domingo, junio 07, 2009

Angustionalismo


Mi mirada de angustia no significaba nada. La pared de nuestros problemas se interpuso entre los dos hasta el día que tomé la decisión… Esa tarde me iría sin nada. La dejaría sola con el recuerdo del día en que morimos de placer dentro de una torre de azafrán.

La voz ronca de mi tristeza trató de despedirse, pero ya no quedaba nada… solo una sombra que se bifurcaba sobre los pozuelos de la calle del desamparo.

Maldita costumbre ésta de entregar el corazón…