martes, agosto 29, 2006

A mi me ha pasado

mi primer correo electrónico era tan extenso, que era exageradamente difícil dárselo a alguien. Lo brindaba -gratis- un operador que ya ni existe. Luego llegaría hotmail con su msn, y aún después yahoo y gmail con sus buzones extra grandes. Desde aquel momento, empezaron las fotos a anexarse como archivos adjuntos, y los correos de cadena se hicieron famosos. Luego, la pornografía, que ya era antigua en los usos y usuarios de internet, no se conformó con estar en las páginas donde nuestros adolescentes ojos de madrugada en la sala oscura de la casa las visitábamos para satisfacer es apulsión estroboscópica de la que habla Lacan, sino que los amigos empezaron a enviar correos electrónicos donde anexaban fotos de mujeres. Y luego, en la oficina, uno abría esos correos que, por ser tan pesados y estar en un computador tan lento se demoran mil años en abrir; uno entra y el asunto anuncia un "informe", que, enviado por un compañero de oficina o por un amigo, suena como algo serio, y uno lo abre, y se entera de que son fotos y que es pesado de abrir, y cuando sabe que no es prudente ver ese contenido desnudo en la oficina, intenta cerrarlo, pero cerrarlo es más lento que abrirlo, así que después de que uno intenta apagar, y no puede, trata de tapar la pantalla y no puede, sucede que entra el decano y, mirando la pantalla pregunta: Hola Carlos, còmo estàs, mucho trabajo?

Sucedió hoy. Sucedió, exactamente, ahce media hora, y no pude resistir la tentación de desahogarme. Para disimular le dije a mi jefe que era el trabajo de investigación de un estudiante. Curioso, me dijo. Obviamente no creyó. En fin. Prefiero entonces los títulos como "mona buenísima", "brasilera encantadora", "operación de cambio de sexo", o cualquier cosa obsena al menos para que uno pueda decidir si lo abre o no.

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