viernes, noviembre 23, 2007

Des-concierto Barroco

A raíz de alguna conversación con Gustavo, decidí conseguir dos libros: El llano en llamas de Juan Rulfo, y el Concierto Barroco de Alejo Carpentier. Se me aparecieron dos opciones: bajarlos de internet, o comprarlos en alguna librería. Como mi impresora está mala, ya se descartaba la primera; así que fui a la librería.

A quienes amamos algún objeto, los lugares donde los venden se nos vuelven casi como templos. Así pasa con los discos, la ropa, los libros, o los instrumentos musicales. Y uno espera, tal vez en una tónica de fanatismo, que quien allí atienda se comporte como un sacerdote, es decir, que no sólo compre y venda, sino que oficie ceremonias, como lo son mediar el encuentro entre uno y un disco, una prenda, una novela o algún instrumento para hacer música.

Estas pretensiones a menudo se van al suelo cuando el vendedor de la librería (que no el Librero, porque un Librero nunca lo haría) sale a preguntar qué libro desea uno. Cuando precisamente uno está allí para saber qué libro lo quiere a uno. Tantas veces uno simplemente va, y le da por dejarse tentar... por permitir que algún libro lo llame y se abra de para en par durante un fin de semana.

Esta vez fue peor: tenía claro qué comprar, pero al preguntarle a la consabida vendedora (que tanto podría vender libros o calzado para dama y caballero) si tenía el Concierto Barroco de Alejandro Carpentier, me respondió que allí no vendían discos. Triste, fui a otro lugar, y luego de escuchar mi solicitud, el vendedor (éste, de seguro, ya ha vendido antes cursos de inglés puerta a puerta o ha sido representante de algún fabricante de sistemas de alarma) se sentó frente al computador a teclear "concierto...", y preguntarme con cuál "be" era barroco.

Concluyamos como decimos aquí luego de ver Pelota de letras (no antes, claro): ¡Dehe azí!

2 comentarios:

Comunicarlos dijo...

Tienes razón, es un episodio de tu vida bastante "pelotaletresco".

Pero no te afanes que los hay peores, ahora recuerdo el caso de un senador norteamericano que amenazó con invadir a Bolivia por mar.

Mejor dicho... "échele café".

Anónimo dijo...

o a cecilia boloco cuando estuvo en medellín...pidio en el hotel una habitacion con vista al mar... carlos e. tenes razon hay peores, mucho peores.