de algo; de algo que le pisaba los talones; era como su propia sombra; el hombre corría cuando caminaba por la avenida, corría cuando doblaba por la esquina, corría cuando iba a tomar el bus, y cuando lo tomaba se bajaba precipitadamente antes de llegar a su destino por que le parecía que corriendo llegaría primero; el hombre corría, corría, corría, llegaba del banco, llegaba al almacén, llegaba al supermercado, llegaba a la farmacia, llegaba al puesto de periódicos y volvía a correr para llegar a su casa; corría para realizar lo que no había realizado y corría cuando había realizado lo que deseaba realizar; corría con un propósito definido y corría sin un propósito por definir; corría cuando pensaba llegar primero que la mañana; corría cuando pensaba llegar primero que el mediodía; corría cuando pensaba llegar primero que la tarde. Corría cuando pensaba llegar primero que la noche y volvía a correr cuando quería alcanzar la noche, la tarde, el mediodía y la mañana; corría a la salida de la casa, en la calle, en la carrera, en el ascensor, en el trabajo, y al salir del ascensor, al tomar la carrera, la calle y al entrar a casa, corría para andar más aprisa, corría para llegar a tiempo a la oficina y corría para salir pronto de ella; corría para que el tiempo rindiera y corría para acabar con el tiempo; corría para que dieran las ocho y corría cuando pasaban las ocho; corría para acabar con la soledad y la angustia y corría para que no llegará la soledad y la angustia; la vida le había alcanzado poco para correr, de manera que cuando presintió la muerte, alcanzó rápidamente el ataúd que un día había traído, corriendo a su casa previendo que no le alcanzaría el tiempo para esto y se acomodó dentro del cajón y antes de bajar la tapa y de morirse le dijo a sus hijos que lo llevaran corriendo al cementerio; pero cuando salieron corriendo con el cadáver por toda la calle tuvieron que dejarlo a medio camino porque ya se había podrido.

martes, noviembre 07, 2006

La carrera de la vida

Texto ligero, con pausa existencialista al final por Carlos Andrés Arango

Cuando alguien le pregunta a mi mamá cómo está, ella suele responder algo así como: “No mija, a las carreras”. Siempre había escuchado esa respuesta con gran indiferencia, pero hoy me puso a recordar aquella vez que fuimos a acompañar a Alejandro, el estudiante más veloz de todo el colegio a su primera carrera intercolegiada. Él había ganado todas las pruebas de velocidad tanto en nuestro curso como en las olimpiadas generales del INEM. Competencia tras competencia, dejaba atrás a todo el mundo, en cuestión de segundos; era un velocista increíble. Para él, dar una vuelta a la cancha, era lo más fácil del mundo. Esta vez lo acompañamos en lo que era su primer competencia fuera de nuestro amado INEM. Así que mis amigos y yo le hicimos “barra”, (como se decía en la juventud de los noventa).

Cuando sonó el pito, en menos de lo que pudieran pensar sus competidores, Alejo les había picado tanto y tan bien, que dio la primer vuelta en la mitad del tiempo de los demás. Cuando llegaba a la línea de meta, ya con el gesto atlético-triunfal de los brazos en alto, uno de los organizadores le dijo con un gesto “¡siga, siga!”, y señaló el tablero de la competencia en el que decían que esa prueba era de ocho vueltas. Con siete vueltas por delante, y ya sin alientos, Alejo trató de mantener su ritmo; mientras, nosotros comprendíamos que no era una prueba de velocidad sino de resistencia. Pero como era de esperarse, al cabo de dos vueltas más, mi amigo no tenía energía para seguir corriendo.

Pausa de carácter existencial: tantas veces vivimos la vida como una carrera de velocidad, y ella se encarga de recordarnos que es una prueba de resistencia.

miércoles, noviembre 01, 2006

El fantasma del ex -novio

Ensayo mítico-urbano (sin terminar) por Carlos Andrés


Que los mitos, los espantos, las bestias y los miedos son necesarios, lo explica el hecho de que cuando ya no hay montes oscuros en los cuales la noche vea brotar de la tierra toda cantidad de fenómenos tipo Madremonte, Llorona, o Cura sin cabeza, nos ha dado por inventar los mitos urbanos. Y de todos ellos, uno de los que más frecuentemente realiza a apariciones es, sin duda, "el ex" (nombre científico: exnovio o exnovia).

