domingo, agosto 20, 2006

La Novia de Juan Arcila

Escrito Cotidiano por Carlos Eduardo Vásquez.


La amistad es una de las cosas más raras que hay. La mía con Juan Arcila, se inició a las 6 de la mañana del 26 de abril, Día de la Secretaria.

Cumplíamos con la tarea de despegar los “stickers” de la barriga del avión de American Airlines y empezamos a charlar sobre cualquier tema. La conversación recayó sobre el “Día de la Secretaria”.

No tengo nada contra las secretarias, faltaba más. Sin embargo, le mencioné que hace algunos años un profesor de la universidad contaba que el día de la Secretaria los moteles de Medellín no daban abasto y que las colas para entrar eran tan interminables que los empleados hasta le ofrecían whiskey a las parejas que esperaban afuera. En algunos moteles, incluso dejaban una rosa sobre la mesa de noche con una felicitación para las secretarias. Lo que constituía, a mis ojos, una falta de respeto y un detalle bastante ofensivo y discriminatorio.

En fin, en tono doctoral me extendí por 15 o 20 minutos sobre el asunto hasta que finalmente el tema se agotó. Juan Arcila me miraba entre receloso e interesado. El siguiente tema de conversación recayó sobre las novias. Yo le conté que estaba casado y tenía dos hijos maravillosos y él me contó que tenía una novia a la que quería mucho.

Cómo es natural, empecé a indagarle sobre su novia. ¿Dónde vivía? ¿Cómo se habían conocido? ¿Cuántos años tenía? ¿Qué tiempo llevaban de novios? Y finalmente, le pregunte qué hacía la muchacha…

- ¡Es secretaria, hermano! - Fue su escalofriante respuesta.

Me quedé de una pieza…

- Hombre, con respecto a lo que te dije...

Traté de arreglar la situación, pero no había nada que hacer… la cara roja, la mirada en el vacío y una voz que me gritaba: “ábrete tierra y trágame” señalaban que había metido la pata hasta la rodilla.

La siguiente vez que hablamos, Juan Arcila me contó que había terminado con su novia pero al mencionar la conversación de días atrás, pude notar ese dejo de complicidad que solo se da entre los buenos amigos.

Entonces, me di cuenta de que un par de temas habían quedado desde ese momento en el pasado: mi terrible imprudencia y la antigua novia de Juan Arcila.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

"Trágame tierra" Creo que a la mayoría de las personas le ha ocurrido eso; en lo personal me parece hasta paradójico, porque lo que en cierto momento me hizo sentir avergonzada, incomoda y hasta mal con el pasar del tiempo se convierte en un recuerdo que tiene la habilidad de producir en mí una alegre sonrisa. Xiomy

Carlos Andrés dijo...

Y sonreír vale la pena siempre, Xiomy.

Pero es cierto: en el momento mismo uno se quiere morir. En alguna ocasión, después de una fiesta, pregunté por el viejito alto de cabello blanco, pues su alegría en la noche anterior me había causado curiosidad. Pregunté si era el abuelo de Carolina... y ella misma, desde la otra habitación, contestó que era el papá.

Caro y yo somos grandes amigos hoy. A pesar de eso.

Anónimo dijo...

Pues a quien no le ha pasado algo como esto?, son momentos muy chistosos que se convierten en recuerdos para contar una y otra vez, no importa cuanto se burlen de nosotros, lo importante es consolarnos con que no somos los unicos.