sábado, diciembre 16, 2006

BESO, BUSETA Y MARTILLO

Por Carlos Eduardo Vásquez.
La mujer traía un niño en brazos.  De pronto, una moneda de doscientos pesos rodó accidentalmente a sus pies. Ella se agachó a recogerla y al incorporarse nos encontramos cara a cara a través de la ventanilla del microbus. Su rostro de pobreza se iluminó un momento y me lanzó un beso sin malicia. Yo le di las gracias con una sonrisa mientras el vehículo arrancaba de nuevo y su imagen desvalida se quedaba de pie junto a la acera.

La pasajera del asiento de adelante fue testigo de la escena, y se volteó para ver el objeto del homenaje. Me examinó con curiosidad y suspiró altanera como diciendo: “No es usted gran cosa.”

Comentario:Si yo tuviera las llaves del cielo, la primera mujer y su hijito entrarían allí sin mayor trámite. Mientras que la terrible pasajera del micro tendría que responder primero una pregunta clave, algo así como:  "conteste usted sin demora de qué manera la simpleza es una maravillosa explicación al ejercicio diario de vivir?


2 comentarios:

Xiomy dijo...

Son gestos y expresiones instantáneas, pero alcanzan a generar sensaciones… y lo del acertijo es el precio que paga por no estar en el juego de ese momento.

jsa dijo...

Aunque necesitemos un martillo para la dura vida, ésta tiene su lado sutil. Cordial saludo.