sábado, agosto 12, 2006

Última Noche en Guatapé

Escrito Cotidiano por Carlos Eduardo Vásquez.


Abro los ojos en medio de la noche. No recuerdo bien en qué lugar estoy. Todo está callado. El espacio se siente extraño y diferente. Me incorporo un poco en la cama y las tablas se quejan. La casa duerme mientras la oscuridad y el silencio se hermanan. La vejiga me dice que tengo que encontrar un baño pronto o el amanecer se hará eterno.

Mi memoria intenta recordar la disposición del cuarto. Esta habitación ya era ajena, incluso antes de apagar la luz. La cama se siente amplia y cómoda. No recuerdo el tamaño del cuarto ni la ubicación del lecho en relación a la puerta. El interruptor está por ahí, en algún lugar. La cabecera de la cama está junto a una pared. Mi mano, en una larga caricia, flota a milímetros de su superficie.

Recuerdo haber visto unas fotografías de la ocupante original del cuarto. Estaban sobre la mesita frente a la cama. Las recuerdo porque me ofrecieron una sonrisa tranquilizadora antes de acostarme. Al lado había un closet amplio con un televisor de los 60’s...

!Lo encontré! pulso el botón y se hace la luz. Los fantasmas de lo desconocido salen despavoridos hacia los rincones... Voy al baño y regreso.

Hace un par de horas me dejaron en este cuarto para pasar la noche. Había también una toalla limpia, un jabón pequeño junto a las fotos y un par de cobijas sobre la cama. Las cobijas eran enormes y deliciosas. Decidí arroparme con la que ostentaba la mirada azul de unos perros de Alaska. Dios bendiga la hospitalidad de esta familia.

Definitivamente, los espacios nos pertenecen solo a través del conocimiento que tenemos de ellos. Dormimos una noche en una casa ajena y la oscuridad transforma la disposición de las cosas en un laberinto. No existe norte ni sur. Las ventanas y puertas se desdibujan. Los sonidos se burlan de la imaginación.

Regreso al sueño con una idea rondándome la cabeza…

Por evocación traemos a la mente lo que nos pertenece. Pero, la bruma de lo ajeno se exorciza únicamente a través de la luz.


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4 comentarios:

Carlos Andrés dijo...

Dos ideas. Uno: los espacios habitan en nosotros, los significamos y los aprendemos; recorrelos es, en buena medida, recorrerse a uno mismo. Dos: en este Cotidiano me recordaste la sensación de despertar en un lugar aún no conocido, porque, en efecto, evocamos en la mente lo que nos pertenece.

Carlos Eduardo dijo...

Ese es el punto, se duerme uno en una alcoba que ha visto por primera vez hace un par de horas y cree uno conocerla. Pero, al despertar en medio de la noche, la bruma de la oscuridad nos hace vivir una ilusión espacial bastante inquietante.

Anónimo dijo...

Hablando de oscuridad me produce miedo; de hecho pueden ser las dos de la mañana y en mi pieza se puede alcanzar ver la silueta de donde están ubicadas las cosas. xiomy

luisita dijo...

siempre lo desconocido es exitante y es un paradigma para nosotros por eso se hace interesante conocer a alguien pero lo conocido lo dominamos y manejamos completamente tenemos cierto dominio sobre dicha cosa y sabemos como y cuando hacer las cosas con dichos objetos pero lo que hay por conocer siempre sera algo mas grande que nuestra curiosidad y nos mantendra a la expectativa casi siempre causa cierto temor.