viernes, mayo 12, 2006

Ante la puerta

Si supiera la cantidad de problemas que me esperaban del otro lado, ni siquiera habría intentado salir de mi casa esa mañana. Pero, escaso a mi intuición, y a pesar de que la puerta se resistía, llamé a "La Colmena" para que la abrieran (o derribaran, si fuera preciso). Ella –cuya fortaleza servía para contener ya el desespero de varios vecinos más- se negaba a dejarnos salir del edificio, que es tanto como decir que nos impedía entrar al mundo. Detrás suyo, los minutos me habían alcanzado: el reloj me aventaba al deber de una próxima clase. Todo porque cualquier gracioso vecino, borracho de alguna subrepticia noche, cerró mal, y nos impidió la temprana salida del día siguiente.

Unas palabras más tarde, el técnico llegó cumplidamente. Abrió con una facilidad tal que los $25.000, pagados al instante, se me antojaron excesivos. Una vez en el taxi (acostumbro el bus, pero la ocasión era inusual), percibí el mundo como una serie infinita de puertas, abiertas y cerradas.

Recordaba cómo desde pequeño nacía frecuentemente en mí la pregunta de si las puertas se inventaron para abrir o para cerrar. Encerrado en mi propia casa, no me quedaba duda sobre la contundencia de la respuesta: ellas existen más para lo segundo que para lo primero. Abrir - cerrar parecieran los verbos fundamentales de la vida.

La puerta, me decía, es -como todas las fronteras- un velo que depone misterio. Pienso en una mujer que recién termina su baño, ingresa a la habitación para vestirse, y cierra tras de sí la puerta. Quedamos excluidos de su desnudez. Otras veces, en cambio, el límite se abre para nosotros, somos invitados al misterio; accedemos al paraíso.

(No recuerdo dónde leí que podríamos reconstruir la historia completa de nuestra vida si recordáramos las puertas que hemos cruzado o renunciado).

De noche, después del día perturbado que la puerta quiso evitarme, me incrusté en mi habitación y colgué el letrero de "No molestar". Encerrado en mí, se me ocurrió preguntar: ¿A quién abandono cuando me salgo de mí?

*Carlos Andrés*

12 comentarios:

Carlos Eduardo dijo...

Oye, amigo, la imagen de la mujer que nos excluye via "la puerta cerrada" es una imagen bastante ilustrativa.

Pienso, también en las puertas de nosotros mismos. Unos ojos cerrados son un par de puertas que se cierran... incluso a la realidad. Es así como decimos que algo es tan terrible que "no lo quiero ni ver". O como algún rey francés, por eso derrotaron la monarquía, decía: "Quiténme estos pobres de mi vista, no quiero verlos".

Pero, lo bueno de una mujer enamorada es que nos permite dormir en sus párpados cerrados, como si fueramos caminantes interiores que buscan el reposo.

Carlos Andrés dijo...

Bueno, no quiero participar de la sociedad del mutuo elogio, pero de verdad que tus comentarios ejercen un doble efecto. Por un lado, de satisfacción porque generé pensamientos en vos; también de asombro por la contundencia de algunas imágenes que capto en esas palabras.

Eso de ser caminantes en los ojos cerrados de una mujer... Wow!

Estamos de acuerdo, si algo podría definir el amor sería decir que es como una puerta totalmente abierta de par en par para uno, y cabalmente cerrada para muchos otros seres.

YEDMY VERA dijo...

Cuando no se ha planeado tener un hijo y nos llega por sorpresa debemos afrontar la situaciòn como lo hizo esta pareja. Los felicito, porque un hijo es lo mejor que a uno como ser humano le puede dar la vida, es una bendiciòn de Dios.

Antonia dijo...

no se me había ocurrido que cruzar una puerta podía significar tanto.

miguel dijo...

realmente no entiendo mucho la pregunta final. Como que de quien se sale uno, pues de uno mismo, no?

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ANA MARGOTH PATIÑO dijo...

Muy buena reflexión!!!, la verdad es que la vida misma es eso, puertas que se cierran y que se abren, puertas que dependiendo de nuestra actitud, disciplina y tenacidad, se pueden quedar abiertas por mucho tiempo y abrirnos otras más. Somos como una especie de constructores de puertas; cada sueño, cada ilusión, cada proyecto que se emprende es como una luz, que nos va mostrando el camino.

Cuidado!!!, es importante conservar las llaves de esas puertas, es decir, el control de nuestras propias acciones.

DIANA TAMAYO dijo...

Es bueno encontrar siempre las puertas abiertas en nuestro camino, pero cuando algunas se nos cierran, vemos lo importante que es ser recursivo, paciente y no permitir que nuestros sueños se detengan ante un obstáculo.

ANDRES RAUL GARCIA dijo...

Estoy de acuerdo con el texto la puerta es mas para cerrar que para abrir.Cuando uno se oculta de algo cierra la puerta y es mas no desea abrirla mas hasta que no se solucione su problema.

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