Sus formas de emerger son bastante más sofisticadas que los fantasmas que asustaron a nuestros padres y abuelos; y son tan variadas que hace difícil a cualquiera ser capaz de predecir dónde y cuándo va a aparecer. Nadie sabe en qué momento, lugar o situación a la novia de uno la ataca dicho fantasma: una canción, una palabra, una mirada, sin saber cómo, le generan a la víctima toda una serie infinita de recuerdos en la piel. Eso sí: una vez aparece, es difícil recomponer la situación.

Piense por ejemplo cuando la desprevenida (¿o malintencionada?) suegra mencionó ese otro nombre maldito creyendo llamarlo a uno. La situación es un verdadero campo minado en épocas como diciembre, ese mes en que toda la familia se encuentra reunida. Allí, nunca falta el tío desmemoriado que pregunta por los papás de uno con los nombres de los papás del "ex" de su sobrina. La suegra, más incómoda que nunca, trata de explicarle al sujeto en cuestión que la hija ya ha cambiado de novio. A veces se logra recomponer el camino, y una excusa surge a funcionar como bálsamo en el asunto: se intenta esgrimir un "qué tal lo de la reforma que están proponiendo en el Congreso", o acaso un "Ese partido de hoy va a estar buenísimo" para disimular la situación. Cuando no se logra, a veces el susodicho tío trata de salirse del asunto con algo peor: "¿Otro novio? Esta niña cambia de víctimas con una facilidad..."

Otro terreno difícil lo constituyen los videos o álbumes familiares, porque ver a un "ex" es el certificado de que, aunque en el fondo pudiera desearlo, uno no es el primero, y tal vez no sea el último. En la prueba del álbum familiar, cualquiera de las opciones posibles es terrible: si son muchos los exnovios que aparecen en los registros fotográficos, se ponen en práctica esos principios olvidados de cálculo básico... entonces proyecta, y piensa: "uf, tantos novios en menos de tres vacaciones a la costa... varios diferentes por cada temporada ¿seré yo el de la temporada?" Pero la otra opción no es más optimista: que en todas las imágenes, desde la primera comunión, hasta los grados de la universidad, pasando por la fiesta de quinces y los grados del colegio, haya sólo un sujeto. En ésa, el fantasma es más grande, y la familia no deja de compararlo a uno constantemente con él, porque hay demasiada información del otro sujeto... el cual, además, ya es amigo de todos los primos de la novia de uno, quienes hablan todo el día de él, y van a pasear con facilidad a su finca.

Por lo general, uno puede terminar por convencerse de que la familia de la novia necesita más al exnovio que a uno, porque tenía más dinero, más relaciones, mejor carro, mejor apartamento, mejor trabajo... o más específicamente: ¡porque él sí tenía dinero, relaciones, carro, apartamento y trabajo!

Así, cuando uno tiene la rabia producida por ese montón de sensaciones juntas, se termina por consolarse pensando que de seguro uno será el fantasma para el novio siguiente; se fantasea con pensar que habrá un próximo a quien le preguntarán por los papás y por la carrera de uno... Y tal vez eso influya en que a veces se "marque el territorio": así como se ve en el canal Discovery que los machos Alfa de la manada orinan su campo... uno dedica canciones, regala lociones, prendas de vestir (o desvestir). Todo eso -en parte- para que en algún momento, así como a uno le dañaron la tarde, otro sufra igual, ¡para que vea cómo es de bueno!...

Mientras escribo esto en mi oficina, un compañero escucha rancheras (a pesar de ser miércoles en la mañana); entender las letras de esas canciones y pensar en el tema, me vuelve a ratificar esa famosa frase según la cual "el amor es eterno... mientras dura".